Job

Job reprocha la actitud de sus amigos

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Job reprocha la actitud de sus amigos (18:6:1 - 18:6:30)

Entonces respondió Job y dijo:

—¡Oh, si pudieran pesar mi angustia, y pusiesen igualmente mi ruina en la balanza!

Ciertamente ahora pesarían más que la arena de los mares. Por eso mis palabras han sido apresuradas;

porque las flechas del Todopoderoso están en mí, y mi espíritu bebe su veneno. Me combaten los terrores de parte de Dios.

¿Acaso rebuzna el asno montés junto a la hierba? ¿Acaso muge el buey junto a su forraje?

¿Se comerá lo insípido sin sal? ¿Habrá gusto en la baba de la malva?

Mi alma rehúsa tocarlos, pero ellos están como mi repugnante comida.

¡Quién hiciera que se cumpliese mi petición, y que Dios me concediese mi anhelo;

que Dios se dignara aplastarme; que soltara su mano y acabara conmigo!

Aun esto sería mi consuelo, y saltaría de gozo en medio de mi dolor sin tregua: el que no he negado las palabras del Santo.

¿Qué fuerza tengo para esperar aún? ¿Qué meta tengo para alargar mi vida?

¿Acaso mi fuerza es como la fuerza de las piedras? ¿Acaso mi cuerpo es de bronce?

Ciertamente no tengo ayuda en mí mismo, y los recursos han sido alejados de mí.

Un desesperado debe contar con la lealtad de su amigo, aunque abandone el temor del Todopoderoso.

Pero mis hermanos me han decepcionado como un torrente; han pasado como la corriente de los arroyos,

que son turbios por causa del deshielo, y en ellos desaparece la nieve.

En el tiempo del calor son silenciados, y al calentarse desaparecen de su lugar.

Las caravanas se apartan de su ruta; desaparecen en el vacío y perecen.

Las caravanas de Temán ponen su mira en ellos; en ellos esperan los viajeros de Saba.

Pero son confundidos por haber confiado; cuando llegan a ellos, quedan defraudados.

Ciertamente, ahora habéis llegado a ser así; habéis visto el horror y tenéis miedo.

¿Acaso yo os he dicho: “Traedme algo,” o: “De vuestros recursos ofreced algo en mi favor,”

o: “Libradme de la mano del enemigo,” o: “Rescatadme de la mano de los violentos”?

Enseñádmelo, y yo me callaré; hacedme entender en qué he errado.

¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Pero vosotros, ¿qué es lo que pretendéis reprender?

¿Pensáis reprender las palabras y los dichos de un desesperado, como si fueran viento?

Vosotros seríais capaces de rifar a un huérfano y de especular sobre vuestro amigo.

Ahora pues, dignaos prestarme atención, pues ciertamente no mentiré ante vuestra cara.

Por favor, desistid, y que no haya iniquidad. Sí, desistid, pues está en juego mi reivindicación.

¿Acaso hay iniquidad en mi lengua? ¿Acaso mi paladar no puede discernir las calamidades?

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Job argumenta contra Dios

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Job argumenta contra Dios (18:7:1 - 18:7:21)

¿Acaso no es una milicia lo que tiene el hombre en la tierra? ¿No son sus días como los días de un asalariado?

Como el esclavo que anhela la sombra, o como el asalariado que espera su paga,

así he tenido que heredar meses de futilidad, y me han sido asignadas noches de sufrimiento.

Si estoy acostado, digo: “¿Cuándo me levantaré?” Y por la noche me colmo de inquietudes hasta el alba.

Mi carne se ha vestido de gusanos y de costras de tierra; mi piel resquebrajada se deshace.

Mis días son más veloces que la lanzadera del tejedor y se acaban sin que haya esperanza.

Acuérdate de que mi vida es un soplo; mis ojos no volverán a ver el bien.

El ojo del que me ve no me verá más. Tu ojo se fijará en mí, y yo ya no estaré.

Como la nube se deshace y se desvanece, así el que desciende al Seol no volverá a subir.

No volverá más a su casa, ni su lugar lo volverá a reconocer.

Por tanto, yo no refrenaré mi boca. Hablaré en la angustia de mi espíritu; me quejaré en la amargura de mi alma.

¿Acaso soy yo el mar o el monstruo marino, para que me pongas bajo guardia?

Cuando digo: “Mi cama me consolará, mi lecho aliviará mis quejas,”

entonces me aterras con sueños y me turbas con visiones.

Y así mi alma prefiere la asfixia y la muerte, antes que estos mis huesos.

¡Me deshago! No he de vivir para siempre. ¡Déjame, pues mis días son vanidad!

¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas y para que te preocupes de él;

para que lo visites cada mañana, y para que a cada instante lo pongas a prueba?

¿Hasta cuándo no dejarás de observarme, ni me soltarás para que siquiera trague mi saliva?

Si he pecado, ¿qué daño te hago a ti, oh Vigilante de los hombres? ¿Por qué me pones como tu blanco, y que yo sea una carga para mí mismo?

¿O por qué no perdonas mi rebelión y quitas mi iniquidad? Pues ahora yaceré en el polvo, y si con diligencia me buscas, ya no estaré.

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Bildad proclama la justicia de Dios

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Bildad proclama la justicia de Dios (18:8:1 - 18:8:22)

Entonces intervino Bildad el sujita y dijo:

—¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, y las palabras de tu boca serán viento impetuoso?

¿Acaso pervertirá Dios el derecho? ¿El Todopoderoso pervertirá la justicia?

Si tus hijos pecaron contra él, él los entregó en mano de su transgresión.

Si con diligencia buscaras a Dios e imploraras la gracia del Todopoderoso,

si fueras limpio y recto, ciertamente ahora él velaría por ti y te restauraría la morada que en justicia mereces.

Aunque tu comienzo haya sido insignificante, tu porvenir se engrandecerá en gran manera.

Pues indaga, por favor, en las generaciones del pasado; investiga lo que sus padres han descubierto.

Pues nosotros somos tan sólo de ayer y nada sabemos; nuestros días sobre la tierra son una sombra.

¿No te enseñarán ellos y te hablarán, y de su corazón sacarán palabras?

¿Crece el papiro donde no hay pantano? ¿Crece el junco sin agua?

Y estando aún en su tallo, sin ser cortado, se seca antes que toda hierba.

Así son las sendas de todos los que se olvidan de Dios, y la esperanza del impío perecerá.

El objeto de su confianza es como tul de verano y aquello en que confía es como tela de araña:

Si se apoya sobre su tela, no le sostendrá; si se agarra de ella, no le resistirá.

Así es él: Lleno de savia delante del sol, sus retoños sobresalen del huerto.

Sus raíces se entretejen sobre un montón de piedras, y vive entre los pedregales.

Si alguien intenta arrancarlo de su lugar, éste le niega diciendo: “¡Nunca te he visto!”

He aquí, así es el gozo de su camino, y otros brotarán del polvo.

He aquí, Dios no rechaza al íntegro ni sostiene la mano de los malhechores.

Aún llenará tu boca de risa, y tus labios con grito de júbilo.

Los que te aborrecen se vestirán de vergüenza, y la morada de los impíos desaparecerá.

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Incapacidad de Job para responder a Dios

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Incapacidad de Job para responder a Dios (18:9:1 - 18:9:35)

Entonces respondió Job y dijo:

—Ciertamente yo sé que es así. ¿Y cómo se ha de justificar un hombre ante Dios?

Si uno quisiera contender con él, no le podría responder una cosa entre mil.

El es sabio de corazón y poderoso en fuerza. ¿Quién se ha endurecido contra él y ha quedado ileso?

El arranca las montañas de su lugar, y ellas no saben que en su furor las trastorna.

El sacude la tierra de su lugar y estremece sus columnas.

El manda al sol, y éste no brilla; y pone un sello a las estrellas.

Por sí solo extiende los cielos y camina sobre las ondas del mar.

El hizo la Osa Mayor, el Orión, las Pléyades y las constelaciones del sur.

El hace cosas tan grandes que son inescrutables, y maravillas que no se pueden enumerar.

Si él cruza junto a mí, yo no le veo; él pasa sin que yo lo comprenda.

Si él arrebata, ¿quién lo hará desistir? ¿Quién le dirá: “¿Qué haces?”

Dios no detendrá su ira; bajo él se postran los que ayudan a Rahab.

¿Cómo, pues, podré responderle? ¿Podré yo escoger mis palabras para con él?

Aun siendo justo, no podría responder; más bien, pediría clemencia en mi causa.

Si yo le invocara y él me respondiese, yo no podría creer que escuchara mi voz.

Porque me aplasta con tormenta, y aumenta mis heridas sin causa.

No me deja cobrar aliento, sino que me colma de amarguras.

Si se trata de fuerzas, ¡he aquí que es poderoso! Si se trata de juicio, ¿quién le convocará?

Si me declaro justo, mi boca me condena; si íntegro, él me declara culpable.

¿Soy íntegro? Ni yo mismo me conozco. ¡Desprecio mi vida!

Da lo mismo, por lo cual digo: “Al íntegro y al impío, él los consume.

Si el azote mata de repente, él se ríe de la desesperación de los inocentes.

La tierra es entregada en manos de los impíos, y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él, entonces, ¿quién es?

Mis días son más veloces que un corredor; huyen sin lograr ver el bien.

Pasan como embarcaciones de junco, como un águila que se lanza sobre su comida.”

Si digo: “Olvidaré mi queja; cambiaré mi semblante y estaré alegre,”

entonces me turban todos mis dolores; sé que no me tendrás por inocente.

Yo he sido declarado culpable; entonces, ¿para qué fatigarme en vano?

Aunque me bañe con jabón y limpie mis manos con lejía,

aun así me hundirás en el hoyo, y me abominarán mis vestiduras.

Porque él no es hombre como yo para que le responda, y para que juntos vengamos a juicio.

No hay entre nosotros un árbitro que ponga su mano sobre ambos.

¡Que quite de sobre mí su vara, y que no me espante su terror!

Entonces yo hablaré y no le temeré; de otro modo, yo no soy dueño de mí mismo.

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Job lamenta su condición

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Job lamenta su condición (18:10:1 - 18:10:22)

Mi alma está hastiada de mi vida. Daré rienda suelta a mi queja; hablaré en la amargura de mi alma.

Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué contiendes conmigo.

¿Te parece bueno oprimir y desechar la obra de tus manos, mientras resplandeces sobre el consejo de los impíos?

¿Acaso tus ojos son humanos? ¿Acaso ves como ve un hombre?

¿Son tus días como los días de un hombre; o tus años, como los días de un mortal,

para que indagues mi iniquidad e inquieras por mi pecado?

Tú sabes que yo no soy culpable, y que no hay quien libre de tu mano.

Tus manos me formaron y me hicieron, ¿y después, cambiando, me destruyes?

Acuérdate, por favor, de que tú me formaste como al barro, y que me harás volver al polvo.

¿Acaso no me derramaste como a la leche, y me cuajaste como al queso?

De piel y de carne me vestiste, y me entretejiste con huesos y tendones.

Vida y misericordia me concediste, y tu cuidado guardó mi espíritu.

Estas cosas tenías escondidas en tu corazón; yo sé que esto estaba en tu mente.

Si peco, entonces me vigilas, y no me declaras inocente de mi iniquidad.

Si soy culpable, ¡ay de mí! Pero aun siendo justo, no levanto mi cabeza, pues estoy harto de ignominia y de ver mi aflicción.

Si me levanto, me cazas como a león, y vuelves a mostrar en mí tus proezas.

Traes de nuevo tus testigos contra mí, y aumentas contra mí tu ira con tropas de relevo en mi contra.

¿Por qué, pues, me sacaste de la matriz? Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto.

Habría sido como si nunca hubiera existido, conducido desde el vientre hasta la tumba.

¿Acaso no son pocos los días de mi existencia? Apártate de mí, de modo que me aliente un poco,

antes que me vaya, para no volver, a la tierra de oscuridad y de tinieblas:

tierra lóbrega como la oscuridad, de densas tinieblas y desorden, donde lo que brilla es como oscuridad.

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