Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > La copa de José (1:44:1 - 1:44:17)
Después ordenó José al administrador de su casa diciendo: —Llena de alimentos los costales de estos hombres, todo lo que puedan llevar. Pon el dinero de cada uno en la boca de su costal.
Pon también mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, junto con el dinero de su trigo. El hizo como le dijo José.
Cuando rayó el alba, fueron despedidos los hombres con sus asnos.
Cuando ellos habían salido de la ciudad y antes de que se alejaran mucho, José dijo al que estaba a cargo de su casa: —Levántate y sigue a esos hombres. Cuando los alcances, diles: “¿Por qué habéis pagado mal por bien? ¿Por qué me habéis robado la copa de plata?
¿No es ésta la copa que mi señor usa para beber y por la que suele adivinar? Habéis actuado mal al hacer esto.”
Cuando él los alcanzó, les repitió estas palabras;
y ellos le respondieron: —¿Por qué dice mi señor tales cosas? ¡Tus siervos jamás harían tal cosa!
Si el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales te lo volvimos a traer desde la tierra de Canaán, ¿cómo, pues, íbamos a robar plata u oro de la casa de tu señor?
Aquel de tus siervos en cuyo poder sea hallada la copa, que muera; y nosotros seremos esclavos de mi señor.
El dijo: —Sea también ahora conforme a lo que decís: Aquel en cuyo poder se halle será mi esclavo. Los demás quedaréis libres.
Entonces ellos se apresuraron a bajar a tierra cada uno su costal, y cada uno abrió su costal.
El buscó, comenzando por el del mayor y terminando por el del menor, y la copa fue hallada en el costal de Benjamín.
Ellos rasgaron sus vestiduras, y después de cargar cada cual su asno, volvieron a la ciudad.
Judá vino con sus hermanos a la casa de José, quien aún estaba allí, y se postraron a tierra ante él.
Y José les dijo: —¿Qué es esto que habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo ciertamente sabe adivinar?
Entonces dijo Judá: —¿Qué podemos decir a mi señor? ¿Qué hablaremos? ¿Con qué nos justificaremos? Dios ha descubierto la culpa de tus siervos. He aquí, somos esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder fue hallada la copa.
El respondió: —¡Nunca haga yo tal cosa! Aquel en cuyo poder fue hallada la copa será mi esclavo. Los demás volveos en paz a vuestro padre.
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