Primer Libro de Reyes

Abisag sirve a David

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > Abisag sirve a David (11:1:1 - 11:1:4)

Cuando el rey David era anciano, de edad avanzada, lo cubrían con ropas, pero no se calentaba.

Por tanto, sus servidores le dijeron: “Que busquen para mi señor el rey una joven virgen, a fin de que esté en la presencia del rey, le atienda y duerma en su seno, para que dé calor a mi señor el rey.”

Entonces buscaron a una joven bella por todo el territorio de Israel. Hallaron a Abisag la sunamita y la llevaron al rey.

La joven era sumamente bella. Ella atendía al rey y le servía, pero el rey no la conoció.




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Adonías usurpa el trono

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > Adonías usurpa el trono (11:1:5 - 11:1:27)

Entonces Adonías, hijo de Haguit, se enalteció diciendo: “¡Yo seré rey!” Y se consiguió un carro, jinetes y cincuenta hombres que corriesen delante de él.

En toda su vida, su padre no le había contrariado diciéndole: “¿Por qué has actuado así?” El era también de muy buena presencia y había nacido después de Absalón.

Adonías tenía tratos con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar. Ellos respaldaban a Adonías;

pero el sacerdote Sadoc, Benaías hijo de Joyada, el profeta Natán, Simei, Rei y los valientes que tenía David no seguían a Adonías.

Adonías mató ovejas, vacas y ganado engordado junto a la peña de Zojélet, que está cerca de En-rogel; e invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Judá, servidores del rey.

Pero no invitó al profeta Natán, ni a Benaías, ni a los valientes, ni a su hermano Salomón.

Entonces Natán habló a Betsabé, madre de Salomón, diciendo: —¿No has oído que reina Adonías, hijo de Haguit, sin que lo sepa nuestro señor David?

Ahora pues, ven, déjame darte un consejo para que salves tu vida y la vida de tu hijo Salomón:

Vé, entra a la presencia del rey David y dile: “Mi señor el rey, ¿no has jurado tú a tu sierva diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías?”

Mientras tú aún estés allí hablando con el rey, he aquí que yo entraré detrás de ti y confirmaré tus palabras.

Entonces Betsabé entró en el dormitorio del rey. El rey era muy anciano, y Abisag la sunamita le servía.

Betsabé se inclinó y se postró ante el rey, y éste preguntó: —¿Qué quieres?

Ella le respondió: —Señor mío, tú has jurado a tu sierva por Jehovah tu Dios: “Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono.”

Pero ahora, he aquí que reina Adonías; y tú, mi señor el rey, no lo sabes.

El ha matado numerosos bueyes, ganado engordado y ovejas; ha invitado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, jefe del ejército; pero no ha invitado a tu siervo Salomón.

Ahora bien, oh mi señor el rey, los ojos de todo Israel están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey, después de él.

De otra manera, acontecerá que cuando mi señor el rey repose con sus padres, mi hijo Salomón y yo seremos tenidos por culpables.

Y he aquí, mientras ella todavía hablaba con el rey, llegó el profeta Natán.

E informaron al rey diciendo: —El profeta Natán está aquí. Cuando él entró a la presencia del rey, se postró a tierra sobre su rostro ante el rey.

Entonces dijo Natán: —Mi señor el rey, ¿has dicho tú: “Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono”?

Porque hoy ha descendido y ha matado numerosos bueyes, ganado engordado y ovejas. Ha invitado a todos los hijos del rey, a los jefes del ejército y al sacerdote Abiatar. He aquí, ellos están comiendo y bebiendo ante él, y han dicho: “¡Viva el rey Adonías!”

Pero no me ha invitado a mí, tu siervo; ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaías hijo de Joyada, ni a tu siervo Salomón.

¿Ha sido ordenado este asunto por mi señor el rey, sin haber informado a tu siervo quién se habría de sentar en el trono de mi señor el rey, después de él?




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David proclama rey a Salomón

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > David proclama rey a Salomón (11:1:28 - 11:1:53)

Entonces el rey David respondió diciendo: —Llamadme a Betsabé. Ella entró a la presencia del rey y se puso de pie delante de él.

Y el rey juró diciendo: —¡Vive Jehovah que rescató mi alma de toda adversidad,

que como yo te he jurado por Jehovah Dios de Israel, diciendo: “Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en mi lugar,” ciertamente así lo haré en el día de hoy!

Entonces Betsabé se inclinó con el rostro a tierra y se postró ante el rey, diciendo: —¡Viva para siempre mi señor, el rey David!

Y el rey David dijo: —Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaías hijo de Joyada. Ellos entraron a la presencia del rey,

y el rey les dijo: —Tomad con vosotros a los servidores de vuestro señor, haced montar a mi hijo Salomón sobre mi mula y hacedle descender a Guijón.

El sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán allí rey de Israel. Luego tocaréis la corneta y diréis “¡Viva el rey Salomón!”

Después subiréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará en mi lugar; porque a él le he designado para que sea el soberano de Israel y de Judá.

Benaías hijo de Joyada respondió al rey diciendo: —¡Amén! Así lo diga Jehovah, Dios de mi señor el rey.

De la manera que Jehovah ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón y engrandezca su trono más que el trono de mi señor, el rey David.

El sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaías hijo de Joyada, los quereteos y los peleteos descendieron e hicieron montar a Salomón sobre la mula del rey David y lo condujeron a Guijón.

Entonces el sacerdote Sadoc tomó del tabernáculo el cuerno de aceite y ungió a Salomón. Luego tocaron la corneta, y todo el pueblo gritó: —¡Viva el rey Salomón!

Después todo el pueblo subió tras él. La gente tocaba flautas y se regocijaba con tal regocijo que la tierra se partía con el estruendo de ellos.

Cuando habían acabado de comer, Adonías lo oyó, junto con todos los invitados que estaban con él. Y al oír Joab el sonido de la corneta, dijo: —¿Por qué se alborota la ciudad con bullicio?

Mientras él aún hablaba, he aquí que llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar; y Adonías le dijo: —Entra, porque tú eres hombre valeroso y traerás buenas noticias.

Jonatán respondió y dijo a Adonías: —Al contrario; porque nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón.

El rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, a Benaías hijo de Joyada y también a los quereteos y a los peleteos, los cuales le han hecho montar sobre la mula del rey.

El sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido rey en Guijón. De allá han subido con gran regocijo, y la ciudad está llena de bullicio. Este es el alboroto que habéis oído.

Además, Salomón se ha sentado en el trono real.

También los servidores del rey han ido a congratular a nuestro señor el rey David, diciendo: “¡Tu Dios haga el nombre de Salomón más ilustre que tu nombre y engrandezca su trono más que el tuyo!” El mismo rey ha hecho reverencia desde su cama,

y el rey también ha hablado así: “¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, y que mis ojos lo vean!”

Entonces todos los invitados que estaban con Adonías se estremecieron, se levantaron y se fueron, cada uno por su camino.

Pero Adonías, temiendo a Salomón, se levantó y fue a asirse de los cuernos del altar.

E informaron a Salomón diciendo: —He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, y se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: “¡Que me jure ahora el rey Salomón que no matará a espada a su siervo!”

Entonces Salomón dijo: —Si demuestra ser un hombre digno, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; pero si se halla maldad en él, morirá.

El rey Salomón mandó que le hicieran bajar del altar. El vino y se postró ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: —Vete a tu casa.




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Mandato de David a Salomón

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > Mandato de David a Salomón (11:2:1 - 11:2:9)

Cuando se acercaban los días de la muerte de David, mandó a su hijo Salomón diciendo:

“Yo me voy por el camino de todo el mundo. Tú, esfuérzate y sé hombre.

Guarda lo que Jehovah tu Dios te ha encomendado, para andar en sus caminos y guardar sus estatutos, sus mandamientos, sus decretos y sus testimonios, como está escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y en todo lo que emprendas;

a fin de que Jehovah cumpla su promesa que hizo acerca de mí, diciendo: Si tus hijos guardan sus caminos andando delante de mí con fidelidad, con todo su corazón y con toda su alma, jamás te faltará un hombre sobre el trono de Israel.

“También tú sabes lo que me hizo Joab, hijo de Sarvia: lo que hizo a dos jefes del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, a quienes mató derramando sangre de guerra en tiempo de paz y poniendo sangre de guerra en el cinturón que llevaba sobre sus lomos y en el calzado que tenía en sus pies.

Tú harás conforme a tu sabiduría; no dejarás que sus canas desciendan en paz al Seol.

“Pero mostrarás benevolencia a los hijos de Barzilai el galadita. Que ellos estén entre los que comen a tu mesa, porque se pusieron a mi lado cuando yo iba huyendo de tu hermano Absalón.

“He aquí, tienes contigo a Simei hijo de Gera, el benjaminita de Bajurim, quien me maldijo con una cruel maldición el día que yo iba a Majanaim. Pero cuando él mismo descendió a recibirme al Jordán, le juré por Jehovah diciendo: No te mataré a espada.

Pero ahora no lo absolverás. Puesto que tú eres un hombre sabio, sabrás lo que debes hacer con él; harás descender sus canas con sangre al Seol.”




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Muerte de David

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > Muerte de David (11:2:10 - 11:2:12)

Entonces David reposó con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David.

El tiempo que David reinó sobre Israel fue de 40 años. En Hebrón reinó 7 años, y en Jerusalén reinó 33 años.

Salomón se sentó en el trono de su padre David, y su reino fue firmemente establecido.




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Salomón afirma su reino

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > Salomón afirma su reino (11:2:13 - 11:2:46)

Entonces Adonías, hijo de Haguit, fue a Betsabé, madre de Salomón, y ella le preguntó: —¿Es pacífica tu visita? El respondió: —Es pacífica.

—Y añadió—: Tengo que decirte algo. Ella dijo: —Habla.

El dijo: —Tú sabes que el reino era mío y que todo Israel había puesto la mirada en mí, para que yo reinara. Pero el reino cambió de manos y pasó a ser de mi hermano, porque por determinación de Jehovah era suyo.

Ahora, yo te hago una petición; no me la niegues. Ella le dijo: —Habla.

Entonces él dijo: —Por favor, habla al rey Salomón, porque él no te lo negará, para que me dé por mujer a Abisag la sunamita.

Y Betsabé dijo: —Bien, yo hablaré al rey por ti.

Betsabé fue al rey Salomón para hablarle a favor de Adonías. El rey se levantó para recibirla y le hizo reverencia. Volvió a sentarse en su trono e hizo poner una silla para la madre del rey, quien se sentó a su derecha.

Entonces ella dijo: —Te haré una pequeña petición; no me la niegues. El rey le dijo: —Pide, madre mía, que no te la negaré.

Ella dijo: —Que Abisag la sunamita sea dada por mujer a tu hermano Adonías.

El rey Salomón respondió y dijo a su madre: —¿Por qué pides a Abisag la sunamita para Adonías? ¡Pide también el reino para él, porque es mi hermano mayor, y además tiene de su parte al sacerdote Abiatar y a Joab, hijo de Sarvia!

Entonces el rey Salomón juró por Jehovah diciendo: —¡Así me haga Dios y aun me añada, que Adonías ha hablado estas palabras contra su propia vida!

Ahora pues, vive Jehovah que me ha confirmado, me ha hecho sentar en el trono de mi padre David y me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy mismo.

Entonces el rey Salomón envió a Benaías hijo de Joyada, quien arremetió contra Adonías, y éste murió.

Después dijo el rey al sacerdote Abiatar: —Vete a tus campos en Anatot, pues tú eres digno de muerte. Pero no te mataré hoy, porque has llevado el arca del Señor Jehovah delante de mi padre David, y porque has participado de todo aquello que mi padre sufrió.

Así excluyó Salomón a Abiatar de ser sacerdote de Jehovah, cumpliéndose la palabra que Jehovah había hablado en Silo acerca de la casa de Elí.

La noticia llegó hasta Joab, porque Joab también se había adherido a Adonías, aunque no se había adherido a Absalón. Joab huyó al tabernáculo de Jehovah y se asió de los cuernos del altar.

Informaron al rey Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehovah y que estaba junto al altar. Entonces Salomón envió a Benaías hijo de Joyada, diciendo: —¡Vé y arremete contra él!

Benaías entró en el tabernáculo de Jehovah y le dijo: —El rey dice que salgas. El dijo: —No, sino que aquí moriré. Benaías llevó la respuesta al rey diciendo: —Así ha dicho Joab, y así me ha respondido

Entonces el rey le dijo: —Haz como él ha dicho. Arremete contra él, y sepúltalo. Así quitarás de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.

Jehovah hará recaer su sangre sobre su cabeza, porque sin que lo supiera mi padre David, arremetió y mató a espada a dos hombres más justos y mejores que él: a Abner hijo de Ner, jefe del ejército de Israel; y a Amasa hijo de Jeter, jefe del ejército de Judá.

La sangre de ellos recaiga sobre la cabeza de Joab y sobre la cabeza de sus descendientes, para siempre. Pero haya paz de parte de Jehovah para David y sus descendientes, y para su casa y su trono, por siempre.

Entonces Benaías hijo de Joyada fue, arremetió contra él y lo mató. Y fue sepultado en su casa en el desierto.

El rey puso en su lugar, al mando del ejército, a Benaías hijo de Joyada; también el rey puso al sacerdote Sadoc en lugar de Abiatar.

Después el rey envió a llamar a Simei y le dijo: —Edifícate una casa en Jerusalén y habita allí. No salgas de allí a ninguna parte,

porque debes saber bien que el día que salgas y cruces el arroyo de Quedrón, morirás irremisiblemente; y tu sangre recaerá sobre tu cabeza.

Simei dijo al rey: —Está bien lo que dices. Tu siervo hará así como ha dicho mi señor el rey. Simei habitó en Jerusalén mucho tiempo.

Pero aconteció, pasados tres años, que se le escaparon a Simei dos esclavos y se fueron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. E informaron a Simei, diciendo: “He aquí que tus esclavos están en Gat.”

Entonces Simei se levantó, aparejó su asno y fue a Gat, ante Aquis, para buscar a sus esclavos. Fue, pues, Simei e hizo volver de Gat a sus esclavos.

Se le informó a Salomón que Simei había ido de Jerusalén a Gat y que había regresado.

El rey envió a llamar a Simei y le dijo: —¿No te hice jurar por Jehovah y te advertí diciendo: “El día que salgas y vayas a alguna parte, ten por cierto que morirás irremisiblemente”? Y tú me dijiste: “Está bien lo que dices; yo obedeceré.”

¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehovah y el mandato que te impuse?

—El rey dijo además a Simei—: Tú conoces, tú conoces bien toda la maldad que cometiste contra mi padre David. Jehovah, pues, ha vuelto tu maldad sobre tu cabeza.

El rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme delante de Jehovah para siempre.

Entonces el rey mandó a Benaías hijo de Joyada, quien salió y arremetió contra Simei, y éste murió. Así fue consolidado el reino en mano de Salomón.




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Salomón se casa con la hija de Faraón

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > Salomón se casa con la hija de Faraón (11:3:1 - 11:3:2)

Salomón emparentó con el faraón, rey de Egipto, porque tomó a la hija del faraón y la trajo a la Ciudad de David, mientras acababa de edificar su casa, la casa de Jehovah y los muros alrededor de Jerusalén.

Hasta entonces el pueblo ofrecía sacrificios en los lugares altos, porque en aquellos tiempos no había sido edificada una casa al nombre de Jehovah.




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Salomón pide sabiduría

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > Salomón pide sabiduría (11:3:3 - 11:3:15)

Salomón amaba a Jehovah y caminaba en los estatutos de su padre David; sólo que sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.

Entonces el rey fue a Gabaón, que era el lugar alto principal, para ofrecer sacrificios allí. Salomón ofreció mil holocaustos sobre aquel altar.

En Gabaón Jehovah se apareció a Salomón en el sueño de la noche. Y le dijo Dios: —Pide lo que quieras que yo te dé.

Y Salomón respondió: —Tú has mostrado gran misericordia a tu siervo David, mi padre, porque él anduvo delante de ti con fidelidad, con justicia y con rectitud de corazón para contigo. Tú le has conservado esta gran misericordia y le has dado un hijo que se siente en su trono, como en este día.

Y ahora, oh Jehovah, Dios mío, tú has constituido a tu siervo rey en lugar de mi padre David, a pesar de que yo soy muy joven y no sé cómo salir ni entrar.

Tu siervo está en medio de tu pueblo al cual escogiste; un pueblo tan numeroso que por su multitud no se puede contar ni se puede numerar.

Da, pues, a tu siervo un corazón que sepa escuchar, para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo. Porque, ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?

Pareció bien al Señor que Salomón pidiese esto.

Y Dios le dijo: —Porque has pedido esto, y no has pedido para ti muchos años, ni has pedido para ti riquezas, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que has pedido para ti discernimiento para administrar justicia,

he aquí que yo haré conforme a tus palabras. He aquí que yo te daré un corazón sabio y entendido, tal que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.

Y también te daré las cosas que no has pedido: riquezas y gloria tales que no haya nadie como tú entre los reyes en todos tus días.

Y si andas en mis caminos, guardando mis leyes y mis mandamientos, como anduvo tu padre David, yo prolongaré tus días.

Cuando Salomón despertó, he aquí que había sido un sueño. Entonces volvió a Jerusalén, se puso de pie delante del arca del pacto del Señor, ofreció holocaustos e hizo sacrificios de paz. También dio un banquete a todos sus servidores.




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Sabiduría y prosperidad de Salomón

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > Sabiduría y prosperidad de Salomón (11:3:16 - 11:4:34)

Por aquel entonces dos prostitutas vinieron al rey y se pusieron de pie delante de él.

Una de ellas dijo: —¡Ay, señor mío! Esta mujer y yo habitábamos en la misma casa. Yo di a luz mientras estaba en la casa con ella.

Y sucedió que tres días después de mi parto, esta mujer también dio a luz. Las dos estábamos juntas, y nadie de fuera estaba con nosotras en casa; sólo nosotras dos estábamos en casa.

Cierta noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se recostó encima de él.

Entonces se levantó a medianoche, y estando yo, tu sierva, dormida, ella tomó a mi hijo de mi lado, y lo puso en su seno; y puso a su hijo muerto en mi seno.

Cuando me levanté por la mañana para dar de mamar a mi hijo, he aquí que estaba muerto. Pero lo observé bien por la mañana y he aquí que no era mi hijo, el que yo había dado a luz.

Entonces dijo la otra mujer: —¡No! Sino que mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: —¡No! Sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.

Entonces el rey dijo: —Esta dice: “Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto”; y la otra dice: “¡No! Sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive.”

—Y el rey añadió—: ¡Traedme una espada! Trajeron la espada ante el rey,

y enseguida dijo el rey: —¡Partid al niño vivo en dos, y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra!

Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habló al rey, porque sus entrañas se conmovieron por su hijo, y dijo: —¡Ay, señor mío! Dad a ésta el niño vivo; no lo matéis. Pero la otra dijo: —No será ni para mí ni para ti. Partidlo.

El rey respondió diciendo: —Dad a aquélla el hijo vivo. No lo matéis; ella es su madre.

Todo Israel se enteró de la sentencia que había dado el rey, y tuvieron temor al rey, porque vieron que en él había sabiduría de Dios para administrar justicia.

El rey Salomón reinó sobre todo Israel.

Estos fueron los oficiales que tenía: Azarías hijo de Sadoc era el sacerdote.

Elijoref y Ajías, hijos de Sisa, eran los escribas. Josafat hijo de Ajilud era el cronista.

Benaías hijo de Joyada estaba al mando del ejército. Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes.

Azarías hijo de Natán estaba al mando de los gobernadores. Zabud hijo de Natán era sacerdote y amigo del rey.

Ajisar era el administrador del palacio. Y Adoniram hijo de Abda estaba a cargo del tributo laboral.

Salomón tenía doce gobernadores en todo Israel, los cuales abastecían al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba obligado a abastecerle durante un mes al año.

Estos eran sus nombres: Ben-hur, en la región montañosa de Efraín.

Ben-decar, en Macaz, Saalbim, Bet-semes y Elon-bet-janán.

Ben-jésed, en Arubot. Este también lo era en Soco y en toda la tierra de Hefer.

Ben-abinadab, en toda Nafot-dor. Este tenía por mujer a Tafat hija de Salomón.

Baaná hijo de Ajilud, en Taanac y Meguido, y en todo Bet-seán, que está cerca de Zaretán, más abajo de Jezreel; y desde Bet-seán hasta Abel-mejola y hasta la otra parte de Jocmeam.

Ben-geber, en Ramot de Galaad. Este también lo era en las aldeas de Jaír hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad. Tenía también la región de Argob, que estaba en Basán; sesenta grandes ciudades con muros y cerrojos de bronce.

Ajinadab hijo de Ido, en Majanaim.

Ajimaas, en Neftalí. Este también tomó por mujer a Basemat hija de Salomón.

Baaná hijo de Husai, en Aser y en Alot.

Josafat hijo de Parúaj, en Isacar.

Simei hijo de Ela, en Benjamín.

Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, en la tierra de Sejón rey de los amorreos, y de Og rey de Basán. Y había un solo gobernador en la tierra

de Judá. Israel era numeroso, como la arena que está junto al mar en multitud; y comían, bebían y se regocijaban.

Salomón gobernaba sobre todos los reinos, desde el Río hasta la tierra de los filisteos y hasta la frontera con Egipto. Traían tributo y servían a Salomón todos los días de su vida.

Las provisiones diarias de Salomón eran: 30 coros de harina refinada, 60 coros de harina corriente,

10 vacunos de engorde, 20 vacunos de pasto y 100 ovejas, sin contar los venados, las gacelas, los corzos y las aves engordadas.

Porque él dominaba en toda la región al oeste del Río, desde Tifsaj hasta Gaza, sobre todos los reyes del oeste del Río, y tuvo paz por todos los lados en derredor suyo.

Judá e Israel, desde Dan hasta Beerseba, vivían seguros todos los días de Salomón, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera.

Salomón tenía 4.000 establos para los caballos de sus carros, y 12.000 jinetes.

Los gobernadores proveían, cada uno durante un mes, al rey Salomón y a todos los que venían a la mesa del rey Salomón, haciendo que nada faltase.

También hacían llevar cebada y paja para los caballos y para los corceles al lugar donde él estaba, cada uno conforme a su cuota.

Dios dio a Salomón sabiduría, gran entendimiento y amplitud de corazón, como la arena que está a la orilla del mar.

La sabiduría de Salomón sobrepasaba la de todos los orientales y toda la sabiduría de los egipcios.

El fue el más sabio de todos los hombres: más que Eitán el ezrajita y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de Majol. Su nombre llegó a ser conocido en todas la naciones de alrededor.

Salomón compuso 3.000 proverbios y 1.005 poemas.

También disertó acerca de las plantas, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que crece en la pared. Asimismo, disertó acerca de los cuadrúpedos, las aves, los reptiles y los peces.

De todos los pueblos venían para escuchar la sabiduría de Salomón, de parte de todos los reyes de la tierra que habían oído de su sabiduría.




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Pacto de Salomón con Hiram

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Primer Libro de Reyes > Pacto de Salomón con Hiram (11:5:1 - 11:5:18)

Entonces Hiram, rey de Tiro, al oír que a Salomón lo habían ungido rey en lugar de su padre, envió sus servidores a Salomón; porque Hiram siempre había estimado a David.

Y Salomón envió a decir a Hiram:

“Tú sabes que, debido a las guerras que le rodearon, mi padre David no pudo edificar una casa al nombre de Jehovah su Dios, hasta que Jehovah puso a sus enemigos bajo las plantas de sus pies.

Pero ahora, Jehovah mi Dios me ha dado reposo por todas partes; no existe adversario ni calamidad.

Y he aquí, yo me he propuesto construir una casa al nombre de Jehovah mi Dios, como Jehovah habló a mi padre David diciendo: Tu hijo, al que pondré en tu trono en tu lugar, él edificará una casa a mi nombre.

Ahora pues, manda que corten cedros del Líbano para mí. Mis siervos estarán con tus siervos, y yo te daré por tus siervos el pago según todo lo que indiques, porque tú sabes que no hay nadie entre nosotros que sepa cortar los árboles como los sidonios.”

Aconteció que cuando Hiram oyó las palabras de Salomón, se alegró muchísimo y dijo: “¡Bendito sea hoy Jehovah, que ha dado un hijo sabio a David sobre ese pueblo tan numeroso!”

Entonces Hiram envió a decir a Salomón: “He escuchado lo que me mandaste a decir. Yo haré todo lo que desees con respecto a la madera de cedro y a la madera de ciprés.

Mis siervos las bajarán desde el Líbano hasta el mar, y yo las transportaré en balsas por mar hasta el lugar que tú me indiques. Allí yo las desataré, y tú te las llevarás. Tú cumplirás mi deseo dando provisiones a mi casa.”

Entonces Hiram daba a Salomón toda la madera de cedro y de ciprés que quiso.

Y Salomón daba a Hiram, para el sustento de su casa, 20.000 coros de trigo y 20.000 batos de aceite puro. Esto daba Salomón a Hiram año tras año.

Jehovah dio a Salomón sabiduría, tal como le había prometido. Había paz entre Hiram y Salomón, y ambos hicieron una alianza.

Entonces el rey Salomón realizó una leva en todo Israel, para tributo laboral. Los reclutados para el tributo laboral fueron 30.000 hombres.

El los enviaba al Líbano, 10.000 al mes, por turno, para que pasaran un mes en el Líbano y dos meses en sus casas. Adoniram estaba a cargo del tributo laboral.

Además, Salomón tenía 70.000 cargadores y 80.000 canteros en la región montañosa,

sin contar los oficiales que Salomón había establecido al frente de la obra, los cuales eran 3.300. Estos mandaban a la gente que hacía la obra.

El rey mandó que extrajesen piedras grandes, piedras costosas, para poner los cimientos del templo con piedras labradas.

Los constructores de Salomón, los de Hiram y los de Biblos, tallaron y prepararon la madera y las piedras para construir el templo.




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