Dios ordena a Abraham que sacrifique a Isaac

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Dios ordena a Abraham que sacrifique a Isaac (1:22:1 - 1:22:24)

Aconteció después de estas cosas que Dios probó a Abraham, diciéndole: —Abraham. El respondió: —Heme aquí.

Y le dijo: —Toma a tu hijo, a tu único, a Isaac a quien amas. Vé a la tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

Abraham se levantó muy de mañana. Enalbardó su asno, tomó consigo a dos de sus siervos jóvenes y a Isaac su hijo. Partió leña para el holocausto, y levantándose, fue al lugar que Dios le dijo.

Al tercer día Abraham alzó sus ojos y divisó el lugar de lejos.

Entonces Abraham dijo a sus siervos: —Esperad aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros.

Abraham tomó la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo. El tomó en la mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos.

Entonces Isaac dijo a Abraham su padre: —Padre mío Y él respondió: —Heme aquí, hijo mío. Le dijo: —He aquí el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?

Abraham respondió: —Dios mismo proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío. E iban los dos juntos.

Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, Abraham edificó allí un altar. Arregló la leña, ató a Isaac su hijo y lo puso sobre el altar encima de la leña.

Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.

Entonces el ángel de Jehovah llamó desde el cielo diciendo: —¡Abraham! ¡Abraham! El respondió: —Heme aquí.

Y le dijo: —No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada, porque ahora conozco que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único.

Entonces Abraham alzó la vista y miró, y he aquí que detrás de sí estaba un carnero trabado por sus cuernos en un matorral. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

Abraham llamó el nombre de aquel lugar Jehovah-yireh. Por eso se dice hasta hoy: “En el monte de Jehovah será provisto.”

El ángel de Jehovah llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo,

y le dijo: —He jurado por mí mismo, dice Jehovah, que porque has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único,

de cierto te bendeciré y en gran manera multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está en la orilla del mar. Tu descendencia poseerá las ciudades de sus enemigos.

En tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste mi voz.

Abraham regresó a sus siervos, y levantándose se fueron juntos a Beerseba. Y Abraham habitó en Beerseba.

Aconteció después de estas cosas que le informaron a Abraham, diciendo: “He aquí que también Milca le ha dado a luz hijos a Nacor tu hermano:

Uz su primogénito, su hermano Buz, Quemuel padre de Aram,

Quesed, Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel.

(Betuel engendró a Rebeca.)” Milca dio a luz estos ocho hijos a Nacor, hermano de Abraham.

Y su concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz también a Tébaj, a Gajam, a Tajas y a Maaca.



Muerte y sepultura de Sara

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Muerte y sepultura de Sara (1:23:1 - 1:23:20)

La vida de Sara fue de 127 años; éstos fueron los años de Sara.

Sara murió en Quiriat-arba, es decir, Hebrón, en la tierra de Canaán, y Abraham vino a hacer duelo por Sara y a llorarla.

Abraham se levantó de delante de su difunta y se fue para hablar con los hijos de Het. Y les dijo:

—Yo soy forastero y advenedizo entre vosotros. Permitidme tener entre vosotros una propiedad para sepultura, y que sepulte allí a mi difunta.

Los hijos de Het respondieron a Abraham diciéndole:

—Escúchanos, señor nuestro: Tú eres un príncipe de Dios entre nosotros. Sepulta a tu difunta en el mejor de nuestros sepulcros. Ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que sepultes a tu difunta.

Pero Abraham se levantó, e inclinándose ante el pueblo de aquella tierra, los hijos de Het,

habló con ellos diciendo: —Si tenéis a bien que yo sepulte allí a mi difunta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón hijo de Zojar,

para que me dé la cueva de Macpela que está en el extremo de su campo. Que por su justo precio me la dé como propiedad para sepultura en medio de vosotros.

Efrón estaba sentado entre los hijos de Het. Y Efrón el heteo respondió a Abraham en presencia de los hijos de Het y de todos cuantos entraban por las puertas de la ciudad, diciendo:

—No, señor mío. Escúchame: Yo te doy el campo y te doy la cueva que hay en él. En presencia de los hijos de mi pueblo te lo doy; sepulta a tu difunta.

Pero Abraham se inclinó ante el pueblo de la tierra.

Y respondió a Efrón en presencia del pueblo de la tierra, diciendo: —Más bien, te ruego que me escuches: Yo te daré dinero por el campo. Tómamelo, y yo sepultaré allí a mi difunta.

Efrón respondió a Abraham diciéndole:

—Señor mío, escúchame: La tierra vale 400 siclos de plata. ¿Qué es esto entre tú y yo? Sepulta, pues, a tu difunta.

Entonces Abraham escuchó a Efrón, y en presencia de los hijos de Het, pesó para Efrón la plata que éste le dijo: 400 siclos de plata de buena ley entre mercaderes.

Así el campo de Efrón que estaba en Macpela, frente a Mamre, tanto el campo como la cueva que había en él, junto con todos los árboles que había en el campo y en sus contornos, pasó

a ser propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het, de todos los que entraban por las puertas de su ciudad.

Después de esto, Abraham sepultó a Sara su mujer en la cueva del campo en Macpela, frente a Mamre, es decir, Hebrón, en la tierra de Canaán.

Así Abraham adquirió de los hijos de Het el campo y la cueva que había en él, como una propiedad para sepultura.



Abraham busca esposa para Isaac

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Abraham busca esposa para Isaac (1:24:1 - 1:24:67)

Abraham era ya anciano y muy avanzado en años, y Jehovah había bendecido a Abraham en todo.

Entonces Abraham dijo a un siervo suyo, el más viejo de su casa y que administraba todo lo que tenía: —Por favor, pon tu mano debajo de mi muslo,

y te haré jurar por Jehovah, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo una mujer de las hijas de los cananeos entre los cuales habito.

Más bien, irás a mi tierra, a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.

Su siervo le respondió: —Quizás la mujer no quiera venir conmigo a esta tierra. ¿He de hacer volver a tu hijo a la tierra de donde saliste?

Abraham le dijo: —Guárdate, no sea que hagas volver a mi hijo allá.

Jehovah, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi nacimiento, y que me habló y me juró diciendo: “A tu descendencia daré esta tierra,” él enviará su ángel delante de ti, y tú tomarás de allí una mujer para mi hijo.

Pero si la mujer no quiere venir contigo, tú quedarás libre de este juramento mío. Solamente que no hagas volver allá a mi hijo.

Entonces el siervo puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este asunto.

Y el siervo tomó diez de los camellos de su señor, y se fue llevando consigo toda clase de cosas preciadas de su señor. Partió y se fue a Siria mesopotámica, a la ciudad de Nacor,

e hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua. Era la hora del atardecer, cuando las jóvenes salían para sacar agua.

Y dijo: —Oh Jehovah, Dios de mi señor Abraham, por favor, haz que hoy ocurra algo en mi presencia. Muestra bondad para mi señor Abraham.

He aquí que yo estoy junto al manantial de agua, y las hijas de los hombres de la ciudad vendrán para sacar agua.

Sea, pues, que la joven a quien yo diga: “Por favor, baja tu cántaro para que yo beba,” y ella responda: “Bebe tú, y también daré de beber a tus camellos”; sea ella la que tú has destinado para tu siervo, para Isaac. En esto conoceré que has tenido misericordia de mi señor.

Y aconteció que cuando él aún no había acabado de hablar, he aquí que con su cántaro sobre el hombro, venía Rebeca, que le había nacido a Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham.

La joven era muy hermosa; era virgen, a quien ningún hombre había conocido. Ella descendió al manantial, llenó su cántaro y subía.

Entonces el siervo corrió hacia ella y le dijo: —Por favor, dame de beber un poco de agua de tu cántaro.

Y ella respondió: —Bebe, señor mío. Se apresuró a bajar su cántaro a su mano y le dio de beber.

Cuando acabó de darle de beber, agregó: —También sacaré agua para tus camellos, hasta que acaben de beber.

Se dio prisa, vació su cántaro en el abrevadero y corrió otra vez al pozo para sacar agua. Y sacó para todos sus camellos.

El hombre la observaba en silencio para saber si Jehovah había dado éxito a su viaje o no.

Cuando los camellos acabaron de beber, el hombre le obsequió un pendiente de oro que pesaba medio siclo y dos brazaletes de oro para sus brazos, que pesaban diez siclos.

Y le preguntó: —¿De quién eres hija? Dime, por favor, ¿habrá lugar en la casa de tu padre donde podamos alojarnos?

Ella respondió: —Yo soy hija de Betuel, hijo de Milca, el cual ella dio a luz a Nacor.

—Y añadió—: También en nuestra casa hay paja y mucho forraje, y lugar para alojarse.

Entonces el hombre se inclinó y adoró a Jehovah

diciendo: —¡Bendito sea Jehovah, Dios de mi señor Abraham, que no apartó de mi señor su misericordia y su verdad! En el camino Jehovah me guió hacia la casa de los hermanos de mi señor.

La joven corrió y contó estas cosas en la casa de su madre.

Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera hacia el hombre, hacia el manantial.

Sucedió que cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, y oyó las palabras de su hermana Rebeca, que decía: “Así me habló aquel hombre,” vino a él, y he aquí que él estaba junto a los camellos, al lado del manantial.

Y le dijo: —Ven, bendito de Jehovah. ¿Por qué estás ahí fuera? Yo he preparado la casa y el lugar para los camellos.

Entonces el hombre fue a la casa. Labán descargó los camellos y les dio paja y forraje. Luego trajo agua para lavar los pies de él y los pies de los hombres que venían con él.

También puso comida delante de él, pero él dijo: —No comeré hasta que haya dicho lo que tengo que decir. Labán le dijo: —Habla.

Entonces dijo: —Yo soy siervo de Abraham.

Jehovah ha bendecido mucho a mi señor, y él se ha enriquecido. Le ha dado ovejas, vacas, plata, oro, siervos, siervas, camellos y asnos.

Y Sara, mujer de mi señor, dio a luz en su vejez un hijo a mi señor, quien le ha dado a él todo lo que tiene.

Y mi señor me hizo jurar diciendo: “No tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos en cuya tierra habito.

Más bien, irás a la casa de mi padre, a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo.”

Yo dije a mi señor: “Quizás la mujer no quiera venir conmigo.”

Entonces me respondió: “Jehovah, en cuya presencia he caminado, enviará su ángel contigo, y él dará éxito a tu viaje. Tú tomarás una mujer para mi hijo, de mi familia, de la casa de mi padre.

Entonces, cuando hayas llegado a mi familia, quedarás libre de mi juramento; y aunque no te la den, también quedarás libre de mi juramento.”

Llegué, pues, hoy al manantial y dije: “Jehovah, Dios de mi señor Abraham, por favor, si has de dar éxito a mi viaje en el cual ando,

he aquí que yo estoy junto al manantial de agua. Que la joven que venga para sacar agua y a quien yo diga: Por favor, dame de beber un poco de agua de tu cántaro,

y ella me responda: Bebe tú, y también sacaré agua para tus camellos, que sea ella la mujer que Jehovah ha destinado para el hijo de mi señor.”

Y antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí que Rebeca venía con su cántaro sobre su hombro. Luego descendió al manantial y sacó agua. Entonces le dije: “Por favor, dame de beber.”

Y ella bajó rápidamente su cántaro de encima de su hombro y dijo: “Bebe tú, y también daré de beber a tus camellos.” Yo bebí, y ella también dio de beber a mis camellos.

Entonces le pregunté: “¿De quién eres hija?” Y ella respondió: “Soy hija de Betuel hijo de Nacor, que le dio a luz Milca.” Yo puse el pendiente en su nariz y los brazaletes en sus brazos.

Y me incliné y adoré a Jehovah. Bendije a Jehovah, Dios de mi señor Abraham, que me guió por el camino acertado para tomar la hija del hermano de mi señor, para su hijo.

Ahora pues, si vosotros vais a mostrar misericordia y verdad para con mi señor, declarádmelo. Si no, declarádmelo también, y yo me iré a la derecha o a la izquierda.

Entonces Labán y Betuel respondieron diciendo: —¡De Jehovah procede esto! No podemos decirte si es malo o si es bueno.

He aquí que Rebeca está delante de ti; tómala y vete. Sea ella la mujer del hijo de tu señor, como ha dicho Jehovah.

Y aconteció que cuando el siervo de Abraham oyó sus palabras, se postró a tierra delante de Jehovah.

Luego sacó objetos de plata, objetos de oro y vestidos, y se los dio a Rebeca. También dio obsequios preciosos a su hermano y a su madre.

Después comieron y bebieron él y los hombres que habían venido con él, y pasaron la noche. Y levantándose de mañana, dijo: —Permitidme regresar a mi señor.

Entonces respondieron su hermano y su madre: —Que la joven espere siquiera unos diez días más con nosotros, y después irá.

Pero él les dijo: —No me hagáis demorar; ya que Jehovah ha dado éxito a mi viaje, dejadme ir para que vaya a mi señor.

Ellos le respondieron: —Llamemos a la joven y preguntémosle lo que piensa.

Llamaron a Rebeca y le preguntaron: —¿Irás tú con este hombre? Ella les respondió: —Sí, iré.

Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, a su nodriza, al siervo de Abraham y a sus hombres.

Y bendijeron a Rebeca diciéndole: —Tú eres nuestra hermana. Que seas madre de millares de decenas de millares. Que tus descendientes posean las ciudades de sus enemigos.

Entonces se levantaron Rebeca y sus criadas, subieron a los camellos y siguieron al hombre. El siervo tomó a Rebeca y se fue.

Aconteció que Isaac venía del pozo Beer-lajai-roí, porque habitaba en el Néguev.

Hacia el atardecer Isaac había salido al campo para meditar, y alzando sus ojos miró, y he aquí unos camellos que venían.

También Rebeca alzó sus ojos, vio a Isaac y descendió del camello.

Porque había preguntado al siervo: “¿Quién es ese hombre que viene por el campo hacia nosotros?,” y el siervo había respondido: “El es mi señor.” Entonces ella tomó el velo y se cubrió.

El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho.

Luego Isaac la introdujo en la tienda de Sara, su madre, y tomó a Rebeca, que vino a ser su mujer; y él la amó. Así se consoló Isaac después de la muerte de su madre.



Los descendientes de Abraham y Cetura

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Los descendientes de Abraham y Cetura (1:25:1 - 1:25:6)

Abraham tomó otra mujer cuyo nombre era Quetura.

Ella le dio a luz a Zimrán, a Jocsán, a Medán, a Madián, a Isbac y a Súaj.

Jocsán engendró a Seba y a Dedán. Los hijos de Dedán fueron los asureos, los letusitas y los leumitas.

Los hijos de Madián fueron: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Eldaa. Todos éstos fueron hijos de Quetura.

Abraham dio a Isaac todo lo que tenía,

pero a los hijos de sus concubinas les dio obsequios. Y mientras él vivía, los apartó de su hijo Isaac, enviándolos al este, a la tierra del oriente.



Muerte y sepultura de Abraham

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Muerte y sepultura de Abraham (1:25:7 - 1:25:11)

Los años de la vida de Abraham fueron 175.

Y falleció Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue reunido a su pueblo.

Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpela, en el campo que perteneciera a Efrón hijo de Zojar el heteo, que está frente a Mamre,

campo que Abraham había comprado a los hijos de Het. Allí fue sepultado Abraham con Sara su mujer.

Sucedió después de la muerte de Abraham, que Dios bendijo a su hijo Isaac. Y habitaba Isaac junto al pozo de Beer-lajai-roí.



Los descendientes de Ismael

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Los descendientes de Ismael (1:25:12 - 1:25:18)

Estos son los descendientes de Ismael hijo de Abraham, que le dio a luz Agar la egipcia, sierva de Sara.

Estos son los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres, según sus descendientes: El primogénito de Ismael fue Nebayot. Después nacieron Quedar, Adbeel, Mibsam,

Misma, Duma, Masá,

Hadad, Tema, Jetur, Nafis y Quedema.

Estos fueron los hijos de Ismael y sus nombres según sus aldeas y campamentos: doce jefes según sus naciones.

Los años de la vida de Ismael fueron 137, y falleció y fue reunido a su pueblo.

Y sus descendientes habitaron desde Havila hasta Shur, que está frente a Egipto, en dirección de Asur. Se estableció, pues, frente a todos sus hermanos.



Nacimiento de Jacob y Esaú

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Nacimiento de Jacob y Esaú (1:25:19 - 1:25:26)

Esta es la historia de Isaac hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac.

Isaac tenía 40 años cuando tomó por mujer a Rebeca hija de Betuel el arameo, de Padan-aram, y hermana de Labán el arameo.

Isaac rogó a Jehovah por su mujer, que era estéril. Jehovah accedió a su ruego, y Rebeca su mujer concibió.

Como los hijos se empujaban dentro de ella, dijo: —Si es así, ¿para qué he de vivir? Ella fue a consultar a Jehovah,

y Jehovah le dijo: —Dos naciones hay en tu vientre, y dos pueblos que estarán separados desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor.

Cuando se cumplió el tiempo de dar a luz, he aquí que había mellizos en su vientre.

Y salió el primero, rojizo y todo velludo como una túnica de pieles, y llamaron su nombre Esaú.

Después salió su hermano, con su mano asida al talón de Esaú, y llamaron su nombre Jacob. Isaac tenía 60 años de edad cuando ella los dio a luz.



Esaú vende su primogenitura

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Esaú vende su primogenitura (1:25:27 - 1:25:34)

Los niños crecieron, y Esaú llegó a ser experto en la caza, hombre del campo. Jacob, por su lado, era hombre tranquilo y solía permanecer en las tiendas.

Isaac prefería a Esaú, porque comía de su caza; pero Rebeca prefería a Jacob.

Cierto día Jacob preparó un guisado. Y cuando Esaú volvía del campo, cansado,

dijo a Jacob: —Por favor, invítame a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por eso fue llamado su nombre Edom.

Y Jacob respondió: —Véndeme primero tu primogenitura.

Entonces Esaú dijo: —He aquí que yo me voy a morir; ¿de qué, pues, me servirá la primogenitura?

Dijo Jacob: —¡Júramelo ahora! El se lo juró y vendió a Jacob su primogenitura.

Entonces Jacob dio a Esaú pan y guisado de lentejas. El comió y bebió, y levantándose, se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.



Isaac en Gerar

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Isaac en Gerar (1:26:1 - 1:26:35)

Hubo hambre en el país, además de la primera que hubo en los días de Abraham. E Isaac se dirigió a Abimelec, rey de los filisteos, en Gerar.

Y se le apareció Jehovah y le dijo: —No desciendas a Egipto. Habita en la tierra que yo te diré.

Reside en esta tierra. Yo estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tus descendientes os daré todas estas tierras. Así cumpliré el juramento que hice a tu padre Abraham.

Yo multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras. Y en tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra,

porque Abraham obedeció mi voz y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis instrucciones.

Habitó, pues, Isaac en Gerar.

Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer. El respondió: —Es mi hermana. Tuvo miedo de decir: “Es mi mujer,” pues pensó: “No sea que los hombres del lugar me maten a causa de Rebeca.” Porque ella era hermosa.

Sucedió después de estar allí muchos días, que Abimelec, rey de los filisteos, miró por una ventana y vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su mujer.

Entonces Abimelec llamó a Isaac y le dijo: —¡He aquí, de veras ella es tu mujer! ¿Por qué, pues, dijiste: “Es mi hermana”? Isaac le respondió: —Es que pensé que quizás moriría a causa de ella.

Abimelec le dijo: —¿Por qué nos has hecho esto? Por poco pudiera haber dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros culpabilidad.

Entonces Abimelec dio órdenes a todo el pueblo diciendo: —El que toque a este hombre o a su mujer, morirá irremisiblemente.

Isaac sembró en aquella tierra, y aquel año obtuvo ciento por uno. Jehovah lo bendijo,

y el hombre se enriqueció y continuó enriqueciéndose hasta llegar a ser muy rico.

Tenía rebaños de ovejas, hatos de vacas y abundancia de siervos, de modo que los filisteos le tenían envidia.

Los filisteos cegaron y llenaron de tierra todos los pozos que habían abierto los siervos de su padre Abraham, en sus días.

Entonces Abimelec dijo a Isaac: —Aléjate de nosotros, porque te has hecho más poderoso que nosotros.

Isaac se fue de allí, asentó sus tiendas junto al arroyo de Gerar y habitó allí.

Isaac volvió a abrir los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham. Y él los llamó con los mismos nombres con que su padre los había llamado.

Después los siervos de Isaac cavaron en el valle y descubrieron un pozo de aguas vivas.

Y los pastores de Gerar contendieron con los pastores de Isaac, diciendo: —El agua es nuestra. Por eso llamó al pozo Esec, porque allí riñeron con él.

Abrieron otro pozo, y también contendieron por él. Y llamó su nombre Sitna.

Se alejó de allí y abrió otro pozo, y no contendieron por él. El llamó su nombre Rejobot diciendo: —Porque ahora Jehovah nos ha hecho ensanchar, y seremos fecundos en la tierra.

De allí fue a Beerseba.

Y aquella noche se le apareció Jehovah y le dijo: —Yo soy el Dios de tu padre Abraham; no temas, porque yo estoy contigo. Yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor de mi siervo Abraham.

El edificó allí un altar, invocó el nombre de Jehovah e instaló allí su tienda. También allí los siervos de Isaac excavaron un pozo.

Entonces fue a él Abimelec, desde Gerar, acompañado por Ajuzat, amigo suyo, y Ficol, jefe de su ejército.

E Isaac les dijo: —¿Por qué venís a mí, vosotros que me habéis aborrecido y me habéis echado de en medio de vosotros?

Ellos respondieron: —Claramente hemos visto que Jehovah está contigo y dijimos: “Por favor, haya un juramento solemne entre nosotros, entre tú y nosotros.” Hagamos una alianza contigo

de que no nos harás daño, como nosotros no te hemos tocado y como sólo te hemos hecho bien y te despedimos en paz. Tú eres ahora bendito de Jehovah.

Entonces él les hizo un banquete, y comieron y bebieron.

Después se levantaron temprano, e hicieron juramento el uno al otro. Luego Isaac los despidió, y ellos se alejaron de él en paz.

Aconteció que aquel mismo día vinieron los siervos de Isaac y le dieron noticias acerca del pozo que habían excavado. Y le dijeron: —¡Hemos hallado agua!

El lo llamó Seba. Por esta razón el nombre de la ciudad es Beerseba hasta el día de hoy.

Cuando Esaú tenía 40 años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri el heteo, y a Basemat hija de Elón el heteo.

Estas fueron amargura de espíritu para Isaac y Rebeca.



Jacob obtiene la bendición de Isaac

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Jacob obtiene la bendición de Isaac (1:27:1 - 1:27:40)

Aconteció que cuando Isaac había envejecido, sus ojos se debilitaron, y no podía ver. Entonces llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: —Hijo mío. El respondió: —Heme aquí.

Le dijo: —He aquí, yo ya soy viejo y no sé el día de mi muerte.

Toma, pues, ahora tu equipo, tu aljaba y tu arco, y vé al campo a cazar algo para mí.

Luego hazme un potaje como a mí me gusta. Tráemelo para que coma, y yo te bendiga antes que muera.

Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esaú. Cuando Esaú fue al campo para cazar lo que había de traer,

Rebeca habló a su hijo Jacob diciendo: —He aquí, he oído a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú, diciendo:

“Caza para mí y hazme un potaje para que coma y te bendiga en presencia de Jehovah, antes de mi muerte.”

Ahora pues, hijo mío, obedéceme en lo que te mando:

Vé al rebaño y tráeme de allí dos buenos cabritos; y yo haré con ellos un potaje para tu padre, como a él le gusta.

Tú se lo llevarás a tu padre; y comerá, para que te bendiga antes de su muerte.

Jacob dijo a Rebeca su madre: —He aquí que Esaú mi hermano es hombre velludo, y yo soy lampiño.

Quizás me palpe mi padre y me tenga por un farsante, y traiga sobre mí una maldición en vez de una bendición.

Su madre le respondió: —Hijo mío, sobre mí recaiga tu maldición. Tú solamente obedéceme; vé y tráemelos.

Entonces él fue, tomó los cabritos y se los trajo a su madre. Y ella hizo un potaje como le gustaba a su padre.

Luego Rebeca tomó la ropa más preciada de Esaú, su hijo mayor, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor.

Y puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre el cuello, donde no tenía vello.

Luego puso el potaje y el pan, que había preparado, en las manos de Jacob su hijo.

Y él fue a su padre y le dijo: —Padre mío. El respondió: —Heme aquí. ¿Quién eres, hijo mío?

Jacob respondió a su padre: —Yo soy Esaú, tu primogénito. He hecho lo que me dijiste. Por favor, levántate, siéntate y come de mi caza, para que tú me bendigas.

Entonces Isaac preguntó a su hijo: —¿Cómo es que pudiste hallarla tan pronto, hijo mío? El respondió: —Porque Jehovah tu Dios hizo que se encontrase delante de mí.

E Isaac dijo a Jacob: —Por favor, acércate y te palparé, hijo mío, a ver si tú eres mi hijo Esaú, o no.

Jacob se acercó a su padre Isaac, quien le palpó y dijo: —La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú.

No lo pudo reconocer, porque sus manos parecían tan velludas como las manos de su hermano Esaú, y lo bendijo.

Le preguntó: —¿Eres tú realmente mi hijo Esaú? El respondió: —Sí, yo soy.

Le dijo: —Acércamela; comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga. Jacob se la acercó, e Isaac comió. Le trajo también vino, y bebió.

Entonces le dijo su padre Isaac: —Acércate, por favor, y bésame, hijo mío.

El se acercó y lo besó. Y al percibir Isaac el olor de su ropa, lo bendijo diciendo: —He aquí, el olor de mi hijo es como el olor del campo que Jehovah ha bendecido.

Dios te dé del rocío del cielo y de lo más preciado de la tierra: trigo y vino en abundancia.

Que los pueblos te sirvan, y las naciones se postren ante ti. Sé señor de tus hermanos, y póstrense ante ti los hijos de tu madre. Sean malditos los que te maldigan, y benditos los que te bendigan.

Y sucedió luego que Isaac había terminado de bendecir a Jacob, y cuando apenas había salido Jacob de la presencia de su padre Isaac, que su hermano Esaú llegó de cazar.

El también hizo un potaje, lo llevó a su padre y le dijo: —Levántate, padre mío, y come de la caza de tu hijo, para que tú me bendigas.

Entonces su padre Isaac le preguntó: —¿Quién eres tú? El respondió. —Yo soy Esaú, tu hijo primogénito.

Isaac se estremeció fuertemente y dijo: —¿Quién, pues, es el que vino aquí, que cazó y me trajo de comer, y yo comí de todo antes de que tú vinieses? ¡Yo lo bendije, y será bendito!

Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, profirió un grito fuerte y muy amargo. Y dijo a su padre: —¡Bendíceme también a mí, padre mío!

El dijo: —Tu hermano vino con engaño y se llevó tu bendición.

El respondió: —¿No es cierto que llamaron su nombre Jacob? Pues ya me ha suplantado estas dos veces: Se llevó mi primogenitura, y he aquí que ahora también se ha llevado mi bendición. —Y añadió—: ¿No te queda una bendición para mí?

Isaac respondió y dijo a Esaú: —He aquí, yo lo he puesto por señor tuyo, y le he dado como siervos a todos sus hermanos. Le he provisto de trigo y de vino. ¿Qué, pues, haré por ti, hijo mío?

Esaú dijo a su padre: —¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? ¡Bendíceme también a mí, padre mío! Y Esaú alzó su voz y lloró.

Entonces respondió Isaac su padre y le dijo: —He aquí, será favorecido el lugar que habites con los más preciados productos de la tierra y con el rocío del cielo arriba.

De tu espada vivirás y a tu hermano servirás. Pero sucederá que cuando adquieras dominio, romperás su yugo de sobre tu cuello.