Dios bendice a Jacob en Bet-el

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Dios bendice a Jacob en Bet-el (1:35:1 - 1:35:15)

Entonces Dios dijo a Jacob: —Levántate, sube a Betel y quédate allí. Haz allí un altar a Dios, que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.

Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que le acompañaban: —Quitad los dioses extraños que hay entre vosotros. Purificaos y cambiad vuestros vestidos.

Levantémonos y subamos a Betel; allí haré un altar a Dios, que me respondió en el día de mi angustia y ha estado conmigo en el camino que he andado.

Así entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder, y los aretes de sus orejas, y Jacob los escondió al pie de la encina que había junto a Siquem.

Cuando partieron, el terror de Dios se apoderó de los habitantes de las ciudades de sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.

Jacob y toda la gente que le acompañaba llegaron a Luz, es decir, a Betel, en la tierra de Canaán,

y allí edificó un altar. Llamó al lugar El-betel, porque allí se le había revelado Dios cuando huía de su hermano.

Entonces murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Betel, debajo de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut.

Dios se apareció otra vez a Jacob después de haber regresado de Padan-aram, y le bendijo.

Le dijo Dios: “Tu nombre es Jacob, pero no se llamará más tu nombre Jacob. Tu nombre será Israel.” Y llamó su nombre Israel.

También le dijo Dios: “Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate. De ti procederán una nación y un conjunto de naciones; reyes saldrán de tus lomos.

La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, te la daré a ti; a tus descendientes después de ti, les daré la tierra.”

Dios se apartó de él, del lugar donde había hablado con él.

Entonces Jacob erigió una piedra en el lugar donde Dios había hablado con él, una piedra memorial. Sobre ella derramó una libación, y echó sobre ella aceite.

Jacob llamó Betel al lugar donde Dios había hablado con él.



Muerte de Raquel

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Muerte de Raquel (1:35:16 - 1:35:21)

Partieron de Betel, y faltando aún cierta distancia para llegar a Efrata, Raquel dio a luz tras un parto muy difícil.

Y aconteció que como había dificultad en su parto, le dijo la partera: —No temas, porque también tendrás este hijo.

Pero sucedió que al dar el último suspiro (porque murió), llamó el nombre de su hijo Benoní. Pero su padre lo llamó Benjamín.

Así murió Raquel y fue sepultada en el camino de Efrata, es decir, Belén.

Jacob puso sobre su sepulcro una piedra memorial. Este es el memorial del sepulcro de Raquel hasta hoy.

Israel partió e instaló su tienda más allá de Migdal-eder.



Los hijos de Jacob

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Los hijos de Jacob (1:35:22 - 1:35:26)

Y sucedió mientras habitaba Israel en aquella tierra, que Rubén fue y se acostó con Bilha, concubina de su padre. Y lo llegó a saber Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce:

Los hijos de Lea: Rubén, el primogénito de Jacob, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.

Los hijos de Raquel: José y Benjamín.

Los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí.

Los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob que le nacieron en Padan-aram.



Muerte de Isaac

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Muerte de Isaac (1:35:27 - 1:35:29)

Entonces Jacob fue a Isaac su padre, a Mamre, a Quiriat-arba, es decir, Hebrón, donde habían habitado Abraham e Isaac.

Fueron 180 los años de Isaac.

E Isaac falleció y fue reunido con su pueblo, anciano y lleno de años. Y sus hijos Jacob y Esaú lo sepultaron.



Los descendientes de Esaú

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Los descendientes de Esaú (1:36:1 - 1:36:43)

Estos son los descendientes de Esaú, el cual es Edom.

Esaú tomó a sus esposas de entre las mujeres de Canaán: a Ada hija de Elón el heteo, a Oholibama hija de Aná, hijo de Zibeón el heveo,

y a Basemat hija de Ismael, hermana de Nebayot.

De Esaú, Ada dio a luz a Elifaz; Basemat dio a luz a Reuel,

y Oholibama dio a luz a Jeús, a Jalam y a Coré. Estos son los hijos de Esaú que le nacieron en la tierra de Canaán.

Esaú tomó a sus mujeres, a sus hijos, a sus hijas, a todas las personas de su casa, sus rebaños, su ganado y todas las posesiones que había adquirido en la tierra de Canaán, y se fue a una tierra, lejos de Jacob su hermano;

porque los bienes de ellos eran muchos, y no podían habitar juntos. Tampoco podía mantenerlos la tierra en que habitaban, a causa de sus ganados.

Así habitó Esaú en la región montañosa de Seír. Esaú es Edom.

Estos fueron los descendientes de Esaú, padre de los edomitas, en la región montañosa de Seír;

éstos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú.

Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Zefo, Gatam y Quenaz.

Timna fue concubina de Elifaz hijo de Esaú, y ella le dio a luz a Amalec. Estos fueron los hijos de Ada, mujer de Esaú.

Los hijos de Reuel fueron: Najat, Zéraj, Sama y Miza. Estos fueron los hijos de Basemat, mujer de Esaú.

Los hijos de Oholibama, mujer de Esaú e hija de Aná, hijo de Zibeón, que ella dio a luz de Esaú, fueron: Jeús, Jalam y Coré.

Estos fueron los jefes de entre los hijos de Esaú: Los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, fueron: los jefes Temán, Omar, Zefo, Quenaz,

Coré, Gatam y Amalec. Estos fueron los jefes de Elifaz en la tierra de Edom, los cuales fueron hijos de Ada.

Estos fueron los hijos de Reuel hijo de Esaú: los jefes Najat, Zéraj, Sama y Miza. Estos fueron los jefes de la línea de Reuel en la tierra de Edom. Estos hijos le nacieron a Basemat, mujer de Esaú.

Estos fueron los hijos de Oholibama, mujer de Esaú: los jefes Jeús, Jalam y Coré. Estos fueron los jefes que nacieron a Oholibama, mujer de Esaú, hija de Aná.

Estos fueron, pues, los hijos de Esaú, el cual es Edom; y éstos fueron sus jefes.

Estos fueron los hijos de Seír el horeo, habitantes de aquella tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná,

Disón, Ezer y Disán. Estos fueron los jefes de los horeos, hijos de Seír, en la tierra de Edom.

Los hijos de Lotán fueron Hori y Hemam. Timna fue hermana de Lotán.

Los hijos de Sobal fueron: Alván, Manajat, Ebal, Sefo y Onam.

Los hijos de Zibeón fueron Ayías y Aná. Este Aná fue el que descubrió las aguas termales en el desierto, cuando apacentaba los asnos de su padre Zibeón.

Los hijos de Aná fueron Disón y Oholibama hija de Aná.

Los hijos de Disón fueron: Hemdán, Esbán, Itrán y Querán.

Los hijos de Ezer fueron: Bilhán, Zaaván y Acán.

Los hijos de Disán fueron Uz y Arán.

Estos fueron los jefes de los horeos: los jefes Lotán, Sobal, Zibeón, Aná,

Disón, Ezer Y Disán. Ellos fueron los jefes de los horeos, según sus jefaturas en la tierra de Seír.

Estos fueron los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que hubiese rey de los hijos de Israel:

Bela hijo de Beor reinó en Edom. El nombre de su ciudad fue Dinaba.

Murió Bela, y reinó en su lugar Jobab hijo de Zéraj, de Bosra.

Murió Jobab, y reinó en su lugar Husam, de la tierra de los temanitas.

Murió Husam, y reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab. El nombre de su ciudad fue Avit.

Murió Hadad, y reinó en su lugar Samla, de Masreca.

Murió Samla, y reinó en su lugar Saúl, de Rejobot, que está junto al Río.

Murió Saúl, y reinó en su lugar Baal-janán hijo de Acbor.

Murió Baal-janán hijo de Acbor, y reinó en su lugar Hadad. El nombre de su ciudad fue Pau, y el nombre de su mujer fue Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezaab.

Estos fueron los nombres de los jefes de Esaú, según sus familias, sus localidades y sus nombres: los jefes Timna, Alva, Jetet,

Oholibama, Ela, Pinón,

Quenaz, Temán, Mibzar,

Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom, según las áreas de la tierra de su posesión. Este es Esaú, padre de los edomitas.



José es vendido por sus hermanos

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > José es vendido por sus hermanos (1:37:1 - 1:37:36)

Jacob se estableció en la tierra donde había residido su padre, en la tierra de Canaán.

Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de 17 años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y los hijos de Zilpa, mujeres de su padre. Y José informaba a su padre de la mala fama de ellos.

Israel amaba a José más que a todos sus otros hijos porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica de diversos colores.

Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos ellos, le aborrecían y no podían hablarle pacíficamente.

José tuvo un sueño y lo contó a sus hermanos, quienes llegaron a aborrecerle todavía más.

Les dijo: —Por favor, escuchad lo que he soñado:

He aquí que atábamos gavillas en medio del campo. Y mi gavilla se levantaba y se mantenía erguida, mientras que vuestras gavillas la rodeaban y se inclinaban ante la mía.

Sus hermanos le respondieron: —¿Has de reinar tú sobre nosotros y nos has de dominar? Y le aborrecieron todavía más a causa de sus sueños y de sus palabras.

Entonces tuvo otro sueño y lo contó a sus hermanos, diciendo: —He aquí, he tenido otro sueño: que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.

El contó este sueño a su padre y a sus hermanos, pero su padre le reprendió diciendo: —¿Qué sueño es éste que has tenido? ¿Hemos de venir yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos a tierra ante ti?

Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre guardaba en mente el asunto.

Sus hermanos fueron a apacentar las ovejas de su padre cerca de Siquem,

e Israel dijo a José: —Tus hermanos apacientan las ovejas cerca de Siquem. Ven, te enviaré a ellos. Y él le respondió: —Heme aquí.

El le dijo: —Anda, por favor, y mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Lo envió desde el valle de Hebrón, y él llegó a Siquem.

Andando él extraviado por el campo, un hombre lo encontró. Y aquel hombre le preguntó diciendo: —¿Qué buscas?

Y él respondió: —Busco a mis hermanos. Dime, por favor, dónde están apacentando.

Aquel hombre le respondió: —Ya se han ido de aquí. Yo les oí decir: “Vámonos a Dotán.” Entonces José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán.

Cuando ellos lo vieron desde lejos, antes de que se acercase, actuaron engañosamente contra él para matarle.

Se dijeron el uno al otro: —¡Ahí viene el de los sueños!

Ahora pues, venid; matémoslo y echémoslo en una cisterna. Después diremos: “Alguna mala fiera lo devoró.” ¡Veamos en qué van a parar sus sueños!

Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos diciendo: —No le quitemos la vida.

—Y Rubén añadió—: No derraméis sangre. Echadlo en esta cisterna que está en el desierto, pero no pongáis la mano sobre él. Era para librarlo de sus manos a fin de hacerlo volver a su padre.

Sucedió que cuando José llegó hasta sus hermanos, ellos despojaron a José de su túnica, la túnica de diversos colores que llevaba puesta.

Lo tomaron y lo echaron en la cisterna. Pero la cisterna estaba vacía, sin agua.

Después se sentaron a comer, y alzando los ojos miraron, y he aquí que una caravana de ismaelitas venía de Galaad con sus camellos cargados de perfumes, bálsamo y mirra para llevarlos a Egipto.

Entonces Judá dijo a sus hermanos: —¿Qué provecho hay en matar a nuestro hermano y en encubrir su sangre?

Venid, vendámoslo a los ismaelitas. No pongamos nuestra mano sobre él, porque es nuestro hermano, nuestra carne. Sus hermanos estuvieron de acuerdo con él.

Y cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José, subiéndolo de la cisterna, y lo vendieron a los ismaelitas por 20 piezas de plata. Estos se llevaron a José a Egipto.

Cuando Rubén volvió a la cisterna y no halló a José allí, rasgó sus vestiduras.

Volvió a sus hermanos y les dijo: —¡El joven ha desaparecido! Y yo, ¿a dónde iré?

Entonces ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito del rebaño y empaparon la túnica en la sangre.

Después enviaron la túnica de diversos colores, la trajeron a su padre y le dijeron: —Esto hemos encontrado. Reconoce, pues, si es o no la túnica de tu hijo.

El la reconoció y exclamó: —¡Es la túnica de mi hijo! ¡Alguna mala fiera lo ha devorado! ¡Ciertamente José ha sido despedazado!

Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, se cubrió con cilicio y guardó duelo por su hijo muchos días.

Todos sus hijos y todas sus hijas fueron para consolarle, pero él rehusó ser consolado. Y decía: —¡Enlutado descenderé hasta mi hijo, al Seol! Y su padre lo lloraba.

Pero los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, funcionario del faraón, capitán de la guardia.



Judá y Tamar

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > Judá y Tamar (1:38:1 - 1:38:30)

Aconteció en aquel tiempo que Judá dejó a sus hermanos y se dirigió a residir con un hombre adulamita que se llamaba Jira.

Judá vio allí a la hija de un hombre cananeo llamado Súa, y la tomó y se unió a ella.

Ella concibió y dio a luz un hijo, y él llamó su nombre Er.

Ella concibió otra vez y dio a luz otro hijo, y ella llamó su nombre Onán.

Volvió a concebir y dio a luz otro hijo, y ella llamó su nombre Sela. El estaba en Quezib cuando ella lo dio a luz.

Judá tomó una mujer para Er, su primogénito; ésta se llamaba Tamar.

Pero Er, el primogénito de Judá, era malo ante los ojos de Jehovah, y Jehovah le quitó la vida.

Entonces Judá dijo a Onán: —Unete a la mujer de tu hermano; cumple así con ella tu deber de cuñado, y levanta descendencia a tu hermano.

Pero sabiendo Onán que el hijo que le naciera no sería considerado suyo, sucedía que cada vez que se unía a la mujer de su hermano, vertía en tierra para no dar descendencia a su hermano.

Pero lo que hacía era malo ante los ojos de Jehovah, y también a él le quitó la vida.

Entonces habló Judá a Tamar su nuera, diciendo: —Permanece viuda en la casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Sela. Porque pensaba: “No sea que muera él también como sus hermanos.” Y Tamar se fue y permaneció en la casa de su padre.

Pasados muchos años, murió Bat-súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se había consolado, subió a Timnat, a los esquiladores de sus ovejas, él y su amigo Jira el adulamita.

Y avisaron a Tamar diciendo: —He aquí que tu suegro sube a Timnat a esquilar sus ovejas.

Entonces ella se quitó su vestido de viudez, se cubrió con un velo, se envolvió con un manto y se sentó a la entrada de Enaim, que está junto al camino de Timnat, porque veía que Sela había crecido, pero que ella no le había sido dada por mujer.

Entonces la vio Judá y pensó que era una prostituta, porque había cubierto su cara.

Y se apartó del camino hacia ella y le dijo: —Por favor, deja que me una a ti. Pues no sabía que ella era su nuera. Y ella dijo: —¿Qué me darás si te unes a mí?

El respondió: —Yo te enviaré un cabrito del rebaño. Ella le dijo: —Tienes que darme una prenda hasta que me lo envíes.

Y él le dijo: —¿Qué prenda te daré? Ella le respondió: —Tu anillo, tu cordón y el bastón que llevas en la mano. El se los dio y se unió a ella, y ella concibió de él.

Luego ella se levantó y se fue. Después se quitó el velo que tenía sobre sí y se vistió de nuevo con su vestido de viudez.

Judá envió el cabrito del rebaño por medio de su amigo el adulamita, para que recuperase la prenda de mano de la mujer, pero él no la halló.

Entonces preguntó a los hombres de aquel lugar diciendo: —¿Dónde está la prostituta de Enaim, junto al camino? Ellos le dijeron: —Aquí no hay ninguna prostituta.

El se volvió a Judá y dijo: —No la he hallado. También los hombres del lugar dijeron: “Aquí no hay ninguna prostituta.”

Y Judá dijo: —¡Que se quede con la prenda! No seamos objeto de burla. He aquí yo le he enviado este cabrito, pero tú no la has hallado.

Aconteció que después de unos tres meses le informaron a Judá diciendo: —Tu nuera Tamar ha cometido adulterio y está encinta a consecuencia del adulterio. Y Judá dijo: —¡Sacadla, y que sea quemada!

Cuando era sacada, ella envió a decir a su suegro: —Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. —Y añadió—: Mira, pues, de quién son estas cosas: el anillo, el cordón y el bastón.

Entonces Judá los reconoció y dijo: —Más justa es ella que yo, porque no se la he dado a mi hijo Sela. Y no volvió a tener relaciones con ella.

Aconteció que al tiempo de dar a luz, he aquí que había mellizos en el vientre de Tamar.

Y cuando ella daba a luz, sucedió que uno de ellos sacó la mano. La partera la tomó y ató a su mano un hilo rojo diciendo: —¡Este salió primero!

Pero sucedió que cuando él volvió a meter la mano, he aquí salió su hermano. Y ella exclamó: —¡Cómo te abriste brecha! Y llamó su nombre Fares.

Después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo rojo, y llamó su nombre Zéraj.



José y la esposa de Potifar

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > José y la esposa de Potifar (1:39:1 - 1:39:23)

Llevado José a Egipto, Potifar, un hombre egipcio, funcionario del faraón y capitán de la guardia, lo compró de mano de los ismaelitas que lo habían llevado allá.

Pero Jehovah estuvo con José, y el hombre tuvo éxito. El estaba en la casa de su señor, el egipcio,

quien vio que Jehovah estaba con él y que todo lo que él hacía, Jehovah lo hacía prosperar en su mano.

Así halló José gracia ante los ojos de Potifar y le servía. Potifar le puso a cargo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía.

Y sucedió que desde que le puso a cargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehovah bendijo la casa del egipcio por causa de José. Y la bendición de Jehovah estaba sobre todo lo que tenía, tanto en la casa como en el campo.

El dejó todo lo que tenía en mano de José, y teniéndole a él no se preocupaba de nada, excepto del pan que comía. José era de bella presencia y de hermoso semblante.

Y sucedió después de estas cosas, que la mujer de su señor puso sus ojos en José y le dijo: —Acuéstate conmigo.

El rehusó y dijo a la mujer de su señor: —He aquí que mi señor, teniéndome a mí, no se preocupa de nada de cuanto hay en la casa. Ha puesto en mis manos todo cuanto tiene.

No hay otro superior a mí en esta casa; y ninguna cosa se ha reservado, sino a ti, porque eres su mujer. ¿Cómo, pues, haría yo esta gran maldad y pecaría contra Dios?

Sucedió que ella insistía a José día tras día, pero éste no le hacía caso para acostarse con ella, ni para estar con ella.

Y sucedió que él entró un día en la casa para hacer su trabajo, y ninguno de los hombres de la casa estaba allí en casa.

Entonces ella le agarró por su manto, diciendo: —Acuéstate conmigo. Pero él dejó su manto en las manos de ella, se escapó y salió afuera.

Y aconteció que al ver ella que el manto había quedado en sus manos y que él había escapado afuera,

llamó a los de su casa y les habló diciendo: —¡Mirad, nos han traído un hebreo para que se burle de nosotros! Vino a mí para acostarse conmigo, pero yo grité a gran voz.

Y él, viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó a mi lado su manto, se escapó y salió afuera.

Ella puso junto a sí el manto de José hasta que su señor volvió a casa.

Entonces ella le repitió a él las mismas palabras diciendo: —El esclavo hebreo que nos trajiste vino a mí para burlarse de mí.

Pero cuando yo alcé la voz y grité, él dejó su manto a mi lado y escapó afuera.

Sucedió que cuando su señor oyó las palabras que le hablaba su mujer, diciendo: “Así me ha tratado tu esclavo,” se encendió su furor.

Tomó su señor a José y lo metió en la cárcel, en el lugar donde estaban los presos del rey, y José se quedó allí en la cárcel.

Pero Jehovah estaba con José; le extendió su misericordia y le dio gracia ante los ojos del encargado de la cárcel.

El encargado de la cárcel entregó en manos de José a todos los presos que había en la cárcel; y todo lo que hacían allí, José lo dirigía.

El encargado de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que estaba en sus manos, porque Jehovah estaba con José. Lo que él hacía, Jehovah lo prosperaba.



José interpreta dos sueños

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > José interpreta dos sueños (1:40:1 - 1:40:23)

Aconteció después de estas cosas que el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto.

El faraón se enfureció contra sus dos funcionarios, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos,

y los puso bajo custodia en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso.

El capitán de la guardia se los encargó a José, y él les servía. Estuvieron algunos días bajo custodia.

Y en una misma noche ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto que estaban presos en la cárcel, tuvieron un sueño; cada uno su propio sueño, y cada sueño con su propia interpretación.

Por la mañana José vino a ellos y los vio, y he aquí que ellos estaban tristes.José interpreta dos sueños

Preguntó a los funcionarios del faraón que estaban con él bajo custodia en la casa de su señor, diciendo: —¿Por qué están tristes vuestras caras hoy?

Ellos le dijeron: —Hemos tenido un sueño, y no hay quien nos lo interprete. Entonces José les dijo: —¿Acaso no son de Dios las interpretaciones? Por favor, contádmelo a mí.

Entonces el jefe de los coperos contó su sueño a José, diciendo: —En mi sueño veía delante de mí una vid.

En la vid había tres ramas. Parecía que ella brotaba, florecía y sus racimos de uvas maduraban.

La copa del faraón estaba en mi mano, y yo tomaba las uvas, las exprimía en la copa del faraón y ponía la copa en la mano del faraón.

Y José le respondió: —Esta es su interpretación: Las tres ramas son tres días.

Dentro de tres días el faraón te hará levantar cabeza y te restituirá a tu puesto. Volverás a poner la copa en la mano del faraón, como solías hacerlo anteriormente, cuando eras su copero.

Pero cuando te vaya bien, acuérdate tú de mí. Por favor, actúa con misericordia para conmigo; haz mención de mí al faraón y hazme sacar de esta casa.

Porque yo fui secuestrado de la tierra de los hebreos, y nada he hecho aquí para que me pusieran en la cárcel.

Viendo el jefe de los panaderos que la interpretación había sido favorable, dijo a José: —También yo soñaba que había tres cestas de pan blanco sobre mi cabeza.

En la cesta superior había toda clase de manjares de pastelería para el faraón, pero las aves se los comían de la cesta que estaba sobre mi cabeza.

Entonces José respondió: —Esta es su interpretación: Las tres cestas son tres días.

Dentro de tres días el faraón quitará tu cabeza de encima de ti. Te hará colgar en la horca, y las aves comerán tus carnes.

Y sucedió que al tercer día fue el cumpleaños del faraón, y él dio un banquete a todos sus servidores. Entonces levantó la cabeza del jefe de los coperos y la cabeza del jefe de los panaderos, en medio de sus servidores.

Al jefe de los coperos lo restituyó en su cargo de copero, y éste volvió a poner la copa en la mano del faraón.

Pero hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como José les había interpretado.

Sin embargo, el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él.



José interpreta el sueño de Faraón

Antiguo Testamento > Pentateuco > Génesis > José interpreta el sueño de Faraón (1:41:1 - 1:41:36)

Aconteció después de dos años completos que el faraón tuvo un sueño: He aquí que él estaba de pie

y del Nilo subían siete vacas de hermoso aspecto y gordas de carne, y pacían entre los juncos.

Pero he aquí que otras siete vacas salían del Nilo, detrás de ellas, de mal aspecto y flacas de carne. Estas se pusieron junto a las otras vacas a la orilla del Nilo.

Entonces las vacas de mal aspecto y flacas de carne devoraron a las siete vacas de hermoso aspecto y gordas. Y el faraón se despertó.

Se durmió de nuevo y soñó por segunda vez; y he aquí que siete espigas subieron de un solo tallo, gruesas y hermosas.

Pero he aquí que detrás de ellas brotaron otras siete espigas delgadas y quemadas por el viento del oriente.

Entonces las espigas delgadas devoraron a las siete espigas gruesas y llenas. El faraón se despertó, y he aquí que había sido un sueño.

Sucedió que por la mañana su espíritu estaba perturbado, por lo que mandó llamar a todos los magos de Egipto y a todos sus sabios. El faraón les contó sus sueños, pero no había quien se los interpretase al faraón.

Entonces el jefe de los coperos habló al faraón diciendo: —Ahora haré mención de una falta mía.

El faraón se enojó contra sus siervos y me echó en la cárcel de la casa del capitán de la guardia, junto con el jefe de los panaderos.

En una misma noche él y yo tuvimos un sueño, y cada sueño tenía su propia interpretación.

Y estaba allí con nosotros un joven hebreo, esclavo del capitán de la guardia. Se lo contamos, y él interpretó nuestros sueños; a cada uno le interpretó su propio sueño.

Y aconteció que tal como él nos lo interpretó, así sucedió: A mí el faraón me restableció en mi puesto y al otro lo hizo colgar.

Entonces el faraón mandó llamar a José, y le hicieron salir apresuradamente de la cárcel. Se afeitó, se cambió de ropa y vino al faraón.

José interpreta el sueño del faraónEntonces el faraón dijo a José: —He tenido un sueño, y no hay quien me lo interprete. Pero he oído hablar de ti, que escuchas sueños y los interpretas.

José respondió al faraón diciendo: —No está en mí. Dios responderá para el bienestar del faraón.

Entonces el faraón dijo a José: —En mi sueño yo estaba de pie a la orilla del Nilo.

Y he aquí que del Nilo salían siete vacas gordas de carne y de hermoso aspecto, y pacían entre los juncos.

Pero he aquí que otras siete vacas subían detrás de ellas, delgadas, de muy feo aspecto y flacas de carne. Jamás he visto otras tan feas como aquéllas en toda la tierra de Egipto.

Entonces las vacas flacas y feas devoraron a las siete primeras vacas gordas.

Estas entraron en su interior, pero no parecía que hubiesen entrado en ellas, porque su apariencia seguía siendo tan mala como al comienzo. Y me desperté.

Vi también en mi sueño siete espigas que subieron de un solo tallo, llenas y hermosas.

Pero he aquí que detrás de ellas brotaron otras siete espigas, secas, delgadas y quemadas por el viento del oriente.

Entonces las espigas delgadas devoraron a las siete espigas hermosas. Se lo he contado a los magos, pero no hay quien me lo interprete.

Entonces José respondió al faraón: —El sueño del faraón es uno solo. Dios ha mostrado al faraón lo que va a hacer:

Las siete vacas hermosas son siete años; y las siete espigas hermosas también son siete años. Se trata de un mismo sueño.

Las siete vacas flacas y feas que salían detrás de las primeras son siete años, y las siete espigas delgadas y quemadas por el viento del oriente son siete años de hambre.

Como dije al faraón, Dios ha mostrado al faraón lo que va a hacer.

He aquí que vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto,

pero después de ellos vendrán siete años de hambre. Toda la abundancia anterior será olvidada en la tierra de Egipto. El hambre consumirá la tierra,

y aquella abundancia pasará desapercibida en la tierra, debido al hambre que vendrá después, porque será muy grave.

El hecho de que el sueño del faraón haya sucedido dos veces significa que la cosa está firmemente decidida de parte de Dios, y que Dios se apresura a ejecutarla.

Por tanto, provéase el faraón de un hombre entendido y sabio y póngalo a cargo de la tierra de Egipto.

Haga esto el faraón: Ponga funcionarios a cargo del país que recauden la quinta parte del producto de la tierra de Egipto durante los siete años de abundancia.

Que ellos acumulen todos los alimentos de estos años buenos que vienen, que almacenen el trigo bajo la supervisión del faraón, y que los guarden en las ciudades para sustento.

Sean guardados los alimentos como reserva para el país, para los siete años de hambre que vendrán sobre la tierra de Egipto. Así el país no será arruinado por el hambre.