Segundo Libro de Samuel

David oye de la muerte de Saúl

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > David oye de la muerte de Saúl (10:1:1 - 10:1:16)

Aconteció que después de la muerte de Saúl, cuando David había vuelto de la derrota de los amalequitas, David se quedó dos días en Siclag.

Y al tercer día, he aquí que un hombre vino del campamento de Saúl, con su ropa rasgada y tierra sobre su cabeza. Al llegar a David, se postró en tierra e hizo reverencia.

Y David le preguntó: —¿De dónde vienes? El le respondió: —Me he escapado del campamento de Israel.

David le preguntó: —¿Qué ha acontecido? Dímelo, por favor. El respondió: —El pueblo ha huido de la batalla. Muchos del pueblo también han caído y han muerto. Saúl y su hijo Jonatán también han muerto.

David dijo al joven que le informaba: —¿Cómo sabes que Saúl y su hijo Jonatán han muerto?

Y el joven que le informaba respondió: —Me encontré por casualidad en el monte Gilboa, y he aquí que Saúl estaba apoyado sobre su lanza, y que los carros y los jinetes le alcanzaban.

Entonces Saúl miró hacia atrás y me vio, y me llamó. Yo dije: “Heme aquí.”

Me preguntó: “¿Quién eres tú?” Le respondí: “Soy un amalequita.”

Y me dijo: “Por favor, ponte a mi lado y mátame; porque la agonía se ha apoderado de mí, pero mi vida está todavía en mí.”

Entonces me puse a su lado y lo maté, porque sabía que él no podría vivir después de su caída. Luego tomé la diadema que tenía en su cabeza y el brazalete que llevaba en su brazo, y los he traído aquí a mi señor.

Entonces David agarrando sus vestiduras las rasgó. Lo mismo hicieron todos los hombres que estaban con él.

E hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta el anochecer por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo de Jehovah y por la casa de Israel; porque habían caído a espada.

Después David preguntó al joven que le informaba: —¿De dónde eres tú? El respondió: —Soy hijo de un extranjero, un amalequita.

Le dijo David: —¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para destruir al ungido de Jehovah?

Entonces David llamó a uno de los jóvenes y le dijo: —¡Acércate y mátalo! El lo hirió, y murió.

Y David le dijo: —Tu sangre caiga sobre tu cabeza, porque tu propia boca ha atestiguado contra ti al decir: “Yo maté al ungido de Jehovah.”




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David endecha a Saúl y a Jonatán

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > David endecha a Saúl y a Jonatán (10:1:17 - 10:1:27)

David entonó este lamento por Saúl y por su hijo Jonatán,

y mandó que enseñasen a los hijos de Judá el Canto del Arco. He aquí que está escrito en el libro de Jaser:

“¡El esplendor, oh Israel, ha perecido sobre tus montes! ¡Cómo han caído los valientes!

No lo anunciéis en Gat, ni deis las nuevas por las calles de Ascalón. No sea que se alegren las hijas de los filisteos; no sea que se regocijen las hijas de los incircuncisos.

“Oh montes de Gilboa: Ni rocío ni lluvia haya sobre vosotros, ni seáis campos de ofrendas; porque allí fue profanado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.

El arco de Jonatán jamás volvía sin la sangre de los muertos y sin la gordura de los valientes; tampoco volvía vacía la espada de Saúl.

“Saúl y Jonatán, amados y amables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados. Eran más veloces que las águilas; eran más fuertes que los leones.

¡Oh hijas de Israel, llorad por Saúl, quien os vestía de escarlata y cosas refinadas, y ponía adornos de oro en vuestros vestidos!

¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán ha perecido sobre tus montes!

“Angustia tengo por ti, hermano mío, Jonatán, que me fuiste muy querido. Más maravilloso fue para mí tu amor que el amor de las mujeres.

“¡Cómo han caído los valientes, y se han perdido las armas de guerra!”




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David es proclamado rey de Judá

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > David es proclamado rey de Judá (10:2:1 - 10:2:7)

Después de esto aconteció que David consultó a Jehovah diciendo: —¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Jehovah le respondió: —Sube. David volvió a preguntar: —¿A dónde subiré? Jehovah le respondió: —A Hebrón.

Entonces David subió allá con sus dos mujeres: Ajinoam, de Jezreel, y Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel.

David hizo subir también a sus hombres que estaban con él, cada uno con su familia; y habitaron en las aldeas de Hebrón.

Entonces vinieron los hombres de Judá y ungieron allí a David como rey sobre la casa de Judá. Informaron a David diciendo: “Los hombres de Jabes, en Galaad, son los que sepultaron a Saúl.”

Entonces David envió mensajeros a los hombres de Jabes, en Galaad, y les dijo: “Benditos seáis de Jehovah, porque habéis hecho esta bondad a Saúl vuestro señor, y le habéis dado sepultura.

Ahora pues, que Jehovah os muestre misericordia y verdad. Y yo también os haré bien por esto que habéis hecho.

Y ahora, fortaleced vuestras manos y sed hombres valientes; porque ha muerto Saúl vuestro señor, y la casa de Judá me ha ungido rey sobre ellos.”




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Guerra entre David y la casa de Saúl

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > Guerra entre David y la casa de Saúl (10:2:8 - 10:3:1)

Pero Abner hijo de Ner, jefe del ejército de Saúl, tomó a Isboset hijo de Saúl y le trasladó a Majanaim.

Entonces lo proclamó rey sobre Galaad, sobre Gesur, sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín y sobre todo Israel.

Isboset hijo de Saúl tenía 40 años cuando comenzó a reinar sobre Israel y reinó dos años. Sin embargo, la casa de Judá seguía a David.

El tiempo que David fue rey en Hebrón sobre la casa de Judá fue de siete años y seis meses.

Abner hijo de Ner y los siervos de Isboset hijo de Saúl fueron de Majanaim a Gabaón.

También salieron Joab, hijo de Sarvia, y los servidores de David; y los encontraron junto al estanque de Gabaón. Entonces se sentaron los unos a un lado del estanque, y los otros al otro lado.

Luego Abner dijo a Joab: —¡Levántense los jóvenes y compitan delante de nosotros! Joab respondió: —¡Que se levanten!

Entonces se levantaron y pasaron en número igual, doce de parte de los hijos de Benjamín y de Isboset hijo de Saúl, y doce de los servidores de David.

Cada uno agarró a su adversario por la cabeza y colocó su espada en el costado de su adversario, y cayeron juntos. Por esto se llamó el nombre de aquel lugar Helcat-hazurim, el cual está en Gabaón.

Aquel día la batalla fue muy dura. Abner y los hombres de Israel fueron derrotados por los servidores de David.

Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisai y Asael. Asael era ligero de pies como un venado en el campo.

Y Asael persiguió a Abner, yendo tras él sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda.

Abner se volvió hacia atrás y preguntó: —¿Eres tú Asael? El respondió: —Sí, yo soy.

Entonces Abner le dijo: —Apártate a la derecha o a la izquierda. Atrapa a alguno de los jóvenes y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso dejar de seguirle.

Y Abner volvió a decir a Asael: —¡Deja de seguirme! ¿Por qué te he de herir, derribándote a tierra? ¿Cómo podría después levantar mi cara ante tu hermano Joab?

Como él rehusó apartarse, Abner lo hirió en el vientre con el extremo trasero de la lanza, y la lanza le salió por detrás. Así cayó allí y murió en el mismo sitio. Sucedió que todos los que pasaban por el lugar donde Asael había caído y había muerto, se detenían.

Pero Joab y Abisai persiguieron a Abner. El sol se puso cuando llegaron a la colina de Amá, frente a Guíaj, en el camino del desierto de Gabaón.

Luego se agruparon los hijos de Benjamín tras Abner formando un solo escuadrón, y se detuvieron en la cumbre de cierta colina.

Entonces Abner dio voces a Joab diciendo: —¿Ha de consumir la espada para siempre? ¿No sabes tú que al final sólo habrá amargura? ¿Hasta cuándo esperas para decir al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos?

Joab respondió: —¡Vive Dios, que si tú no hubieras hablado, el pueblo habría dejado de perseguir a sus hermanos desde la mañana!

Entonces Joab tocó la corneta, y todo el pueblo se detuvo. Y no persiguieron más a Israel, ni continuaron luchando más.

Abner y sus hombres caminaron por el Arabá toda aquella noche, cruzaron el Jordán, y atravesando todo el Bitrón llegaron a Majanaim.

Joab también volvió de perseguir a Abner y reunió a toda la gente. Y faltaban de los servidores de David 19 hombres, además de Asael.

Pero los servidores de David hirieron a 360 de Benjamín, de los hombres de Abner, los cuales murieron.

Luego se llevaron a Asael y lo sepultaron en la tumba de su padre, que está en Belén. Joab y sus hombres caminaron toda aquella noche, y les amaneció en Hebrón.

Fue larga la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David. Pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando.




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Hijos de David nacidos en Hebrón

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > Hijos de David nacidos en Hebrón (10:3:2 - 10:3:5)

A David le nacieron hijos en Hebrón. Su primogénito fue Amnón, de Ajinoam, de Jezreel.

El segundo fue Quileab, de Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel. El tercero fue Absalón, hijo de Maaca hija de Talmai, rey de Gesur.

El cuarto fue Adonías, hijo de Haguit. El quinto fue Sefatías, hijo de Abital.

El sexto fue Itream, de Egla, mujer de David. Estos le nacieron a David en Hebrón.




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Abner pacta con David en Hebrón

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > Abner pacta con David en Hebrón (10:3:6 - 10:3:21)

Aconteció que mientras había guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, Abner se hacía más fuerte en la casa de Saúl.

Saúl había tenido una concubina que se llamaba Rizpa hija de Ayías. Entonces Isboset preguntó a Abner: —¿Por qué te has unido a la concubina de mi padre?

Abner se enfureció muchísimo por las palabras de Isboset y le dijo: —¿Acaso soy yo una cabeza de perro que pertenece a Judá? Hoy estoy mostrando lealtad a la casa de tu padre Saúl, a sus hermanos y a sus amigos, y no te he entregado en mano de David. ¿Y hoy me llamas a cuentas por una falta con esta mujer?

Así haga Dios a Abner y aun le añada, si yo no hago con David lo que Jehovah le ha jurado:

transferir el reino de la casa de Saúl y confirmar el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Beerseba.

Isboset no pudo responder palabra a Abner, porque le tenía miedo.

Entonces Abner envió mensajeros a David para decirle de parte suya: “¿De quién es la tierra? ¡Haz alianza conmigo, y he aquí que mi mano estará contigo para hacer volver a ti a todo Israel!”

David respondió: “Bien. Yo haré alianza contigo, pero te pido una cosa: No vengas a verme sin que primero me traigas a Mical hija de Saúl, cuando vengas a verme.

Entonces David envió mensajeros a Isboset hijo de Saúl, diciendo: “Restitúyeme a mi mujer Mical, a la cual yo desposé conmigo por cien prepucios de filisteos.”

Isboset envió a quitársela a su marido, Paltiel hijo de Lais.

Su marido fue con ella, siguiéndola y llorando tras ella, hasta Bajurim. Y Abner le dijo: —¡Anda, vuélvete! Entonces él se volvió.

Abner habló con los ancianos de Israel, diciendo: —Hace tiempo que procurabais que David fuese rey sobre vosotros.

Ahora pues, hacedlo, porque Jehovah ha hablado a David diciendo: “Por mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos y de mano de todos sus enemigos.”

Abner habló también a los de Benjamín, y Abner mismo fue a Hebrón para decir a David todo lo que parecía bien a los de Israel y a toda la casa de Benjamín.

Abner fue a David en Hebrón junto con veinte hombres, y David hizo banquete para él y para los hombres que habían venido con él.

Entonces Abner dijo a David: —Yo me levantaré e iré a reunir a todo Israel junto a mi señor el rey, para que hagan una alianza contigo, de modo que tú reines sobre todo lo que deseas. Luego David despidió a Abner, y él se fue en paz.




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Joab mata a Abner

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > Joab mata a Abner (10:3:22 - 10:3:39)

He aquí que los servidores de David llegaron con Joab de una incursión, trayendo consigo mucho botín. Pero Abner ya no estaba en Hebrón con David, pues éste le había despedido, y él se había ido en paz.

Cuando llegaron Joab y todo el ejército que estaba con él, le informaron a Joab diciendo: —Abner hijo de Ner vino al rey. El le ha dejado ir, y Abner se ha ido en paz.

Entonces Joab fue al rey y le dijo: —¿Qué has hecho? He aquí que Abner vino a ti; ¿por qué, pues, le dejaste ir? ¡Ahora se ha ido!

Tú conoces a Abner hijo de Ner, que vino para engañarte, para conocer tu entrada y tu salida, y para saber todo lo que haces.

Cuando Joab salió de la presencia de David, envió mensajeros tras Abner, los cuales le hicieron regresar desde el pozo de Sira, sin que David lo supiera.

Entonces Abner volvió a Hebrón, y Joab lo apartó a la entrada de la ciudad como para hablar en privado con él. Allí le hirió en el vientre, a causa de la sangre de Asael su hermano; y así murió.

Después de esto, David lo oyó y dijo: —¡Inocente soy yo, y también mi reino, ante Jehovah para siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner!

¡Que recaiga su sangre sobre la cabeza de Joab y sobre toda su casa paterna! ¡Nunca falte en la casa de Joab quien padezca flujo, o quien sea leproso, o quien ande con bastón, o quien muera a espada, o quien carezca de pan!

Joab y su hermano Abisai mataron a Abner, porque éste había dado muerte a Asael, hermano de ellos, en la batalla de Gabaón.

Entonces dijo David a Joab y a todo el pueblo que estaba con él: —¡Rasgad vuestra ropa! Ceñíos de cilicio y haced duelo delante de Abner. El rey David iba detrás del féretro,

y sepultaron a Abner en Hebrón. El rey alzó su voz y lloró junto al sepulcro de Abner, y también lloró todo el pueblo.

El rey entonó este lamento por Abner, diciendo: “¿Había de morir Abner como muere un insensato?

Tus manos no estaban atadas; tus pies no estaban sujetos con grillos. Caíste como los que caen ante los malvados.” Todo el pueblo volvió a llorar por él.

Entonces todo el pueblo fue para persuadir a David a que tomase alimento, mientras aún era de día. Pero David juró diciendo: —¡Así me haga Dios y aun me añada, si antes que se ponga el sol yo pruebo pan o cualquier cosa!

Todo el pueblo llegó a saber esto y le pareció bien, porque todo lo que el rey hacía parecía bien a todo el pueblo.

Aquel día, todo el pueblo y todo Israel entendieron que no había procedido del rey el asesinar a Abner hijo de Ner.

Entonces el rey dijo a sus servidores: —¿No sabéis que hoy ha caído en Israel un príncipe y un gran hombre?

Ahora yo soy débil, aunque soy un rey ungido; y estos hombres, los hijos de Sarvia, son más duros que yo. ¡Jehovah retribuya al que hace mal, conforme a su maldad!




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Is-boset es asesinado

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > Is-boset es asesinado (10:4:1 - 10:4:12)

Cuando Isboset hijo de Saúl oyó que Abner había muerto en Hebrón, sus manos se debilitaron; y todo Israel fue atemorizado.

El hijo de Saúl tenía dos hombres, los cuales eran jefes de tropa: El nombre de uno era Baaná, y el nombre del otro Recab. Eran hijos de Rimón, de Beerot, de los hijos de Benjamín. (Beerot era considerada como de Benjamín;

los berotitas huyeron a Gitaim, donde habitan como forasteros hasta el día de hoy.)

Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años cuando la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán llegó de Jezreel, y su nodriza lo tomó y huyó. Y sucedió que cuando huía apresuradamente, el niño se cayó y quedó cojo. El se llamaba Mefiboset.

Recab y Baaná, hijos de Rimón de Beerot, fueron y en pleno calor del día llegaron a la casa de Isboset, quien se hallaba durmiendo la siesta.

Y he aquí, entraron en el interior de la casa como para llevar trigo, y le hirieron en el vientre. Después Recab y su hermano Baaná se escaparon.

Así que entraron en la casa mientras él estaba acostado en su cama, en su dormitorio, y lo hirieron y mataron. Luego le cortaron la cabeza, la tomaron y anduvieron toda la noche por el camino del Arabá.

Llevaron la cabeza de Isboset a David, en Hebrón, y dijeron al rey: —¡He aquí la cabeza de Isboset hijo de Saúl, tu enemigo que atentó contra tu vida! Jehovah ha vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su descendencia.

Pero David respondió a Recab y a Baaná, su hermano, hijos de Rimón de Beerot, y les dijo: —¡Vive Jehovah, que ha rescatado mi vida de toda adversidad!

Si cuando uno, imaginándose que me traía buenas noticias, me informó diciendo: “Saúl ha muerto,” yo lo prendí y lo maté en Siclag, en pago de sus buenas noticias,

¡cuánto más a unos hombres malvados que mataron a un hombre justo en su casa y sobre su cama! Ahora pues, ¿no demandaré su sangre de vuestras manos, eliminándoos de la tierra?

Entonces David dio orden a los jóvenes, y ellos los mataron. Luego les cortaron las manos y los pies, y los colgaron junto al estanque de Hebrón. Pero tomaron la cabeza de Isboset y la enterraron en el sepulcro de Abner, en Hebrón.




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David es proclamado rey de Israel

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > David es proclamado rey de Israel (10:5:1 - 10:5:5)

Entonces vinieron todas las tribus de Israel a David, en Hebrón, y le hablaron diciendo: “He aquí nosotros somos hueso tuyo y carne tuya.

En tiempos pasados, cuando Saúl aún reinaba sobre nosotros, tú eras quien sacaba y hacía volver a Israel. Y Jehovah te dijo: Tú pastorearás a mi pueblo Israel, y tú serás el soberano de Israel.”

Fueron, pues, todos los ancianos de Israel al rey, en Hebrón. Y el rey David hizo un pacto con ellos en Hebrón, delante de Jehovah. Entonces ungieron a David como rey sobre Israel.

David tenía 30 años cuando comenzó a reinar, y reinó 40 años.

En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó 33 años sobre todo Israel y Judá.




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David toma la fortaleza de Sion

Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Samuel > David toma la fortaleza de Sion (10:5:6 - 10:5:10)

Entonces el rey, con sus hombres, fue a Jerusalén, contra los jebuseos que habitaban en aquella tierra. Y ellos hablaron a David diciendo: “Tú no entrarás acá; pues incluso los ciegos y los cojos te rechazarán, diciendo: David no podrá entrar acá.”

Sin embargo, David tomó la fortaleza de Sion, que es la Ciudad de David.

Aquel día dijo David: “Todo el que ataque a los jebuseos, use el conducto para alcanzar a los cojos y a los ciegos, a los cuales aborrece el alma de David.” Por eso se dice: “Ni el ciego ni el cojo entrará en la casa.”

David habitó en la fortaleza, y la llamó Ciudad de David. Luego David la edificó alrededor, desde Milo hacia adentro.

David iba engrandeciéndose más y más, y Jehovah Dios de los Ejércitos estaba con él.




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