Evangelios

Un ciego sanado en Betsaida

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Marcos > Un ciego sanado en Betsaida (41:8:22 - 41:8:26)

Jesús fue a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaban que lo tocase.

Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea. Después de mojarle los ojos con saliva e imponerle las manos, le preguntó: —¿Ves algo?

Al mirar, él decía: —Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan.

Luego puso otra vez las manos sobre sus ojos, y miró intensamente. Y fue restaurada su vista, y veía todo de lejos y claramente.

Entonces Jesús le envió a su casa, diciéndole: —No entres en la aldea.

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La confesión de Pedro

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Marcos > La confesión de Pedro (41:8:27 - 41:8:30)

Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó a sus discípulos diciendo: —¿Quién dice la gente que soy yo?

Ellos respondieron: —Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; otros, uno de los profetas.

Entonces él les preguntó: —Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro le dijo: —¡Tú eres el Cristo!

El les mandó enérgicamente que no hablasen a nadie acerca de él.

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Jesús anuncia su muerte

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Marcos > Jesús anuncia su muerte (41:8:31 - 41:9:1)

Luego comenzó a enseñarles que era necesario que el Hijo del Hombre padeciese mucho, que fuese desechado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y que fuese muerto y resucitado después de tres días.

Les decía esto claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reprenderle.

Pero él se dio vuelta, y mirando a sus discípulos reprendió a Pedro diciéndole: —¡Quítate de delante de mí, Satanás! Porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Y llamó a sí a la gente, juntamente con sus discípulos, y les dijo: —Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma?

Porque, ¿qué dará el hombre en rescate por su alma?

Pues el que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

También les dijo: —De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí presentes que no gustarán la muerte hasta que hayan visto que el reino de Dios ha venido con poder.

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La transfiguración

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Marcos > La transfiguración (41:9:2 - 41:9:13)

Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y les hizo subir aparte, a solas, a un monte alto, y fue transfigurado delante de ellos.

Sus vestiduras se hicieron resplandecientes, muy blancas, tanto que ningún lavandero en la tierra las puede dejar tan blancas.

Y les apareció Elías con Moisés, y estaban hablando con Jesús.

Entonces intervino Pedro y dijo a Jesús: —Rabí, es bueno que nosotros estemos aquí. Levantemos, pues, tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Pues él no sabía qué decir, porque tuvieron miedo.

Vino una nube haciéndoles sombra, y desde la nube una voz decía: “Este es mi hijo amado; a él oíd.”

Y de inmediato, mirando alrededor, ya no vieron a nadie más con ellos, sino sólo a Jesús.

Mientras descendían ellos del monte, Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos.

Y ellos guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué significaría aquello de resucitar de entre los muertos.

Le preguntaron diciendo: —¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

El les dijo: —A la verdad, Elías viene primero y restaura todas las cosas. Y, ¿cómo está escrito acerca del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea menospreciado?

Sin embargo, os digo que Elías ya ha venido; e hicieron con él todo lo que quisieron, tal como está escrito de él.

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Jesús sana a un muchacho endemoniado

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Marcos > Jesús sana a un muchacho endemoniado (41:9:14 - 41:9:29)

Cuando llegaron a los discípulos, vieron una gran multitud alrededor de ellos, y a unos escribas que disputaban con ellos.

En seguida, cuando toda la gente le vio, se sorprendió, y corriendo hacia él le saludaron.

Y les preguntó: —¿Qué disputáis con ellos?

Le respondió uno de la multitud: —Maestro, traje a ti mi hijo porque tiene un espíritu mudo,

y dondequiera que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos y cruje los dientes, y se va desgastando. Dije a tus discípulos que lo echasen fuera, pero no pudieron.

Y respondiendo les dijo: —¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os soportaré? ¡Traédmelo!

Se lo trajeron; y cuando el espíritu le vio, de inmediato sacudió al muchacho, quien cayó en tierra y se revolcaba, echando espumarajos.

Jesús preguntó a su padre: —¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? El dijo: —Desde niño.

Muchas veces le echa en el fuego o en el agua para matarlo; pero si puedes hacer algo, ¡ten misericordia de nosotros y ayúdanos!

Jesús le dijo: —¿”Si puedes”? ¡Al que cree todo le es posible!

Inmediatamente el padre del muchacho clamó diciendo: —¡Creo! ¡Ayuda mi incredulidad!

Pero cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo diciéndole: —Espíritu mudo y sordo, yo te mando, ¡sal de él y nunca más entres en él!

Entonces, clamando y desgarrándole con violencia, el espíritu salió; y el muchacho quedó como muerto, de modo que muchos decían: —¡Está muerto!

Pero Jesús le tomó de la mano y le enderezó, y él se levantó.

Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron en privado: —¿Por qué no pudimos echarlo fuera nosotros?

El les dijo: —Este género con nada puede salir, sino con oración.

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