Segundo Libro de Crónicas

Mobiliario del templo

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Crónicas > Mobiliario del templo (14:4:1 - 14:5:1)

Hizo también un altar de bronce de 20 codos de largo, 20 codos de ancho y 10 codos de alto.

Hizo también la fuente de bronce fundido que tenía 10 codos de borde a borde. Era circular y tenía 5 codos de alto, y una circunferencia de 30 codos.

Había un motivo de bueyes debajo y alrededor del borde, diez por cada codo, dispuestos en dos hileras de bueyes alrededor de la fuente, los cuales habían sido fundidos en una sola pieza con ella.

Estaba asentada sobre doce bueyes: tres miraban al norte, tres al oeste, tres al sur y tres al este. La fuente estaba sobre ellos, y todas sus partes traseras daban hacia el lado interior.

La fuente tenía un palmo menor de espesor; su borde era como el borde de un cáliz o de una flor de lirio. Tenía una capacidad de 3.000 batos.

Hizo también diez pilas y puso cinco de ellas al sur y cinco al norte, para que lavasen en ellas las cosas para el holocausto y las enjuagasen en ellas. Y la fuente era para que los sacerdotes se lavaran en ella.

Hizo también diez candelabros de oro, de acuerdo con lo establecido para ellos, y los puso en el templo, cinco al sur y cinco al norte.

Hizo también diez mesas y las puso en el templo, cinco al sur y cinco al norte. Hizo también cien tazones de oro para la aspersión.

Hizo también el atrio de los sacerdotes, el gran atrio y las puertas del atrio, y revistió de bronce sus puertas.

Colocó la fuente en el lado sur, hacia el sureste.

Hiram hizo también las ollas, las palas y los tazones para la aspersión. Así terminó Hiram de hacer la obra que hizo para el rey Salomón en la casa de Dios:

las dos columnas, los tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las dos columnas; y las dos redes que cubrían los tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las columnas;

las 400 granadas para las dos redes (dos hileras de granadas para cada red) para cubrir los dos tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las columnas;

las diez bases y las diez pilas sobre las bases;

la fuente con los doce bueyes debajo de ella;

las ollas, las palas y los tenedores. Todos los utensilios Hiram-abi los hizo de bronce bruñido al rey Salomón, para la casa de Jehovah.

El rey los hizo fundir en la llanura del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Saretán.

Salomón hizo todos estos utensilios en tal cantidad que el peso del bronce no pudo ser determinado.

Salomón también hizo todos los utensilios de la casa de Dios: el altar de oro, las mesas sobre las cuales estaba el pan de la Presencia,

y los candelabros con sus lámparas de oro fino, para que fuesen encendidos delante del santuario interior, conforme a lo establecido.

Las flores, las lámparas y las tenazas fueron hechas de oro purísimo.

Asimismo, las despabiladeras, los tazones para la aspersión, las cucharas y los incensarios eran de oro fino. También eran de oro los goznes de las puertas del templo, tanto los de las puertas interiores del lugar santísimo, como los de las puertas de la sala del templo.

Así se terminó toda la obra que Salomón hizo para la casa de Jehovah. Luego Salomón hizo traer las cosas que su padre David había consagrado, y puso la plata, el oro y todos los utensilios en los tesoros de la casa de Dios.

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Salomón traslada el arca al templo

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Crónicas > Salomón traslada el arca al templo (14:5:2 - 14:5:14)

Entonces Salomón congregó en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los jefes de las casas paternas de los hijos de Israel, para hacer subir el arca del pacto de Jehovah desde la Ciudad de David, que es Sion.

Y se congregaron ante el rey todos los hombres de Israel en la fiesta del mes séptimo.

Fueron todos los ancianos de Israel, y los levitas tomaron el arca.

Luego subieron el arca, el tabernáculo de reunión y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo; los sacerdotes levitas los subieron.

El rey Salomón y toda la congregación de Israel, que se había reunido junto a él delante del arca, sacrificaban tantas ovejas y vacas que por su gran cantidad no se podían contar ni numerar.

Entonces los sacerdotes introdujeron el arca del pacto de Jehovah en su lugar, en el santuario interior del templo, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines.

Los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca, de modo que los querubines cubrían el arca y sus varas por encima.

Las varas eran tan largas que los extremos de las varas se podían ver desde el lugar santo, ante el santuario interior; pero no se podían ver desde afuera. Y allí han quedado hasta el día de hoy.

Ninguna cosa había en el arca, excepto las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb, donde Jehovah hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto.

Y sucedió que cuando los sacerdotes salieron del santuario (porque todos los sacerdotes que se hallaban presentes se habían santificado, sin distinción de sus grupos);

cuando todos los músicos levitas (Asaf, Hemán y Jedutún, con sus hijos y sus hermanos) vestidos de lino fino y portando címbalos, liras y arpas, estaban de pie al este del altar, y con ellos 120 sacerdotes que tocaban las trompetas;

cuando los que tocaban las trompetas y los que cantaban hicieron oír su voz al unísono alabando y dando gracias a Jehovah; cuando elevaron la voz junto con las trompetas, los címbalos y otros instrumentos de música; y cuando alababan a Jehovah diciendo: “Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia,” entonces la casa se llenó con una nube, la casa de Jehovah.

Y los sacerdotes no pudieron continuar sirviendo por causa de la nube, porque la gloria de Jehovah había llenado la casa de Dios.

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Dedicación del templo

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Crónicas > Dedicación del templo (14:6:1 - 14:7:10)

Entonces Salomón dijo: “Jehovah ha dicho que él habita en la densa oscuridad.

Y yo te he edificado una casa sublime, una morada donde habites para siempre.”

El rey se volvió y bendijo a toda la congregación de Israel. Y toda la congregación de Israel estaba de pie.

Entonces dijo: “¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, quien con su mano ha cumplido lo que con su boca prometió a mi padre David, diciendo:

Desde el día en que saqué a mi pueblo de la tierra de Egipto, no había elegido ninguna ciudad de todas las tribus de Israel para edificar una casa donde estuviese mi nombre, ni había elegido un hombre que fuese el soberano sobre mi pueblo Israel.

Pero elegí Jerusalén para que allí estuviera mi nombre, y elegí a David para que estuviese al frente de mi pueblo Israel.

“Estuvo en el corazón de mi padre David el anhelo de edificar una casa al nombre de Jehovah Dios de Israel.

Pero Jehovah dijo a mi padre David: Por cuanto ha estado en tu corazón el anhelo de edificar una casa a mi nombre, has hecho bien al tener esto en tu corazón.

Sin embargo, tú no edificarás la casa, sino tu hijo que te nacerá, él edificará la casa a mi nombre.

“Jehovah ha cumplido su promesa que había hecho, y yo me he levantado en lugar de mi padre David. Me he sentado en el trono de Israel, como Jehovah había prometido, y he edificado la casa al nombre de Jehovah Dios de Israel.

Y he puesto allí el arca, en la cual está el pacto de Jehovah que él hizo con los hijos de Israel.”

Entonces Salomón se puso de pie delante del altar de Jehovah, frente a toda la congregación de Israel, y extendió sus manos.

(Pues Salomón había mandado hacer una plataforma de bronce de 5 codos de largo, 5 codos de ancho y 3 codos de alto, y la había puesto en medio del atrio. Se puso de pie sobre ella, e hincando sus rodillas ante toda la congregación de Israel, extendió las manos al cielo.)

Y dijo: “¡Oh Jehovah Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni en el cielo ni en la tierra! Tú guardas el pacto y la misericordia para con tus siervos que caminan delante de ti con todo su corazón.

Tú has cumplido con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste. Con tu boca lo prometiste, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día.

Ahora pues, oh Jehovah Dios de Israel, cumple con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste diciendo: No te faltará delante de mí un hombre que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino para andar en mi ley, como tú has andado delante de mí.

Ahora pues, oh Jehovah Dios de Israel, sea confirmada tu palabra que hablaste a tu siervo David.

“Pero, ¿es verdad que Dios ha de habitar con los hombres sobre la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener. ¡Cuánto menos este templo que he edificado!

Sin embargo, oh Jehovah, Dios mío, vuélvete hacia la oración y la plegaria de tu siervo, para oír el clamor y la oración que tu siervo hace delante de ti.

Estén abiertos tus ojos de día y de noche hacia este templo, hacia el lugar del cual has dicho que allí estaría tu nombre, para escuchar la oración que tu siervo haga hacia este lugar.

Escucha las plegarias de tu siervo y de tu pueblo Israel, cuando oren hacia este lugar. Escucha tú desde el lugar de tu morada, desde los cielos; escucha tú y perdona.

“Si alguna persona peca contra su prójimo, y éste le toma juramento al hacerle jurar, y él entra bajo juramento ante tu altar en este templo,

entonces escucha tú desde los cielos y actúa. Juzga a tus siervos dando la paga al injusto, haciendo recaer su conducta sobre su cabeza y justificando al justo, dándole conforme a su justicia.

“Si tu pueblo Israel es derrotado delante del enemigo por haber pecado contra ti, y ellos se vuelven y confiesan tu nombre, y oran y suplican ante ti en este templo,

entonces escucha tú desde los cielos, perdona el pecado de tu pueblo Israel y hazles volver a la tierra que diste a ellos y a sus padres.

“Cuando los cielos estén cerrados y no haya lluvia, por haber ellos pecado contra ti; si oran hacia este lugar, confiesan tu nombre y se vuelven de su pecado cuando tú los aflijas,

entonces escucha tú en los cielos y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel. Sí, enséñales el buen camino por el que deben andar y dales lluvia sobre tu tierra, la cual has dado a tu pueblo por heredad.

“Cuando en la tierra haya hambre; cuando haya peste; cuando haya tizón, añublo, langosta o pulgón, o cuando sus enemigos lo asedien en la tierra de sus ciudades (cualquiera que sea la plaga o la enfermedad),

cualquiera que sea la oración o la plegaria que haga algún hombre o todo tu pueblo Israel (cada uno reconociendo su plaga y su dolor, y extendiendo sus manos hacia este templo),

entonces escucha tú desde los cielos, el lugar de tu morada, y perdona. Da a cada uno conforme a todos sus caminos, pues conoces su corazón (porque sólo tú conoces el corazón del hombre);

a fin de que te teman para andar en tus caminos todos los días que vivan sobre la superficie de la tierra que tú has dado a nuestros padres.

“Asimismo, cuando el extranjero que no sea de tu pueblo Israel venga de una tierra lejana a causa de tu gran nombre, de tu poderosa mano y de tu brazo extendido, y venga a orar hacia este templo,

entonces escucha tú desde los cielos, el lugar de tu morada. Haz conforme a todo aquello por lo cual el extranjero clame a ti, a fin de que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, te teman como tu pueblo Israel y sepan que este templo que he edificado es llamado por tu nombre.

“Si tu pueblo sale a la batalla contra sus enemigos por el camino que los envíes, y ellos oran a ti en dirección a esta ciudad que tú has elegido y a la casa que he edificado a tu nombre,

entonces escucha desde los cielos su oración y su plegaria, y ampara su causa.

“Si pecan contra ti (pues no hay hombre que no peque), y te enojas contra ellos y los entregas ante el enemigo, y éstos los llevan como cautivos suyos a tierra lejana o cercana;

si ellos vuelven en sí en la tierra a donde hayan sido llevados cautivos, y se vuelven y te suplican en la tierra de su cautividad, diciendo: Hemos pecado; hemos hecho iniquidad; hemos actuado impíamente;

si en la tierra de su cautividad, adonde los hayan llevado cautivos, ellos se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma, y oran en dirección a la tierra que diste a sus padres, a la ciudad que has elegido y al templo que he edificado a tu nombre,

entonces escucha desde los cielos, el lugar de tu morada, su oración y sus plegarias, y ampara su causa. Perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti.

“Ahora pues, oh Dios mío, por favor, estén abiertos tus ojos y atentos tus oídos a la oración hecha en este lugar.

Y ahora, levántate, oh Jehovah Dios; ven al lugar de tu reposo, tú y el arca de tu poder. Tus sacerdotes, oh Jehovah Dios, sean revestidos de salvación, y tus fieles regocíjense en el bien.

Oh Jehovah Dios, no rechaces a tu ungido. Acuérdate de tu misericordia para con tu siervo David.”

Cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria de Jehovah llenó el templo.

Los sacerdotes no pudieron entrar en la casa de Jehovah, porque la gloria de Jehovah había llenado la casa de Jehovah.

Todos los hijos de Israel vieron descender el fuego y la gloria de Jehovah sobre el templo, y se postraron con el rostro en tierra sobre el pavimento. Y adoraron y dieron gracias a Jehovah diciendo: “Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.”

Entonces el rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios delante de Jehovah.

El rey Salomón ofreció en sacrificio 22.000 toros y 120.000 ovejas. Así el rey y todo el pueblo dedicaron la casa de Dios.

Los sacerdotes estaban de pie en sus puestos de servicio, y los levitas tenían los instrumentos de música de Jehovah, que el rey David hiciera para dar gracias a Jehovah, “porque para siempre es su misericordia,” cuando David alababa con ellos. Los sacerdotes tocaban trompetas frente a ellos, y todo Israel estaba de pie.

Entonces Salomón consagró la parte central del atrio que estaba delante de la casa de Jehovah, pues allí ofreció los holocaustos y los sebos de los sacrificios de paz. Porque el altar de bronce que Salomón había hecho no podía contener los holocaustos, las ofrendas vegetales y los sebos.

En aquella ocasión Salomón y todo Israel con él, una gran congregación desde Lebo-hamat hasta el arroyo de Egipto, hicieron fiesta durante siete días.

Y al octavo día hicieron una asamblea festiva, porque habían celebrado la dedicación del altar en siete días; y celebraron la fiesta durante siete días.

El día 23 del mes séptimo, envió al pueblo a sus moradas, alegres y con el corazón gozoso por la bondad que Jehovah había hecho a David, a Salomón y a su pueblo Israel.

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Pacto de Dios con Salomón

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Crónicas > Pacto de Dios con Salomón (14:7:11 - 14:7:22)

Salomón acabó la casa de Jehovah y la casa del rey, y todo lo que Salomón se había propuesto en su corazón hacer en la casa de Jehovah y en su propia casa resultó bien.

Entonces Jehovah se apareció a Salomón de noche y le dijo: “Yo he escuchado tu oración y he elegido para mí este lugar como casa para los sacrificios.

Si cierro los cielos de modo que no haya lluvia, o si mando la langosta para que devore la tierra, o si envío peste a mi pueblo;

si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, si oran y buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.

“Ahora mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la oración hecha en este lugar.

Ahora he elegido y he santificado esta casa para que esté allí mi nombre para siempre. Mis ojos y mi corazón estarán allí todos los días.

Y en cuanto a ti, si andas delante de mí como anduvo tu padre David, haciendo todas las cosas que te he mandado y guardando mis leyes y mis decretos,

entonces estableceré el trono de tu reino como prometí a tu padre David, diciendo: No te faltará un hombre que gobierne en Israel.

Pero si vosotros os volvéis y abandonáis mis estatutos y mis mandamientos que he puesto delante de vosotros, y os vais y servís a otros dioses y los adoráis,

entonces os arrancaré de mi suelo que os he dado. Y esta casa que he santificado a mi nombre, la apartaré de mi presencia, y la convertiré en refrán y escarnio entre todos los pueblos.

En cuanto a esta casa que es sublime, todo el que pase por ella se asombrará y preguntará: ¿Por qué ha hecho así Jehovah a esta tierra y a esta casa?

Y responderán: Porque abandonaron a Jehovah, Dios de sus padres, que los sacó de la tierra de Egipto, y se aferraron a adorar y servir a otros dioses. Por eso él ha traído sobre ellos todo este mal.”

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Otras actividades de Salomón

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Crónicas > Otras actividades de Salomón (14:8:1 - 14:8:18)

Aconteció al cabo de veinte años, durante los cuales Salomón había edificado la casa de Jehovah y su propia casa,

que Salomón reedificó las ciudades que le había dado Hiram, y estableció allí a los hijos de Israel.

Después Salomón fue a Hamat de Soba y se apoderó de ella.

También reedificó Tadmor en el desierto, y todas las ciudades almacenes que había edificado en Hamat.

Después reedificó Bet-jorón Alta y Bet-jorón Baja, ciudades fortificadas con murallas, puertas y cerrojos;

Baalat y todas las ciudades almacenes que tenía Salomón, todas las ciudades para los carros y las ciudades para los jinetes; todo lo que Salomón se propuso edificar en Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra bajo su dominio.

A todo el pueblo que había quedado de los heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos (que no eran de Israel,

sino sus descendientes que habían quedado después de ellos en la tierra, a quienes los hijos de Israel no destruyeron), Salomón los sometió a tributo laboral, hasta el día de hoy.

Pero a ninguno de los hijos de Israel sometió a servidumbre para sus obras; porque ellos eran hombres de guerra, jefes de sus comandantes, jefes de sus carros y sus jinetes.

Estos jefes de los oficiales que tenía el rey Salomón eran 250, los cuales mandaban sobre aquella gente.

Salomón también trasladó a la hija del faraón de la Ciudad de David a la casa que le había edificado, porque dijo: “Ninguna mujer mía ha de vivir en la casa de David, rey de Israel, pues aquellas habitaciones donde ha entrado el arca de Jehovah son sagradas.”

Entonces Salomón ofreció holocaustos a Jehovah sobre el altar de Jehovah que había edificado delante del pórtico,

para que se ofreciese cada cosa en su día, conforme al mandamiento de Moisés, en los sábados, en las lunas nuevas y en las tres festividades anuales: en la fiesta de los Panes sin Levadura, en la fiesta de Pentecostés y en la fiesta de los Tabernáculos.

También constituyó los grupos de los sacerdotes en sus oficios, conforme a lo establecido por su padre David. Constituyó a los levitas según sus turnos, para alabar y servir frente a los sacerdotes, haciendo cada cosa en su día. Lo mismo a los porteros según sus grupos, en cada puerta, porque así lo había mandado David, hombre de Dios.

No se apartaron del mandato del rey con relación a los sacerdotes y a los levitas en ningún asunto, incluyendo el de los tesoros.

Así fue ejecutada toda la obra de Salomón desde el día en que fueron puestos los cimientos de la casa de Jehovah, hasta acabarla. Así quedó terminada la casa de Jehovah.

Entonces Salomón fue a Ezión-geber y a Eilat, a orillas del mar, en la tierra de Edom.

E Hiram le envió, por medio de sus servidores, barcos y siervos conocedores del mar. Estos fueron con los siervos de Salomón a Ofir y tomaron de allí 450 talentos de oro, y los llevaron al rey Salomón.

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