Epístola de San Pablo a los Romanos

Salutación

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > Salutación (45:1:1 - 45:1:7)

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol; apartado para el evangelio de Dios,

que él había prometido antes por medio de sus profetas en las Sagradas Escrituras,

acerca de su Hijo—quien, según la carne, era de la descendencia de David;

y quien fue declarado Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad por su resurrección de entre los muertos—, Jesucristo nuestro Señor.

Por él recibimos la gracia y el apostolado para la obediencia de la fe a favor de su nombre en todas las naciones,

entre las cuales estáis también vosotros, los llamados de Jesucristo.

A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia a vosotros y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.




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Deseo de Pablo de visitar Roma

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > Deseo de Pablo de visitar Roma (45:1:8 - 45:1:15)

Primeramente, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo con respecto a todos vosotros, porque vuestra fe es proclamada en todo el mundo.

Porque Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, me es testigo de que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones,

rogando que, si de alguna manera por la voluntad de Dios, por fin yo sea bien encaminado para ir a vosotros.

Porque deseo veros para compartir con vosotros algún don espiritual a fin de que seáis afirmados.

Esto es, para ser animado juntamente con vosotros por la fe que nos es común a vosotros y a mí.

Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (y hasta ahora he sido impedido) para tener algún fruto también entre vosotros, así como entre las demás naciones.

Tanto a griegos como a bárbaros, tanto a sabios como a ignorantes soy deudor.

Así que, en cuanto a mí, pronto estoy para anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.




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El poder del evangelio

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > El poder del evangelio (45:1:16 - 45:1:17)

Porque no me avergüenzo del evangelio; pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primero y también al griego.

Porque en él la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Pero el justo vivirá por la fe.




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La culpabilidad del hombre

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > La culpabilidad del hombre (45:1:18 - 45:1:32)

Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con injusticia detienen la verdad.

Porque lo que de Dios se conoce es evidente entre ellos, pues Dios hizo que fuese evidente.

Porque lo invisible de él—su eterno poder y deidad— se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas; de modo que no tienen excusa.

Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias; más bien, se hicieron vanos en sus razonamientos, y su insensato corazón fue entenebrecido.

Profesando ser sabios se hicieron fatuos,

y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen a la semejanza de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por tanto, Dios los entregó a la impureza, en las pasiones de sus corazones, para deshonrar sus cuerpos entre sí.

Ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y veneraron y rindieron culto a la creación antes que al Creador, ¡quien es bendito para siempre! Amén.

Por esta causa, Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por relaciones contra naturaleza.

De la misma manera, también los hombres, dejando las relaciones naturales con la mujer, se encendieron en sus pasiones desordenadas unos con otros, cometiendo actos vergonzosos, hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución que corresponde a su extravío.

Como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, los entregó Dios a una mente reprobada, para hacer lo que no es debido.

Se han llenado de toda injusticia, maldad, avaricia y perversidad. Están repletos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, mala intención.

Son contenciosos, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de males, desobedientes a sus padres,

insensatos, desleales, crueles y sin misericordia.

A pesar de que ellos reconocen el justo juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican.




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El justo juicio de Dios

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > El justo juicio de Dios (45:2:1 - 45:2:16)

Por lo tanto, no tienes excusa, oh hombre, no importa quién seas tú que juzgas; porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo, pues tú que juzgas haces lo mismo.

Pero sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que practican tales cosas.

Oh hombre que juzgas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, ¿supones que escaparás del juicio de Dios?

¿O menosprecias las riquezas de su bondad, paciencia y magnanimidad, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?

Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, acumulas sobre ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.

El recompensará a cada uno conforme a sus obras:

vida eterna a los que por su perseverancia en las buenas obras buscan gloria, honra e incorrupción;

pero enojo e ira a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;

tribulación y angustia sobre toda persona que hace lo malo (el judío primero, y también el griego);

pero gloria, honra y paz a cada uno que hace el bien (al judío primero y también al griego).

Pues no hay distinción de personas delante de Dios.

Así que todos los que pecaron sin la ley, sin la ley también perecerán; y todos los que pecaron teniendo la ley, por la ley serán juzgados.

Porque no son los oidores de la ley los que son justos delante de Dios, sino que los hacedores de la ley serán justificados.

Porque cuando los gentiles que no tienen ley practican por naturaleza el contenido de la ley, aunque no tienen ley, son ley para sí mismos.

Ellos muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, mientras que su conciencia concuerda en su testimonio; y sus razonamientos se acusan o se excusan unos a otros,

en el día en que, conforme a mi evangelio, Dios juzgue los secretos de los hombres, por medio de Cristo Jesús.




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Los judíos y la ley

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > Los judíos y la ley (45:2:17 - 45:3:8)

He aquí, tú tienes nombre de ser judío, te apoyas en la ley y te glorías en Dios.

Tú conoces su voluntad y apruebas lo que más vale, porque estás instruido en la ley.

Tú estás persuadido de que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,

instructor de los que no saben, maestro de niños, teniendo en la ley la completa expresión del conocimiento y de la verdad.

Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas contra el robo, ¿robas?

Tú que hablas contra el adulterio, ¿cometes adulterio? Tú que abominas a los ídolos, ¿cometes sacrilegio?

Tú que te jactas en la ley, ¿deshonras a Dios con la infracción de la ley?

Porque como está escrito: El nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los gentiles.

Porque la circuncisión aprovecha en verdad, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión ha llegado a ser incircuncisión.

De manera que, si el incircunciso cumple los justos preceptos de la ley, ¿su incircuncisión no será considerada como circuncisión?

El que físicamente es incircunciso pero guarda completamente la ley, te juzgará a ti, que con la letra y con la circuncisión eres transgresor de la ley.

Porque no es judío el que lo es en lo visible, ni es la circuncisión la visible en la carne;

sino más bien, es judío el que lo es en lo íntimo, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu y no en la letra. La alabanza del tal no proviene de los hombres, sino de Dios.

¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O qué beneficio hay en la circuncisión?

Mucho, en todo sentido. Primeramente, que las palabras de Dios les han sido confiadas.

¿Qué, pues, si algunos de ellos han sido infieles? ¿Acaso podrá la infidelidad de ellos invalidar la fidelidad de Dios?

¡De ninguna manera! Antes bien, sea Dios veraz, aunque todo hombre sea mentiroso, como está escrito: para que seas justificado en tus palabras y venzas cuando seas juzgado.

Pero si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Acaso es injusto Dios que da el castigo? (Hablo como hombre.)

¡De ninguna manera! Porque en tal caso, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?

Pero si la verdad de Dios abundó en mi falsedad para su gloria, ¿por qué todavía soy juzgado yo como pecador?

¿Y por qué no decir: “Hagamos lo malo para que venga lo bueno”? De esto se nos calumnia, y algunos afirman que así decimos. La condenación de los tales es justa.




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No hay justo

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > No hay justo (45:3:9 - 45:3:20)

¿Qué, pues? ¿Les llevamos alguna ventaja? Claro que no; porque ya hemos acusado tanto a judíos como a gentiles, diciendo que todos están bajo pecado,

como está escrito: No hay justo ni aun uno;

no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.

Todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Hay veneno de serpiente debajo de sus labios;

su boca está llena de maldiciones y amargura.

Sus pies son veloces para derramar sangre;

hay ruina y miseria en sus caminos.

No conocieron el camino de paz;

no hay temor de Dios delante de sus ojos.

Pero sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre, y todo el mundo esté bajo juicio ante Dios.

Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado.




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La justicia es por medio de la fe

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > La justicia es por medio de la fe (45:3:21 - 45:3:31)

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas.

Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen. Pues no hay distinción;

porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,

siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Como demostración de su justicia, Dios le ha puesto a él como expiación por la fe en su sangre, a causa del perdón de los pecados pasados, en la paciencia de Dios,

con el propósito de manifestar su justicia en el tiempo presente; para que él sea justo y a la vez justificador del que tiene fe en Jesús.

¿Dónde, pues, está la jactancia? Está excluida. ¿Por qué clase de ley? ¿Por la de las obras? ¡Jamás! Más bien, por la ley de la fe.

Así que consideramos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley.

¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? ¡Por supuesto! También lo es de los gentiles.

Porque hay un solo Dios, quien justificará por la fe a los de la circuncisión, y mediante la fe a los de la incircuncisión.

Luego, ¿invalidamos la ley por la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la ley.




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El ejemplo de Abraham

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > El ejemplo de Abraham (45:4:1 - 45:4:12)

¿Qué diremos, pues, que ha encontrado Abraham, nuestro progenitor según la carne?

Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no delante de Dios.

Pues ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.

Al que obra, no se le considera el salario como gracia, sino como obligación.

Pero al que no obra, sino que cree en aquel que justifica al impío, se considera su fe como justicia.

De igual manera, David también proclama la felicidad del hombre a quien Dios confiere justicia sin obras,

diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.

Bienaventurado el hombre a quien el Señor jamás le tomará en cuenta su pecado.

Luego, ¿es esta felicidad solamente para los de la circuncisión, o también es para los de la incircuncisión? Pues decimos: A Abraham le fue contada su fe por justicia.

¿Cómo le fue contada? ¿Estando él circuncidado o incircunciso? No fue en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

El recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que tenía estando aún incircunciso, para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados—para que también a ellos les fuera conferida la justicia—;

y padre de la circuncisión—de los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado—.




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La promesa realizada mediante la fe

Nuevo Testamento > Epístolas > Epístola de San Pablo a los Romanos > La promesa realizada mediante la fe (45:4:13 - 45:4:25)

Porque la promesa a Abraham y a su descendencia, de que sería heredero del mundo, no fue dada por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe.

Porque si los herederos son los que se basan en la ley, la fe ha sido hecha inútil y la promesa invalidada.

Porque la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

Por esto, proviene de la fe, a fin de que sea según la gracia, para que la promesa sea firme para toda su descendencia. No para el que es solamente de la ley, sino también para el que es de la fe de Abraham, quien es padre de todos nosotros

—como está escrito: Te he puesto por padre de muchas naciones— delante de Dios, a quien él creyó, quien vivifica a los muertos y llama a las cosas que no existen como si existieran.

Abraham creyó contra toda esperanza, de modo que vino a ser padre de muchas naciones, de acuerdo con lo que le había sido dicho: Así será tu descendencia.

Sin debilitarse en la fe, él tuvo muy en cuenta su cuerpo ya muerto (pues tenía casi cien años) y la matriz muerta de Sara.

Pero no dudó de la promesa de Dios por falta de fe. Al contrario, fue fortalecido en su fe, dando gloria a Dios,

plenamente convencido de que Dios, quien había prometido, era poderoso para hacerlo.

Por esta razón le fue contada por justicia.

Pero no sólo para él fue escrito que le fue contada,

sino también para nosotros, a quienes nos habría de ser contada: a los que creemos en el que resucitó de entre los muertos, a Jesús nuestro Señor,

quien fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.




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