Antiguo Testamento

Aflicción de los israelitas en Egipto

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Aflicción de los israelitas en Egipto (2:1:1 - 2:1:22)

Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob, cada uno con su familia:

Rubén, Simeón, Leví, Judá,

Isacar, Zabulón, Benjamín,

Dan, Neftalí, Gad y Aser.

Todas las personas descendientes directos de Jacob eran setenta. José ya estaba en Egipto.

Murieron José y sus hermanos, y toda aquella generación.

Pero los hijos de Israel fueron fecundos y se hicieron muy numerosos; se multiplicaron y llegaron a ser muy poderosos. Y la tierra estaba llena de ellos.

Después se levantó un nuevo rey en Egipto que no había conocido a José, el cual dijo a su pueblo:

“He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros.

Procedamos astutamente con él para que no se multiplique; no suceda que, en caso de guerra, también se una a nuestros enemigos, luche contra nosotros y se vaya del país.”

Entonces les impusieron jefes de tributo laboral que los oprimiesen con sus cargas, y edificaron para el faraón las ciudades almacenes de Pitón y Ramesés.

Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y se propagaban, de manera que los egipcios se alarmaron a causa de los hijos de Israel.

Entonces los egipcios los hicieron trabajar con dureza,

y amargaron sus vidas con el pesado trabajo de hacer barro y adobes, aparte de todo trabajo en el campo; y en todos los tipos de trabajo les trataban con dureza.

También el rey de Egipto habló a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra y la otra Fúa, y les dijo:

—Cuando asistáis a las mujeres hebreas a dar a luz y veáis en la silla de parto que es niño, matadlo; pero si es niña, dejadla vivir.

Pero las parteras temían a Dios y no hicieron como el rey de Egipto les mandó, sino que dejaban con vida a los niños varones.

Entonces el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: —¿Por qué habéis hecho esto de dejar con vida a los niños varones?

Las parteras respondieron al faraón: —Las mujeres hebreas no son como las egipcias. Ellas son vigorosas y dan a luz antes de que llegue a ellas la partera.

Dios favoreció a las parteras, y el pueblo se multiplicó y se fortaleció muchísimo.

Y sucedió que, porque las parteras tuvieron temor de Dios, él también les dio a ellas su propia familia.

Entonces el faraón mandó a decir a todo su pueblo: “Echad al Nilo a todo niño que nazca, pero a toda niña conservadle la vida.”

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Nacimiento de Moisés

Imagen Nacimiento de Moisés 1
Enviado por deisy peña peña

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Nacimiento de Moisés (2:2:1 - 2:2:10)

Cierto hombre de la tribu de Leví tomó por esposa a una mujer levita.

Esta concibió y dio a luz un niño; y al ver que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses.

No pudiendo ocultarlo más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la recubrió con asfalto y brea. Colocó en ella al niño y lo puso entre los juncos a la orilla del Nilo.

Su hermana se mantuvo a distancia para ver lo que le acontecería.

Entonces la hija del faraón descendió al Nilo para bañarse. Y mientras sus doncellas se paseaban por la ribera del Nilo, ella vio la arquilla entre los juncos y envió a una sierva suya para que la tomase.

Cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: —Este es un niño de los hebreos.

Entonces la hermana del niño preguntó a la hija del faraón: —¿Iré a llamar una nodriza de las hebreas para que te críe al niño?

La hija del faraón respondió: —Vé. Entonces la muchacha fue y llamó a la madre del niño.

Y la hija del faraón le dijo: —Llévate a este niño y críamelo. Yo te lo pagaré. La mujer tomó al niño y lo crió.

Cuando el niño creció, ella se lo llevó a la hija del faraón. El vino a ser para ella su hijo, y ella le puso por nombre Moisés, diciendo: “Porque de las aguas lo saqué.”

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Moisés huye de Egipto

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Moisés huye de Egipto (2:2:11 - 2:2:25)

Aconteció cierto día, cuando Moisés había crecido, que fue a sus hermanos y les vio en sus duras tareas. Entonces vio a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos.

El miró a uno y otro lado, y viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.

Al día siguiente salió otra vez, y he aquí que dos hebreos se estaban peleando. Entonces dijo al culpable: —¿Por qué golpeas a tu prójimo?

Y él le respondió: —¿Quién te ha puesto a ti por jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo y pensó: “Ciertamente el asunto ya es conocido.”

Cuando el faraón se enteró de este hecho, procuró matar a Moisés. Pero Moisés huyó de la presencia del faraón y se fue a la tierra de Madián, y se sentó junto a un pozo.

El sacerdote de Madián tenía siete hijas, quienes fueron a sacar agua para llenar los abrevaderos y dar de beber a las ovejas de su padre.

Pero vinieron unos pastores y las echaron. Entonces Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a sus ovejas.

Cuando ellas volvieron a Reuel su padre, él les preguntó: —¿Por qué habéis vuelto tan pronto hoy?

Ellas le respondieron: —Un hombre egipcio nos libró de mano de los pastores, y también nos sacó agua y dio de beber a las ovejas.

El preguntó a sus hijas: —¿Y dónde está? ¿Por qué habéis abandonado a este hombre? Llamadlo para que coma algo.

Moisés aceptó vivir con aquel hombre, y él dio su hija Séfora a Moisés.

Ella dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Gersón, porque dijo: “Fui forastero en tierra extranjera.”

Aconteció después de muchos años que el rey de Egipto murió. Los hijos de Israel gemían a causa de la esclavitud y clamaron a Dios, y el clamor de ellos a causa de su esclavitud subió a Dios.

Dios oyó el gemido de ellos y se acordó de su pacto con Abraham, con Isaac y con Jacob.

Dios miró a los hijos de Israel y reconoció su condición.

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Llamamiento de Moisés

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Llamamiento de Moisés (2:3:1 - 2:4:17)

Apacentando Moisés las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, guió las ovejas más allá del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios.

Entonces se le apareció el ángel de Jehovah en una llama de fuego en medio de una zarza. El observó y vio que la zarza ardía en el fuego, pero la zarza no se consumía.

Entonces Moisés pensó: “Iré, pues, y contemplaré esta gran visión; por qué la zarza no se consume.”

Cuando Jehovah vio que él se acercaba para mirar, lo llamó desde en medio de la zarza diciéndole: —¡Moisés, Moisés! Y él respondió: —Heme aquí.

Dios le dijo: —No te acerques aquí. Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde tú estás tierra santa es.

Yo soy el Dios de tus padres: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Y le dijo Jehovah: —Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus sufrimientos.

Yo he descendido para librarlos de la mano de los egipcios y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y amplia, una tierra que fluye leche y miel, al lugar de los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos.

Y ahora, he aquí que el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí; también he visto la opresión con que los oprimen los egipcios.

Pero ahora, vé, pues yo te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel.

Entonces Moisés dijo a Dios: —¿Quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?

El respondió: —Ciertamente yo estaré contigo. Esto te servirá como señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios en este monte.

Moisés dijo a Dios: —Supongamos que yo voy a los hijos de Israel y les digo: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.” Si ellos me preguntan: “¿Cuál es su nombre?,” ¿qué les responderé?

Dios dijo a Moisés: —YO SOY EL QUE SOY. —Y añadió—: Así dirás a los hijos de Israel: “YO SOY me ha enviado a vosotros.”

—Dios dijo además a Moisés—: Así dirás a los hijos de Israel: “JEHOVAH, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros.” Este es mi nombre para siempre; éste será el nombre con que seré recordado de generación en generación.

Vé, reúne a los ancianos de Israel y diles: “Jehovah, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: De cierto yo os he visitado y he visto lo que se os ha hecho en Egipto.

Y he dicho que yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra de los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos; a una tierra que fluye leche y miel.”

Ellos escucharán tu voz, y tú irás con los ancianos de Israel al rey de Egipto, y le diréis: “Jehovah, el Dios de los hebreos, ha venido a nuestro encuentro. Ahora permite que vayamos al desierto, a tres días de camino, para ofrecer sacrificios a Jehovah nuestro Dios.”

Yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sin que una poderosa mano lo obligue.

Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y después de esto os dejará ir.

También daré a este pueblo gracia ante los ojos de los egipcios, de modo que cuando salgáis no os vayáis con las manos vacías.

Cada mujer pedirá a su vecina y a la que habita en su casa, objetos de plata, objetos de oro y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos e hijas. Así despojaréis a los egipcios.

Entonces respondió Moisés y dijo: —¿Y si ellos no me creen ni escuchan mi voz, sino que dicen: “No se te ha aparecido Jehovah”?

Jehovah le preguntó: —¿Qué es eso que tienes en tu mano? El respondió: —Una vara.

Y él le dijo: —Tírala al suelo. El la tiró al suelo, y se convirtió en una serpiente. Y Moisés huía de ella.

Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Extiende tu mano y agárrala por la cola. El extendió su mano y la agarró, y volvió a ser vara en su mano.

—Esto es para que crean que se te ha aparecido Jehovah, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.

—Jehovah también le dijo—: Mete tu mano en tu seno. El metió su mano en su seno, y al sacarla, he aquí que su mano estaba leprosa, blanca como la nieve.

Entonces le dijo: —Vuelve a meter tu mano en tu seno. El volvió a meter su mano en su seno; y al volver a sacarla de su seno, he aquí que volvió a ser como el resto de su carne.

—Y sucederá que si no te creen ni te escuchan a la primera señal, te creerán a la segunda señal.

Y sucederá que si no te creen a estas dos señales ni escuchan tu voz, tomarás agua del Nilo y la derramarás en tierra seca. El agua que tomarás del Nilo se convertirá en sangre sobre la tierra seca.

Entonces Moisés dijo a Jehovah: —Oh Señor, yo jamás he sido hombre de palabras, ni antes ni desde que tú hablas con tu siervo. Porque yo soy tardo de boca y de lengua.

Jehovah le respondió: —¿Quién ha dado la boca al hombre? ¿Quién hace al mudo y al sordo, al que ve con claridad y al que no puede ver? ¿No soy yo, Jehovah?

Ahora pues, vé; y yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que has de decir.

Y él dijo: —¡Oh Señor; por favor, envía a otra persona!

Entonces el furor de Jehovah se encendió contra Moisés, y le dijo: —¿No conozco yo a tu hermano Aarón el levita? Yo sé que él habla bien. He aquí que él viene a tu encuentro; y al verte, se alegrará en su corazón.

Tú le hablarás y pondrás en su boca las palabras. Yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.

El hablará por ti al pueblo y será para ti como boca, y tú serás para él como Dios.

Lleva en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.

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Moisés vuelve a Egipto

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Pentateuco > Éxodo > Moisés vuelve a Egipto (2:4:18 - 2:4:31)

Entonces Moisés se fue y volvió a donde estaba su suegro Jetro y le dijo: —Permite que yo vaya y vuelva a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún están vivos. Y Jetro dijo a Moisés: —Vé en paz.

Jehovah dijo también a Moisés en Madián: —Vé, vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban matarte.

Entonces Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los puso sobre un asno y regresó a la tierra de Egipto. Moisés tomó también en su mano la vara de Dios.

Y Jehovah dijo a Moisés: —Cuando estés de regreso en Egipto, haz en presencia del faraón todas las señales que he puesto en tu mano. Sin embargo, yo endureceré su corazón, y él no dejará ir al pueblo.

Entonces dirás al faraón: “Así ha dicho Jehovah: Israel es mi hijo, mi primogénito.

Yo te digo que dejes ir a mi hijo para que me sirva. Si rehúsas dejarlo ir, he aquí que yo mataré a tu hijo, a tu primogénito.”

Aconteció en el camino, en una posada, que Jehovah le salió al encuentro y procuró matarlo.

Entonces Séfora tomó un pedernal afilado, cortó el prepucio de su hijo y tocó con él los pies de Moisés, diciendo: —¡De veras, tú eres para mí un esposo de sangre!

Entonces le dejó. Ella había dicho “esposo de sangre” a causa de la circuncisión.

Entonces Jehovah dijo a Aarón: —Vé al desierto, al encuentro de Moisés. El fue y lo encontró en el monte de Dios, y lo besó.

Entonces Moisés refirió a Aarón todas las palabras que Jehovah le enviaba a decir y todas las señales que le mandaba hacer.

Moisés y Aarón fueron, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel.

Aarón relató todas las cosas que Jehovah había dicho a Moisés, y éste hizo las señales ante los ojos del pueblo.

El pueblo creyó; y al oír que Jehovah había visitado a los hijos de Israel y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

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