San Lucas

Profecía de Zacarías

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Lucas > Profecía de Zacarías (42:1:67 - 42:1:80)

Zacarías, su padre, fue lleno del Espíritu Santo y profetizó diciendo:

—Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

Ha levantado para nosotros un cuerno de salvación en la casa de su siervo David,

tal como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde antiguo:

Salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecen,

para hacer misericordia con nuestros padres y para acordarse de su santo pacto.

Este es el juramento que juró a Abraham nuestro padre, para concedernos que,

una vez rescatados de las manos de los enemigos, le sirvamos sin temor,

en santidad y en justicia delante de él todos nuestros días.

Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo; porque irás delante del Señor para preparar sus caminos;

para dar a su pueblo conocimiento de salvación en el perdón de sus pecados;

a causa de la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que la luz de la aurora nos visitará de lo alto;

para alumbrar a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por caminos de paz.

Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu, y estaba en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.

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Nacimiento de Jesús

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Lucas > Nacimiento de Jesús (42:2:1 - 42:2:7)

Aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de César Augusto, para levantar un censo de todo el mundo habitado.

Este primer censo se realizó mientras Cirenio era gobernador de Siria.

Todos iban para inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad.

Entonces José también subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, porque él era de la casa y de la familia de David,

para inscribirse con María, su esposa, quien estaba encinta.

Aconteció que, mientras ellos estaban allí, se cumplieron los días de su alumbramiento,

y dio a luz a su hijo primogénito. Le envolvió en pañales, y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

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Los ángeles y los pastores

Los angeles y los pastores 1
Enviado por TuBiblia

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Lucas > Los ángeles y los pastores (42:2:8 - 42:2:20)

Había pastores en aquella región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.

Y un ángel del Señor se presentó ante ellos, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y temieron con gran temor.

Pero el ángel les dijo: —No temáis, porque he aquí os doy buenas nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

que hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor.

Y esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

De repente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:

—¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad!

Aconteció que, cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se decían unos a otros: —Pasemos ahora mismo hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha dado a conocer.

Fueron de prisa y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

Al verle, dieron a conocer lo que les había sido dicho acerca de este niño.

Todos los que oyeron se maravillaron de lo que los pastores les dijeron;

pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como les había sido dicho.

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Presentación de Jesús en el templo

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Lucas > Presentación de Jesús en el templo (42:2:21 - 42:2:38)

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre Jesús, nombre que le fue puesto por el ángel antes que él fuese concebido en el vientre.

Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos conforme a la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarle al Señor

(así como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abre la matriz será llamado santo al Señor)

y para dar la ofrenda conforme a lo dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones de paloma.

He aquí, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre era justo y piadoso; esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él.

A él le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viera al Cristo del Señor.

Movido por el Espíritu, entró en el templo; y cuando los padres trajeron al niño Jesús para hacer con él conforme a la costumbre de la ley,

Simeón le tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:

—Ahora, Soberano Señor, despide a tu siervo en paz conforme a tu palabra;

porque mis ojos han visto tu salvación

que has preparado en presencia de todos los pueblos:

luz para revelación de las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

Su padre y su madre se maravillaban de las cosas que se decían de él.

Y Simeón los bendijo y dijo a María su madre: —He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel y para señal que será contradicha,

para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones. Y una espada traspasará tu misma alma.

También estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su matrimonio;

y había quedado como viuda hasta ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones de noche y de día.

En la misma hora acudió al templo y daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.

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El regreso a Nazaret

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Lucas > El regreso a Nazaret (42:2:39 - 42:2:40)

Cuando cumplieron con todos los requisitos de la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

El niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

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