San Juan

El Verbo hecho carne

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > El Verbo hecho carne (43:1:1 - 43:1:18)

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

El era en el principio con Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de él, y sin él no fue hecho nada de lo que ha sido hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.

El vino como testimonio, a fin de dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por medio de él.

No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz.

Aquél era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo.

En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de él, pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron.

Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios,

los cuales nacieron no de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de varón, sino de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, como la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan dio testimonio de él y proclamó diciendo: “Este es aquel de quien dije: El que viene después de mí ha llegado a ser antes de mí, porque era primero que yo.”

Porque de su plenitud todos nosotros recibimos, y gracia sobre gracia.

La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.




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Testimonio de Juan el Bautista

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > Testimonio de Juan el Bautista (43:1:19 - 43:1:28)

Este es el testimonio de Juan cuando los judíos le enviaron de Jerusalén unos sacerdotes y levitas para preguntarle: —¿Quién eres tú?

El confesó y no negó, sino que confesó: —Yo no soy el Cristo.

Y le preguntaron: —¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Y dijo: —No lo soy. —¿Eres tú el profeta? Y respondió: —No.

Le dijeron entonces: —¿Quién eres?, para que demos respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices en cuanto a ti mismo?

Dijo: —Yo soy la voz de uno que proclama en el desierto: “Enderezad el camino del Señor” como dijo el profeta Isaías.

Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.

Le preguntaron y le dijeron: —¿Entonces, por qué bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?

Juan les respondió diciendo: —Yo bautizo en agua, pero en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.

El es el que viene después de mí, de quien yo no soy digno de desatar la correa del calzado.

Estas cosas acontecieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.




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El Cordero de Dios

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > El Cordero de Dios (43:1:29 - 43:1:34)

Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo: —¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!

Este es aquel de quien dije: “Después de mí viene un hombre que ha llegado a ser antes de mí, porque era primero que yo.”

Yo no le conocía; pero para que él fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando en agua.

Juan dio testimonio diciendo: —He visto al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y posó sobre él.

Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: “Aquel sobre quien veas descender el Espíritu y posar sobre él, éste es el que bautiza en el Espíritu Santo.”

Yo le he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.




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Los primeros discípulos

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > Los primeros discípulos (43:1:35 - 43:1:42)

Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos.

Al ver a Jesús que andaba por allí, dijo: —¡He aquí el Cordero de Dios!

Los dos discípulos le oyeron hablar y siguieron a Jesús.

Jesús, al dar vuelta y ver que le seguían, les dijo: —¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: —Rabí—que significa maestro—, ¿dónde moras?

Les dijo: —Venid y ved. Por lo tanto, fueron y vieron dónde moraba y se quedaron con él aquel día, porque era como la hora décima.

Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.

Este encontró primero a su hermano Simón y le dijo: —Hemos encontrado al Mesías—que significa Cristo—.

El lo llevó a Jesús, y al verlo Jesús le dijo: —Tú eres Simón hijo de Jonás. Tú serás llamado Cefas—que significa piedra—.




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Jesús llama a Felipe y a Natanael

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > Jesús llama a Felipe y a Natanael (43:1:43 - 43:1:51)

Al día siguiente, Jesús quiso salir para Galilea y encontró a Felipe. Y Jesús le dijo: —Sígueme.

Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.

Felipe encontró a Natanael y le dijo: —Hemos encontrado a aquel de quien Moisés escribió en la Ley, y también los Profetas: a Jesús de Nazaret, el hijo de José.

Y le dijo Natanael: —¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Le dijo Felipe: —Ven y ve.

Jesús vio que Natanael venía hacia él y dijo de él: —¡He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño!

Le dijo Natanael: —¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: —Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Le respondió Natanael: —Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el rey de Israel!

Respondió Jesús y le dijo: —¿Crees porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”? ¡Cosas mayores que éstas verás!

Y les dijo: —De cierto, de cierto os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.




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Las bodas de Caná

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > Las bodas de Caná (43:2:1 - 43:2:12)

Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús.

Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda.

Y como faltó el vino, la madre de Jesús le dijo: —No tienen vino.

Jesús le dijo: —¿Qué tiene que ver eso conmigo y contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.

Su madre dijo a los que servían: —Haced todo lo que él os diga.

Había allí seis tinajas de piedra para agua, de acuerdo con los ritos de los judíos para la purificación. En cada una de ellas cabían dos o tres medidas.

Jesús les dijo: —Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde.

Luego les dijo: —Sacad ahora y llevadlo al encargado del banquete. Se lo llevaron;

y cuando el encargado del banquete probó el agua ya hecha vino, y no sabía de dónde venía (aunque los sirvientes que habían sacado el agua sí lo sabían), llamó al novio

y le dijo: —Todo hombre sirve primero el buen vino; y cuando ya han tomado bastante, entonces saca el inferior. Pero tú has guardado el buen vino hasta ahora.

Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

Después de esto, él descendió a Capernaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos; y se quedaron allí no muchos días.




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Jesús purifica el templo

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > Jesús purifica el templo (43:2:13 - 43:2:22)

Estaba próxima la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

Halló en el templo a los que vendían vacunos, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados.

Y después de hacer un látigo de cuerdas, los echó a todos del templo, junto con las ovejas y los vacunos. Desparramó el dinero de los cambistas y volcó las mesas.

A los que vendían palomas les dijo: —¡Quitad de aquí estas cosas y no hagáis más de la casa de mi Padre casa de mercado!

Entonces se acordaron sus discípulos que estaba escrito: El celo por tu casa me consumirá.

Los judíos respondieron y le dijeron: —Ya que haces estas cosas, ¿qué señal nos muestras?

Respondió Jesús y les dijo: —Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Por tanto los judíos dijeron: —Durante cuarenta y seis años se construyó este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días?

Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

Por esto, cuando fue resucitado de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto y creyeron la Escritura y las palabras que Jesús había dicho.




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Jesús conoce a todos los hombres

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > Jesús conoce a todos los hombres (43:2:23 - 43:2:25)

Mientras él estaba en Jerusalén en la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al observar las señales que hacía.

Pero Jesús mismo no confiaba en ellos, porque los conocía a todos,

y porque no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que había en el hombre.




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Jesús y Nicodemo

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > Jesús y Nicodemo (43:3:1 - 43:3:15)

Y había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un gobernante de los judíos.

Este vino a Jesús de noche y le dijo: —Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, a menos que Dios esté con él.

Respondió Jesús y le dijo: —De cierto, de cierto te digo que a menos que uno nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: —¿Cómo puede nacer un hombre si ya es viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?

Respondió Jesús: —De cierto, de cierto te digo que a menos que uno nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que ha nacido de la carne, carne es; y lo que ha nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: “Os es necesario nacer de nuevo.”

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que ha nacido del Espíritu.

Respondió Nicodemo y le dijo: —¿Cómo puede suceder eso?

Respondió Jesús y le dijo: —Tú eres el maestro de Israel, ¿y no sabes esto?

De cierto, de cierto te digo que hablamos de lo que sabemos; y testificamos de lo que hemos visto. Pero no recibís nuestro testimonio.

Si os hablé de cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales?

Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que cree en él tenga vida eterna.




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De tal manera amó Dios al mundo

Nuevo Testamento > Evangelios > San Juan > De tal manera amó Dios al mundo (43:3:16 - 43:3:21)

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Y ésta es la condenación: que la luz ha venido al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Porque todo aquel que practica lo malo aborrece la luz, y no viene a la luz, para que sus obras no sean censuradas.

Pero el que hace la verdad viene a la luz para que sus obras sean manifiestas, que son hechas en Dios.




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