Antiguo Testamento

Los israelitas salen de Egipto

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Los israelitas salen de Egipto (2:12:37 - 2:12:51)

Partieron, pues, los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, unos 600.000 hombres de a pie, sin contar los niños.

También fue con ellos una gran multitud de toda clase de gente, y sus ovejas y ganado en gran número.

De la masa que habían sacado de Egipto, cocieron panes sin leudar, porque no le habían puesto levadura; ya que cuando fueron echados de Egipto, no pudieron detenerse ni para preparar comida.

El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue de 430 años.

Pasados los 430 años, en el mismo día salieron de la tierra de Egipto todos los escuadrones de Jehovah.

Esta es noche de guardar en honor de Jehovah, por haberlos sacado de la tierra de Egipto. Todos los hijos de Israel, a través de sus generaciones, deben guardar esta noche en honor de Jehovah.

Jehovah dijo a Moisés y a Aarón: —Este es el estatuto acerca de la Pascua: Ningún extranjero comerá de ella.

Pero todo esclavo que alguien haya comprado por dinero comerá de ella después que lo hayas circuncidado.

El que es extranjero y mercenario no la comerá.

Será comida en una casa; no llevarás de aquella carne fuera de la casa. Tampoco quebraréis ninguno de sus huesos.

Toda la congregación de Israel la celebrará.

Si algún extranjero que reside entre vosotros quisiera celebrar la Pascua de Jehovah, que sea circuncidado todo varón de su familia. Entonces podrá celebrarla, y será como el natural de la tierra. Pero ningún incircunciso comerá de ella.

La misma ley será para el natural y para el extranjero que viva entre vosotros.

Así lo hicieron todos los hijos de Israel. Tal como lo mandó Jehovah a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.

Y sucedió que aquel mismo día Jehovah sacó de la tierra de Egipto a los hijos de Israel, por sus ejércitos.




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Consagración de los primogénitos

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Consagración de los primogénitos (2:13:1 - 2:13:16)

Jehovah habló a Moisés diciendo:

—Conságrame todo primogénito; todo el que abre la matriz entre los hijos de Israel, tanto de los hombres como de los animales, es mío.

Moisés dijo al pueblo: —Conmemorad este día en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de esclavitud; porque Jehovah os ha sacado de aquí con mano poderosa. Por eso no comeréis nada que tenga levadura.

Vosotros salís hoy, en el mes de Abib.

Y cuando Jehovah te haya llevado a la tierra de los cananeos, heteos, amorreos y jebuseos, la cual juró a tus padres que te daría, una tierra que fluye leche y miel, celebraréis este rito en este mes.

Durante siete días comeréis panes sin levadura, y el séptimo día será fiesta para Jehovah.

Durante los siete días se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado ni levadura en todo tu territorio.

Aquel día se lo contarás a tu hijo diciendo: “Esto se hace con motivo de lo que Jehovah hizo conmigo cuando salí de Egipto.

Esto ha de ser para ti como una señal sobre tu mano y como un memorial entre tus ojos, para que la ley de Jehovah esté en tu boca, porque con mano poderosa Jehovah te sacó de Egipto.

Por tanto, guardarás esta ordenanza en el tiempo fijado, de año en año.”

Cuando Jehovah te haya introducido en la tierra de los cananeos, y te la haya dado como te juró a ti y a tus padres,

apartarás para Jehovah todo primogénito que abre la matriz, y también todo primerizo de las crías de tus animales; los machos serán de Jehovah.

Rescatarás con un cordero todo primerizo de asno; y si no lo rescatas, romperás su nuca. También rescatarás todo primogénito de entre tus hijos.

Y cuando mañana te pregunte tu hijo diciendo: “¿Qué es esto?,” le dirás: “Con mano poderosa Jehovah nos sacó de Egipto, de la casa de esclavitud.

Cuando el faraón se endureció para no dejarnos ir, Jehovah mató en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito del hombre hasta el primerizo del animal. Por esta razón yo ofrezco en sacrificio a Jehovah todo primerizo macho que abre la matriz y rescato a todo primogénito de mis hijos.”

Esto ha de ser para ti como una señal sobre tu mano y como un memorial entre tus ojos, ya que Jehovah nos sacó de Egipto con mano poderosa.




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La columna de nube y de fuego

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > La columna de nube y de fuego (2:13:17 - 2:13:22)

Cuando el faraón dejó ir al pueblo, Dios no lo guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era más corto, porque dijo Jehovah: “No sea que al enfrentarse con la guerra, el pueblo cambie de parecer y se vuelva a Egipto.”

Más bien, Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el camino del desierto hacia el mar Rojo. Los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto armados.

Moisés tomó también consigo los restos de José, quien había hecho jurar a los hijos de Israel diciendo: “Ciertamente Dios os visitará, y haréis llevar de aquí mis restos, con vosotros.”

Salieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto.

Jehovah iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que pudieran caminar tanto de día como de noche.

La columna de nube nunca se apartó de día de delante del pueblo, ni la columna de fuego de noche.




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Los israelitas cruzan el Mar Rojo

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Los israelitas cruzan el Mar Rojo (2:14:1 - 2:14:31)

Jehovah habló a Moisés diciendo:

—Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen cerca de Pi-hajirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal-zefón; acamparéis en el lado opuesto, junto al mar.

Entonces el faraón dirá de los hijos de Israel: “Andan errantes por la tierra; el desierto les cierra el paso.”

Yo endureceré el corazón del faraón para que os persiga; pero yo mostraré mi gloria en el faraón y en todo su ejército, y los egipcios sabrán que yo soy Jehovah. Ellos lo hicieron así.

Y cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo huía, el corazón del faraón y de sus servidores se volvió contra el pueblo. Y dijeron: —¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, y que no nos sirva?

Unció su carro y tomó consigo a su gente.

Tomó 600 carros escogidos y todos los demás carros de Egipto con los oficiales que estaban al frente de todos ellos.

Jehovah endureció el corazón del faraón, rey de Egipto, y él persiguió a los hijos de Israel; pero éstos salieron osadamente.

Los egipcios los persiguieron con toda la caballería, los carros del faraón, sus jinetes y su ejército; y los alcanzaron mientras acampaban junto al mar, al lado de Pi-hajirot, frente a Baal-zefón.

Cuando el faraón se había acercado, los hijos de Israel alzaron los ojos; y he aquí que los egipcios venían tras ellos. Entonces los hijos de Israel temieron muchísimo y clamaron a Jehovah.

Y dijeron a Moisés: —¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para morir en el desierto? ¿Por qué nos has hecho esto de sacarnos de Egipto?

¿No es esto lo que te hablamos en Egipto diciendo: “Déjanos solos, para que sirvamos a los egipcios”? ¡Mejor nos habría sido servir a los egipcios que morir en el desierto!

Y Moisés respondió al pueblo: —¡No temáis! Estad firmes y veréis la liberación que Jehovah hará a vuestro favor. A los egipcios que ahora veis, nunca más los volveréis a ver.

Jehovah combatirá por vosotros, y vosotros os quedaréis en silencio.

Entonces Jehovah dijo a Moisés: —¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se marchen.

Y tú, alza tu vara y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo para que los hijos de Israel pasen por en medio del mar, en seco.

Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que entren detrás de ellos, y mostraré mi gloria en el faraón y en todo su ejército, en sus carros y en sus jinetes.

Y los egipcios sabrán que yo soy Jehovah, cuando yo muestre mi gloria en el faraón, en sus carros y en sus jinetes.

Entonces el ángel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se trasladó e iba detrás de ellos. Asimismo, la columna de nube que iba delante de ellos se trasladó y se puso detrás de ellos,

y se colocó entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel, constituyendo nube y tinieblas para aquéllos, mientras que alumbraba a Israel de noche. En toda aquella noche no se acercaron los unos a los otros.

Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y Jehovah hizo que éste se retirase con un fuerte viento del oriente que sopló toda aquella noche e hizo que el mar se secara, quedando las aguas divididas.

Y los hijos de Israel entraron en medio del mar en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.

Los egipcios los persiguieron, y entraron en el mar tras ellos con toda la caballería del faraón, sus carros y sus jinetes.

Aconteció que a eso de la vigilia de la mañana, Jehovah miró hacia el ejército de los egipcios, desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión en el ejército de los egipcios.

Trabó las ruedas de sus carros, de modo que se desplazaban pesadamente. Entonces los egipcios dijeron: —¡Huyamos de los israelitas, porque Jehovah combate por ellos contra los egipcios!

Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre sus jinetes.

Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, éste volvió a su lecho, de modo que los egipcios chocaron contra él cuando huían. Así precipitó Jehovah a los egipcios en medio del mar.

Las aguas volvieron y cubrieron los carros y los jinetes, junto con todo el ejército del faraón que había entrado en el mar tras ellos. No quedó de ellos ni uno solo.

Pero los hijos de Israel caminaron en seco por en medio del mar, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.

Así libró Jehovah aquel día a Israel de mano de los egipcios. Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.

Cuando Israel vio la gran hazaña que Jehovah había realizado contra los egipcios, el pueblo temió a Jehovah, y creyó en él y en su siervo Moisés.




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Cántico de Moisés y de María

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Cántico de Moisés y de María (2:15:1 - 2:15:21)

Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico a Jehovah, diciendo: “¡Cantaré a Jehovah, pues se ha enaltecido grandemente! ¡Ha arrojado al mar caballos y jinetes!

Jehovah es mi fortaleza y mi canción; él ha sido mi salvación. ¡Este es mi Dios! Yo le alabaré. ¡El Dios de mi padre! A él ensalzaré.

“Jehovah es un guerrero. ¡Jehovah es su nombre!

Ha echado al mar los carros y el ejército del faraón. Fueron hundidos en el mar Rojo sus mejores oficiales.

Las aguas profundas los cubrieron; descendieron como piedra a las profundidades.

“Tu diestra, oh Jehovah, ha sido majestuosa en poder; tu diestra, oh Jehovah, ha quebrantado al enemigo.

Con la grandeza de tu poder has destruido a los que se opusieron a ti; desataste tu furor, y los consumió como a hojarasca.

Por el soplo de tu aliento se amontonaron las aguas; las olas se acumularon como un dique; las aguas profundas se congelaron en medio del mar.

Dijo el enemigo: Perseguiré, tomaré prisioneros y repartiré el botín; mi alma se saciará de ellos; desenvainaré mi espada, y mi mano los desalojará.

Pero tú soplaste con tu aliento, y el mar los cubrió. Se hundieron como plomo en las impetuosas aguas.

“¿Quién como tú, oh Jehovah, entre los dioses? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad, temible en hazañas dignas de alabanza, hacedor de maravillas?

Extendiste tu diestra, y la tierra los tragó.

En tu misericordia guías a este pueblo que has redimido, y lo llevas con tu poder a tu santa morada.

“Los pueblos lo oyen y tiemblan; la angustia se apodera de los filisteos.

Entonces los jefes de Edom se aterran; los poderosos de Moab son presas del pánico; se abaten todos los habitantes de Canaán.

Sobre ellos caen terror y espanto; ante la grandeza de tu brazo enmudecen como la piedra, hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehovah; hasta que haya pasado este pueblo que tú has adquirido.

Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar que has preparado como tu habitación, oh Jehovah, en el santuario que establecieron tus manos, oh Señor.

Jehovah reinará por siempre jamás.”

Cuando la caballería del faraón entró en el mar con sus carros y jinetes, Jehovah volvió a traer las aguas del mar sobre ellos, mientras que los hijos de Israel caminaron en seco en medio del mar.

Entonces María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas.

Y María les dirigía diciendo: “¡Cantad a Jehovah, pues se ha enaltecido grandemente! ¡Ha arrojado al mar caballos y jinetes!”




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El agua amarga de Mara

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > El agua amarga de Mara (2:15:22 - 2:15:27)

Moisés hizo que Israel partiese del mar Rojo, y ellos se dirigieron al desierto de Shur. Caminaron tres días por el desierto, sin hallar agua,

y llegaron a Mara. Pero no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas. Por eso pusieron al lugar el nombre de Mara.

Entonces el pueblo murmuró contra Moisés diciendo: —¿Qué hemos de beber?

Moisés clamó a Jehovah, y Jehovah le mostró un árbol. Cuando él arrojó el árbol dentro de las aguas, las aguas se volvieron dulces. Allí dio al pueblo leyes y decretos. Allí lo probó

diciéndole: —Si escuchas atentamente la voz de Jehovah tu Dios y haces lo recto ante sus ojos; si prestas atención a sus mandamientos y guardas todas sus leyes, ninguna enfermedad de las que envié a Egipto te enviaré a ti, porque yo soy Jehovah tu sanador.

Llegaron a Elim, donde había doce manantiales de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas.




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Dios da el maná

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Dios da el maná (2:16:1 - 2:16:36)

Toda la congregación de los hijos de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, el día 15 del mes segundo después de salir de la tierra de Egipto.

Entonces toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto.

Los hijos de Israel les decían: —¡Ojalá Jehovah nos hubiera hecho morir en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.

Entonces Jehovah dijo a Moisés: —He aquí, yo haré llover para vosotros pan del cielo. El pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día; así lo pondré a prueba, si anda en mi ley o no.

Pero en el sexto día prepararán lo que han de llevar, que será el doble de lo que recogen cada día.

Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: —Al atardecer sabréis que Jehovah os ha sacado de la tierra de Egipto.

Y al amanecer veréis la gloria de Jehovah, porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehovah. Pues, ¿qué somos nosotros para que murmuréis contra nosotros?

—Agregó Moisés—: Jehovah os dará al atardecer carne para comer y al amanecer pan hasta saciaros, porque Jehovah ha oído vuestras murmuraciones contra él. Pues, ¿qué somos nosotros? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehovah.

Moisés dijo a Aarón: —Di a toda la congregación de los hijos de Israel: “Acercaos a la presencia de Jehovah, pues él ha oído vuestras murmuraciones.”

Y sucedió que mientras Aarón hablaba a toda la congregación de Israel, miraron hacia el desierto; y he aquí, la gloria de Jehovah se apareció en la nube.

Y Jehovah habló a Moisés diciendo:

—Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Háblales diciendo: “Al atardecer comeréis carne, y al amanecer os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehovah vuestro Dios.”

Al atardecer vinieron las codornices y cubrieron el campamento. Y al amanecer había una capa de rocío alrededor del campamento.

Cuando se evaporó la capa de rocío, he aquí que sobre la superficie del desierto había una sustancia menuda, escamosa y fina como la escarcha sobre la tierra.

Al verla, los hijos de Israel se preguntaron unos a otros: —¿Qué es esto? Pues no sabían lo que era. Entonces Moisés les dijo: —Es el pan que Jehovah os da para comer.

Esto es lo que Jehovah ha mandado: “Recoged de ello cada uno según lo que necesite para comer: un gomer por persona. Cada uno recogerá según el número de las personas que están en su tienda.”

Así lo hicieron los hijos de Israel. Unos recogieron más, y otros menos.

Lo midieron por gomer; y al que recogió mucho no le sobró, y al que recogió poco no le faltó. Cada uno recogió según lo que necesitaba para comer.

Y Moisés les dijo: —Ninguno guarde nada de ello hasta el día siguiente.

Pero no obedecieron a Moisés, sino que algunos guardaron algo para el día siguiente; pero crió gusanos y hedió. Y Moisés se enojó contra ellos.

Lo recogían cada mañana, cada uno según lo que necesitaba para comer; y cuando el sol calentaba, se derretía.

En el sexto día recogieron doble porción de comida: dos gomeres para cada uno. Todos los principales de la congregación fueron a Moisés y se lo hicieron saber.

Y él les dijo: —Esto es lo que ha dicho Jehovah: “Mañana es sábado de reposo, el sábado consagrado a Jehovah. Lo que tengáis que cocer al horno, cocedlo hoy; y lo que tengáis que cocinar, cocinadlo. Y todo lo que sobre, dejadlo a un lado y guardadlo para la mañana.”

Ellos lo guardaron para la mañana, según lo había mandado Moisés, y no hedió ni crió gusanos.

Y dijo Moisés: —Comedlo hoy, porque es el sábado de Jehovah. Hoy no lo hallaréis en el campo.

Seis días lo recogeréis; pero el séptimo día es sábado, en el cual no será hallado.

Aconteció que algunos del pueblo salieron para recoger en el séptimo día, y no hallaron nada.

Y Jehovah dijo a Moisés: —¿Hasta cuándo rehusaréis guardar mis mandamientos y mis instrucciones?

Mirad que Jehovah os ha dado el sábado, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Permanezca cada uno en su lugar; nadie salga de allí en el séptimo día.

Así reposó el pueblo el séptimo día.

La casa de Israel lo llamó Maná. Era como semilla de cilantro, blanco; y su sabor era como de galletas con miel.

Moisés dijo: —Esto es lo que Jehovah ha mandado: “Llenad un gomer de maná para que sea conservado para vuestras generaciones, a fin de que ellas vean el pan que os di a comer en el desierto, cuando os saqué de la tierra de Egipto.”

Moisés también dijo a Aarón: —Toma una vasija y pon en ella un gomer lleno de maná; colócala delante de Jehovah, para que sea conservado para vuestras generaciones.

Y Aarón lo puso delante del Testimonio, para que fuese conservado, como Jehovah había mandado a Moisés.

Los hijos de Israel comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada. Comieron maná hasta que llegaron a la frontera de la tierra de Canaán.

(Un gomer es la décima parte de un efa.)




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Agua de la roca

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Agua de la roca (2:17:1 - 2:17:7)

Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, para continuar sus etapas, según el mandato de Jehovah; y acamparon en Refidim, donde no había agua para que el pueblo bebiese.

El pueblo altercó con Moisés diciendo: —¡Danos agua para beber! Moisés les dijo: —¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué ponéis a prueba a Jehovah?

Así que el pueblo sediento murmuró allí contra Moisés diciendo: —¿Por qué nos trajiste de Egipto para matarnos de sed, a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?

Moisés clamó a Jehovah diciendo: —¿Qué haré con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.

Jehovah respondió a Moisés: —Pasa delante del pueblo y toma contigo a algunos de los ancianos de Israel. Toma también en tu mano la vara con que golpeaste el Nilo, y vé.

He aquí, yo estaré delante de ti allí sobre la peña de Horeb. Tú golpearás la peña, y saldrá de ella agua, y el pueblo beberá. Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.

Y llamó el nombre de aquel lugar Masá y Meriba, por el altercado de los hijos de Israel y porque pusieron a prueba a Jehovah, diciendo: “¿Está Jehovah entre nosotros, o no?”




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Guerra con Amalec

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Guerra con Amalec (2:17:8 - 2:17:16)

Entonces vino Amalec y combatió contra Israel en Refidim.

Y Moisés dijo a Josué: —Escoge algunos de nuestros hombres y sal a combatir contra Amalec. Mañana yo estaré sobre la cima de la colina con la vara de Dios en mi mano.

Josué hizo como le dijo Moisés y combatió contra Amalec, mientras Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre de la colina.

Sucedió que cuando Moisés alzaba su mano, Israel prevalecía; pero cuando bajaba su mano, prevalecía Amalec.

Ya las manos de Moisés estaban cansadas; por tanto, tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y él se sentó sobre ella. Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro del otro lado. Así hubo firmeza en sus manos hasta que se puso el sol.

Y así derrotó Josué a Amalec y a su pueblo, a filo de espada.

Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Escribe esto en un libro como memorial, y di claramente a Josué que yo borraré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.

Moisés edificó un altar y llamó su nombre Jehovah-nisi.

Y dijo: —Por cuanto alzó la mano contra el trono de Jehovah, Jehovah tendrá guerra contra Amalec de generación en generación.




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Jetro visita a Moisés

Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Jetro visita a Moisés (2:18:1 - 2:18:12)

Jetro, sacerdote de Madián y suegro de Moisés, oyó todas las cosas que Dios había hecho a favor de Moisés y de su pueblo Israel, y cómo Jehovah había sacado a Israel de Egipto.

Y Jetro, suegro de Moisés, tomó a Séfora, la mujer de Moisés, a quien éste había enviado;

también tomó a sus dos hijos. (El uno se llamaba Gersón, porque Moisés había dicho: “Fui forastero en tierra extranjera.”

El otro se llamaba Eliezer, porque había dicho: “El Dios de mi padre me ayudó y me libró de la espada del faraón.”)

Jetro, suegro de Moisés, y la mujer de éste y sus hijos fueron a ver a Moisés en el desierto donde estaba el campamento, junto al monte de Dios.

Y envió a decir a Moisés: “Yo, tu suegro Jetro, vengo a ti con tu mujer y con sus dos hijos.”

Moisés salió a recibir a su suegro, se postró ante él y lo besó. Se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y entraron en la tienda.

Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehovah había hecho al faraón y a los egipcios a favor de Israel, los contratiempos que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehovah.

Se alegró Jetro de todo el bien que Jehovah había hecho a Israel, librándole de la mano de los egipcios.

Jetro dijo: —¡Bendito sea Jehovah, que os libró de mano de los egipcios y de mano del faraón! El es quien libró al pueblo de mano de los egipcios.

Ahora reconozco que Jehovah es más grande que todos los dioses, porque castigó a aquellos que os trataron con arrogancia.

Después Jetro, suegro de Moisés, ofreció un holocausto y sacrificios a Dios. Aarón y todos los ancianos de Israel fueron a comer con el suegro de Moisés delante de Dios.




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