Josué

Preparativos para la conquista

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Josué > Preparativos para la conquista (6:1:1 - 6:1:18)

Aconteció después de la muerte de Moisés, siervo de Jehovah, que Jehovah habló a Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, diciendo:

—Mi siervo Moisés ha muerto. Ahora, levántate, pasa el Jordán tú con todo este pueblo, a la tierra que yo doy a los hijos de Israel.

Yo os he dado, como lo había prometido a Moisés, todo lugar que pise la planta de vuestro pie.

Vuestro territorio será desde el desierto y el Líbano hasta el gran río, el río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el mar Grande, donde se pone el sol.

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé.

Esfuérzate y sé valiente, porque tú harás que este pueblo tome posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría.

Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de cumplir toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito en todo lo que emprendas.

Nunca se aparte de tu boca este libro de la Ley; más bien, medita en él de día y de noche, para que guardes y cumplas todo lo que está escrito en él. Así tendrás éxito, y todo te saldrá bien.

¿No te he mandado que te esfuerces y seas valiente? No temas ni desmayes, porque Jehovah tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.

Entonces Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo:

—Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo diciendo: “Preparaos alimentos, porque dentro de tres días cruzaréis el Jordán para entrar a tomar posesión de la tierra que Jehovah vuestro Dios os da para que la poseáis.”

Josué también habló a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés, diciendo:

—Acordaos de lo que os mandó Moisés, siervo de Jehovah, diciendo: “Jehovah vuestro Dios os ha dado reposo y os ha dado esta tierra.

Vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados se quedarán en la tierra que Moisés os ha dado a este lado del Jordán. Pero vosotros, todos los guerreros valientes, cruzaréis armados al frente de vuestros hermanos y les ayudaréis,

hasta que Jehovah haya dado reposo a vuestros hermanos como a vosotros, y ellos también tomen posesión de la tierra que les da Jehovah vuestro Dios. Después volveréis a la tierra que tenéis como posesión, que os ha dado Moisés, siervo de Jehovah, a este lado del Jordán, donde se levanta el sol.”

Y ellos respondieron a Josué diciendo: —Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos a dondequiera que nos envíes.

De la manera que hemos obedecido a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti. Sólo que Jehovah tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés.

Cualquiera que sea rebelde a tu mandato y que no obedezca tus palabras en todo lo que le mandes, que muera. ¡Solamente esfuérzate y sé valiente!

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Josué envía espías a Jericó

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Josué > Josué envía espías a Jericó (6:2:1 - 6:2:24)

Josué hijo de Nun envió secretamente dos espías desde Sitim, diciéndoles: —Id y reconoced la tierra y Jericó. Ellos fueron y entraron en la casa de una mujer prostituta que se llamaba Rajab, y pasaron la noche allí.

Entonces avisaron al rey de Jericó, diciendo: —Unos hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche para explorar la tierra.

Entonces el rey de Jericó mandó decir a Rajab: —Saca a los hombres que han venido a ti y han entrado en tu casa, porque han venido para explorar todo el país.

Pero la mujer, que había tomado a los dos hombres y los había escondido, dijo: —Es verdad que vinieron a mí unos hombres, pero yo no sabía de dónde eran.

Cuando iba a ser cerrada la puerta de la ciudad, siendo ya oscuro, esos hombres salieron y no sé a dónde se han ido. Perseguidlos aprisa y los alcanzaréis.

Pero ella los había hecho subir a la azotea y los había escondido entre unos manojos de lino que tenía ordenados sobre la azotea.

Entonces los hombres los persiguieron por el camino del Jordán, hasta los vados. Y después que salieron los que los perseguían, cerraron las puertas de la ciudad.

Antes de que ellos se acostasen, ella subió a la azotea, donde estaban, y les dijo:

—Sé que Jehovah os ha dado esta tierra, porque el miedo a vosotros ha caído sobre nosotros. Todos los habitantes de esta tierra se han desmoralizado a causa de vosotros.

Porque hemos oído que Jehovah hizo que las aguas del mar Rojo se secaran delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos al otro lado del Jordán: a Sejón y a Og, a los cuales habéis destruido por completo.

Al oír esto, nuestro corazón desfalleció. No ha quedado más aliento en ninguno a causa de vosotros, porque Jehovah vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.

Y ahora, por favor, juradme por Jehovah que como he mostrado misericordia para con vosotros, así haréis vosotros con la familia de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura.

Dejaréis vivir a mi padre, a mi madre, a mis hermanos, a mis hermanas y a todos los suyos, y libraréis nuestras vidas de la muerte.

Los hombres le respondieron: —Nuestra vida sea por la vuestra, hasta la muerte, si tú no hablas de este asunto nuestro. Entonces, cuando Jehovah nos haya dado la tierra, mostraremos para contigo misericordia y verdad.

Luego ella los hizo descender con una cuerda por la ventana, porque su casa estaba sobre la muralla de la ciudad, y ella vivía en la muralla.

Luego les dijo: —Marchaos hacia la región montañosa, para que no os encuentren los que fueron tras vosotros. Escondeos allí tres días, hasta que hayan regresado los que os persiguen. Después seguiréis vuestro camino.

Los hombres le dijeron: —Nosotros quedaremos libres de este juramento que nos has hecho jurar,

a menos que, cuando entremos en la tierra, ates este cordón rojo a la ventana por la cual nos has descolgado. Reunirás junto a ti en la casa a tu padre, a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre.

Cualquiera que salga fuera de las puertas de tu casa, su sangre caerá sobre su propia cabeza, y nosotros quedaremos libres. Pero si alguien pone su mano sobre cualquiera que esté en la casa contigo, su sangre caerá sobre nuestra cabeza.

También si hablas de este asunto nuestro, nosotros quedaremos libres del juramento que nos has hecho jurar.

Ella respondió: —Como habéis dicho, así sea. Luego los despidió, y se fueron. Y ella ató el cordón rojo a la ventana.

Caminando ellos, llegaron a la región montañosa y estuvieron allí tres días, hasta que los que los perseguían regresaron. Quienes los perseguían los buscaron por todo el camino, pero no los hallaron.

Después, los dos hombres se volvieron, descendieron de la región montañosa y cruzaron el Jordán. Fueron a Josué hijo de Nun y le contaron todas las cosas que les habían acontecido.

Ellos dijeron a Josué: —¡Jehovah ha entregado toda la tierra en nuestras manos! Todos los habitantes de esta tierra tiemblan ante nosotros.

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El paso del Jordán

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Josué > El paso del Jordán (6:3:1 - 6:3:17)

Josué se levantó muy de mañana y partió de Sitim con todos los hijos de Israel. Llegaron hasta el Jordán y pasaron allí la noche antes de cruzarlo.

Después de tres días, los oficiales pasaron por medio del campamento

y mandaron al pueblo diciendo: —Cuando veáis que el arca del pacto de Jehovah vuestro Dios es llevada por los sacerdotes y levitas, vosotros partiréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella,

para que sepáis el camino por donde habéis de ir; porque vosotros no habéis pasado antes por este camino. Pero entre vosotros y el arca habrá una distancia de 2.000 codos. No os acerquéis a ella.

Y Josué dijo al pueblo: —Purificaos, porque mañana Jehovah hará maravillas entre vosotros.

Luego Josué habló a los sacerdotes diciendo: —Tomad el arca del pacto y pasad delante del pueblo. Entonces tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo.

Y Jehovah dijo a Josué: —Desde este día comenzaré a engrandecerte ante los ojos de todo Israel, para que sepan que como estuve con Moisés, así estaré contigo.

Tú mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: “Cuando hayáis llegado hasta la orilla de las aguas del Jordán, os detendréis en el Jordán.”

Y Josué dijo a los hijos de Israel: —Acercaos acá y escuchad las palabras de Jehovah vuestro Dios.

—Y añadió Josué—: En esto conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que él ciertamente echará de delante de vosotros a los cananeos, los heteos, los heveos, los ferezeos, los gergeseos, los amorreos y los jebuseos:

He aquí, el arca del pacto del Señor de toda la tierra cruzará el Jordán delante de vosotros.

Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu.

Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehovah, Señor de toda la tierra, se posen en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se cortarán, porque las aguas que descienden de arriba se detendrán como en un embalse.

Sucedió que cuando el pueblo partió de sus tiendas para cruzar el Jordán, y los sacerdotes iban delante del pueblo llevando el arca del pacto;

y cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, en cuanto los pies de los sacerdotes se mojaron en la orilla del agua (el Jordán se llena hasta sus bordes todo el tiempo de la siega),

las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un embalse, muy lejos de Adam, ciudad contigua a Saretán. Entonces las aguas que descendían al mar del Arabá, es decir, al mar Salado, se cortaron por completo. De este modo el pueblo cruzó frente a Jericó.

Y los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehovah estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, mientras todo Israel pasaba en seco, y hasta que todo el pueblo terminó de cruzar el Jordán.

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Las doce piedras tomadas del Jordán

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Josué > Las doce piedras tomadas del Jordán (6:4:1 - 6:4:24)

Cuando toda la gente acabó de cruzar el Jordán, Jehovah habló a Josué diciendo:

—Toma del pueblo doce hombres, uno de cada tribu,

y mándales diciendo: “Tomad de en medio del Jordán, del lugar donde están firmes los pies de los sacerdotes, doce piedras, las cuales llevaréis con vosotros, y las pondréis en el lugar donde habéis de pasar esta noche.”

Josué llamó a los doce hombres a quienes había designado de entre los hijos de Israel, uno de cada tribu,

y les dijo Josué: —Pasad delante del arca de Jehovah vuestro Dios hasta la mitad del Jordán, y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel,

para que esto sea señal entre vosotros. Y cuando vuestros hijos os pregunten en el futuro, diciendo: “¿Qué significan para vosotros estas piedras?,”

les responderéis: “Las aguas del Jordán fueron cortadas ante el arca del pacto de Jehovah. Cuando ésta cruzó el Jordán, las aguas del Jordán fueron cortadas, por lo cual estas piedras sirven de memorial a los hijos de Israel, para siempre.”

Los hijos de Israel hicieron como les mandó Josué: Tomaron doce piedras de en medio del Jordán, como Jehovah había dicho a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel. Las llevaron consigo al lugar donde pasaron la noche y las colocaron allí.

Josué también erigió doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes que llevaban el arca del pacto. Y están allí hasta el día de hoy.

Los sacerdotes que llevaban el arca se quedaron de pie en medio del Jordán, hasta que se cumplió todo lo que Jehovah había mandado a Josué que hablase al pueblo, conforme a todo lo que Moisés había mandado a Josué. Y el pueblo se dio prisa y cruzó.

Aconteció que cuando todo el pueblo acabó de cruzar, también cruzó el arca de Jehovah con los sacerdotes, en presencia del pueblo.

También los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés cruzaron armados al frente de los hijos de Israel, según Moisés les había dicho.

Como 40.000 soldados, listos para la guerra, cruzaron delante de Jehovah hacia las llanuras de Jericó, para la batalla.

Aquel día Jehovah engrandeció a Josué ante los ojos de todo Israel, y le temieron, como habían temido a Moisés, todos los días de su vida.

Jehovah habló a Josué diciendo:

—Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio, que salgan del Jordán.

Y Josué mandó a los sacerdotes diciendo: —Salid del Jordán.

Aconteció que cuando los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehovah salieron de en medio del Jordán, y las plantas de sus pies pasaron a lugar seco, las aguas del Jordán volvieron a su lugar, desbordando todas sus orillas, como antes.

El pueblo salió del Jordán el 10 del mes primero, y acamparon en Gilgal al este de Jericó.

Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán,

y habló a los hijos de Israel, diciendo: —Cuando en el futuro vuestros hijos pregunten a sus padres diciendo: “¿Qué significan estas piedras?,”

daréis a conocer a vuestros hijos diciendo: “Israel cruzó en seco este Jordán.”

Porque Jehovah vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta que acabasteis de cruzar, de la manera que Jehovah vuestro Dios había hecho con el mar Rojo, el cual secó delante de nosotros hasta que acabamos de cruzar;

para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano de Jehovah es poderosa, y para que temáis a Jehovah vuestro Dios todos los días.

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La circuncisión y la pascua en Gilgal

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Josué > La circuncisión y la pascua en Gilgal (6:5:1 - 6:5:12)

Sucedió que cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, hacia el occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban al lado del mar oyeron cómo Jehovah había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel, hasta que habían cruzado, desfalleció su corazón, y no hubo más ánimo en ellos a causa de los hijos de Israel.

En aquel tiempo Jehovah dijo a Josué: “Hazte cuchillos de pedernal y de nuevo vuelve a circuncidar a los hijos de Israel.”

Entonces Josué se hizo cuchillos de pedernal y circuncidó a los hijos de Israel en Guivat-haaralot.

Esta es la razón por la que Josué los circuncidó: Todos los varones del pueblo que salieron de Egipto, todos los hombres de guerra, habían muerto por el camino en el desierto, después que salieron de Egipto.

Todos los que habían salido habían sido circuncidados; pero los que habían nacido en el camino, por el desierto, después que salieron de Egipto, no habían sido circuncidados.

Porque los hijos de Israel caminaron por el desierto cuarenta años, hasta que murió toda la nación, es decir, los hombres de guerra que salieron de Egipto; pues no habían obedecido la voz de Jehovah. Por eso Jehovah les juró que no les dejaría ver la tierra que él había jurado a sus padres que nos daría: una tierra que fluye leche y miel.

Y fue a éstos, a los hijos de aquéllos, a quienes Jehovah había levantado en su lugar, a los que Josué circuncidó. Eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados en el camino.

Cuando habían acabado de circuncidar a toda la gente, se quedaron en el campamento en el mismo lugar, hasta que se sanaron.

Entonces Jehovah dijo a Josué: “Hoy he quitado de vosotros la afrenta de Egipto.” Por eso se llamó el nombre de aquel lugar Gilgal, hasta el día de hoy.

Los hijos de Israel acamparon en Gilgal y celebraron la Pascua el día 14 del mes primero, al atardecer, en las llanuras de Jericó.

Al día siguiente de la Pascua, en ese mismo día, comieron del producto de la tierra, panes sin levadura y espigas tostadas.

Y el maná cesó al día siguiente, cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra. Los hijos de Israel nunca más tuvieron maná. Más bien, ese año ya comieron del producto de la tierra de Canaán.

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