Job

Zofar describe las calamidades de los malos

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Zofar describe las calamidades de los malos (18:20:1 - 18:20:29)

Entonces intervino Zofar el namatita y dijo:

—Es que mis inquietantes pensamientos me hacen responder, y a causa de ello estoy dolorido.

He oído una reprensión que me afrenta, y mi espíritu comprensivo me mueve a responder.

¿Acaso sabes esto, que desde la antigüedad, desde que fue puesto el hombre sobre la tierra,

el júbilo de los malvados es breve, y la alegría del impío dura sólo por un momento?

Aunque su altivez suba hasta el cielo, y su cabeza alcance a las nubes,

como su propio excremento, perecerá para siempre, y los que lo vean dirán: “¿Dónde está él?”

Como un sueño se esfumará y no será hallado; se disipará como una visión nocturna.

El ojo que lo veía no lo verá más, ni su lugar lo volverá a contemplar.

Sus hijos pedirán favores a los pobres, y sus manos devolverán su riqueza.

Sus huesos, aún llenos de vigor juvenil, yacerán con él en el polvo.

Aunque el mal sea dulce en su boca, y lo esconda debajo de su lengua,

aunque lo guarde y no lo deje ir, sino que lo retenga en su paladar,

con todo su comida se descompondrá en sus entrañas; veneno de áspides habrá dentro de él.

Devoró riquezas, pero las vomitará; Dios las sacará de su vientre.

Chupará veneno de áspides; lo matará la lengua de la víbora.

No verá los arroyos, los ríos fluyendo miel y leche.

Devolverá el fruto de su labor sin haberlo tragado; no gozará de la utilidad de sus negocios.

Porque oprimió y desamparó a los pobres, y despojó casas que no había edificado.

Porque no conoció sosiego en su interior, no se salvará ni con su más preciado tesoro.

Nada quedó que no comiese; por eso no durará su prosperidad.

En la plenitud de su opulencia tendrá estrechez; toda la fuerza de la miseria caerá sobre él.

Cuando se ponga a llenar su estómago, Dios enviará sobre él el ardor de su ira; hará llover sobre él el fuego de su furor.

Huirá de las armas de hierro, pero una flecha de bronce lo atravesará.

Saldrá una flecha por su espalda; y la punta resplandeciente, por su hiel. Los horrores vendrán sobre él.

Todas las tinieblas le están reservadas, como si fueran su tesoro. Un fuego no atizado lo devorará, y serán quebrantados los que hayan quedado en su morada.

Los cielos revelarán su iniquidad, y la tierra se levantará contra él.

El producto de su casa será llevado por los torrentes en el día de su furor.

Esta es la porción de parte de Dios para el hombre impío, la heredad que por su palabra le ha asignado Dios.




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Job afirma que los malos prosperan

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Job afirma que los malos prosperan (18:21:1 - 18:21:34)

Entonces respondió Job y dijo:

—Escuchad atentamente mis palabras; sea esto vuestra consolación.

Soportadme, y yo hablaré; y después que yo haya hablado, burlaos.

¿Acaso me quejo ante algún hombre? ¿Por qué no se ha de impacientar mi espíritu?

Volved la cara hacia mí y horrorizaos; poned la mano sobre la boca.

Aun cuando recuerdo, me espanto; y el estremecimiento se apodera de mi carne.

¿Por qué viven los impíos y se envejecen, y además crecen en riquezas?

Sus descendientes se establecen delante de ellos; sus vástagos permanecen ante sus ojos.

Sus casas están libres de temor, y sobre ellos no está el azote de Dios.

Su toro fecunda sin fallar; sus vacas paren y no pierden crías.

Sus pequeños salen como si fueran manada; sus niños van danzando.

Cantan al son del tamboril y del arpa; se regocijan al son de la flauta.

Pasan sus días en la prosperidad, y con tranquilidad descienden al Seol.

Luego dicen a Dios: “¡Apártate de nosotros! No queremos el conocimiento de tus caminos.

¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿De qué nos aprovechará que oremos ante él?”

He aquí que la prosperidad de ellos no está en sus propias manos. ¡Lejos esté de mí el consejo de los impíos!

¿Cuántas veces es apagada la lámpara de los impíos, o viene sobre ellos la calamidad, o Dios en su ira les reparte destrucción?

Son como la paja ante el viento, o como el tamo que arrebata el huracán.

¿Acumulará Dios castigo para sus hijos? ¡Séale dada a él retribución, para que aprenda!

¡Que sus propios ojos vean su ruina, y beba de la ira del Todopoderoso!

Porque, ¿qué deleite tendrá él en su familia, después de morir, cuando el número de sus meses ha llegado a su fin?

¿Acaso se le enseñará sabiduría a Dios, siendo que él es quien juzga aun a los que están en lo alto?

Uno muere en pleno vigor, estando del todo próspero y tranquilo,

con sus lomos llenos de gordura y sus huesos empapados de tuétano.

Y otro muere con el alma amargada, sin haber comido jamás con gusto.

Pero ambos yacen en el polvo, y los gusanos los cubren.

He aquí, yo conozco vuestros pensamientos y las intrigas que hacéis contra mí.

Porque decís: “¿Dónde está la casa del noble? ¿Dónde está la morada que cobijaba a los impíos?”

¿No habéis preguntado a los que pasan por el camino? ¿No habéis reconocido sus indicaciones

de que el malo es preservado en el día de la calamidad, y que serán conducidos en el día de la ira?

¿Quién le denuncia su camino ante su misma cara? ¿Quién le da su merecido por lo que ha hecho?

Pero él será conducido al sepulcro, y sobre su túmulo se hará vigilancia.

Los terrones del valle le serán dulces; detrás de él será arrastrado todo hombre, y delante de él los habrá innumerables.

¿Cómo, pues, me consoláis con palabras huecas? De vuestras respuestas sólo queda el engaño.




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Elifaz acusa a Job de gran maldad

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Elifaz acusa a Job de gran maldad (18:22:1 - 18:22:30)

Entonces intervino Elifaz el temanita y dijo:

—¿Puede el hombre fuerte traer provecho a Dios? ¿Puede el hombre inteligente serle de provecho?

¿Le deleita al Todopoderoso el que tú seas justo? ¿Gana algo con que tú hagas perfectos tus caminos?

¿Es por tu piedad que él te reprende o acude contigo a juicio?

¿Acaso no será grande tu maldad, y sin fin tus iniquidades?

Sin razón, tomabas prenda de tus hermanos, y despojabas de sus ropas a los desnudos.

No dabas de beber agua al cansado, y al hambriento le privabas de pan.

Como un hombre poderoso a quien le pertenece la tierra y un enaltecido que habita en ella,

despedías a las viudas con las manos vacías y quebrantabas los brazos de los huérfanos.

Por eso hay trampas alrededor de ti, y te turba el terror repentino,

o las tinieblas, de modo que no veas y te cubra la abundancia de aguas.

¿Acaso no está Dios en lo alto de los cielos? ¡Observa la totalidad de las estrellas! ¡Cuán altas están!

Sin embargo, tú dices: “¿Qué sabe Dios? ¿Podrá juzgar a través de la densa oscuridad?

Las nubes le son un velo, y no puede ver, mientras se pasea por la bóveda del cielo.”

¿Persistirás tú en el viejo camino que han transitado los hombres inicuos,

los cuales fueron arrebatados antes de tiempo, y cuyos fundamentos fueron arrasados por un río?

Ellos decían a Dios: “Apártate de nosotros.” Y: “¿Qué puede hacernos el Todopoderoso?

Aunque él haya llenado sus casas de bienes, ¡lejos esté de mí el consejo de los impíos!

Los justos lo verán y se gozarán; el inocente se burlará de ellos, diciendo:

“De veras han sido destruidos nuestros adversarios, y el fuego ha devorado lo que quedó de ellos.”

Trata, pues, de llevarte bien con Dios; reconcíliate, y por ello te vendrá prosperidad.

Toma, pues, de su boca la instrucción y pon sus dichos en tu corazón.

Si te vuelves al Todopoderoso, serás edificado. Si alejas de tu morada la maldad,

y pones sobre el polvo el oro, el oro de Ofir, como si fuera piedras del arroyo,

y si el Todopoderoso es tu oro y tu plata más escogida,

entonces te deleitarás en el Todopoderoso y podrás alzar tu cara hacia Dios.

Orarás a él, y él te escuchará; y podrás pagar tus votos.

Decidirás algo, y se te realizará; la luz resplandecerá sobre tus caminos.

Cuando sean abatidos, tú dirás: “Sean enaltecidos.” Y Dios salvará al humilde de ojos.

Librará al inocente; escapará por causa de la limpieza de tus manos.




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Job desea abogar su causa delante de Dios

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Job desea abogar su causa delante de Dios (18:23:1 - 18:23:17)

Entonces respondió Job y dijo:

—Hoy también es amarga mi queja; su mano se ha hecho pesada sobre mi gemido.

¡Oh, si yo pudiera saber dónde hallar a Dios! Entonces iría hasta su morada.

Expondría delante de él mi causa, y llenaría mi boca de argumentos.

Yo sabría las palabras que él me respondería; y entendería lo que él me dijera.

¿Contendería conmigo con la grandeza de su fuerza? No; más bien, él me prestaría atención.

Allí el justo podría argüir con él, y yo me libraría para siempre de mi Juez.

Si voy al oriente, él no está allí; y si voy al occidente, no lo percibo.

Cuando él actúa en el norte, no lo diviso; se vuelve al sur, pero no lo veo.

Sin embargo, él conoce el camino en que ando; cuando él me haya probado, saldré como oro.

Mis pies han seguido fielmente sus huellas; he guardado su camino y no me he apartado.

No me he apartado del mandamiento de sus labios; en mi seno he guardado los dichos de su boca.

Pero él es Unico; ¿quién le hará desistir? Lo que su alma desea, él lo hace.

Ciertamente él completará lo que ha determinado acerca de mí, y tiene en mente muchas cosas semejantes.

Por lo cual yo me turbo en su presencia; lo considero, y tengo miedo de él.

Pero Dios ha debilitado mi valor; el Todopoderoso me ha aterrado.

Sin embargo, no he sido silenciado por las tinieblas, ni porque me haya cubierto la oscuridad.




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Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad (18:24:1 - 18:30:31)

¿Por qué no han sido fijados los tiempos de parte del Todopoderoso? ¿Por qué los que le conocen no vislumbran sus días?

Hay quienes remueven los linderos, roban rebaños y los apacientan.

Se llevan el asno de los huérfanos y toman en prenda el buey de la viuda.

A los necesitados desvían del camino. A una se esconden todos los pobres de la tierra.

He aquí, como asnos monteses en el desierto, salen a su trabajo en busca de una presa; el Arabá les da el sustento para sus pequeños.

Siegan en el campo su forraje y rebuscan en la viña del impío.

Pasan la noche desnudos, sin ropa, y no tienen cubierta en el frío.

Se mojan con los aguaceros de los montes, y a falta de refugio se abrazan a las rocas.

Hay quienes arrancan del pecho a los huérfanos, y toman en prenda al bebé de los pobres.

De modo que andan desnudos, sin vestido; y hambrientos, recolectan gavillas.

Entre sus muros exprimen el aceite; pisan uvas en lagares, pero siguen sedientos.

Desde la ciudad gimen los moribundos, y clama el alma de los heridos de muerte. Pero Dios no atiende

Mi arpa ha llegado a ser para el duelo, y mi flauta para la voz de los que lloran.




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Job afirma su integridad

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Job afirma su integridad (18:31:1 - 18:31:40)

He hecho un pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, hubiera podido fijar la mirada en una virgen?

¿Cuál sería entonces la porción que Dios me daría desde arriba, la heredad que da el Todopoderoso desde lo alto?

¿Acaso no habrá desgracia para el maligno e infortunio para los que obran iniquidad?

¿Acaso no ve él mis caminos y cuenta todos mis pasos?

Si he andado con la vanidad y mi pie se ha apresurado al engaño,

entonces que Dios me pese en la balanza de justicia, y conozca así mi integridad.

Si mi paso se apartó del camino y mi corazón se fue en pos de mis ojos, o si alguna mancha se pegó a mis manos,

entonces que otro coma lo que yo siembre, y sea desarraigado lo que plante.

Si mi corazón ha sido seducido con respecto a una mujer, y si he acechado a la puerta de mi prójimo,

entonces que muela para otro mi mujer, y sean otros los que se inclinen sobre ella.

Porque aquello sería una infamia y un delito digno de castigo.

Sería un fuego que devorase hasta la completa destrucción, y desarraigaría toda mi producción.

Si he menospreciado el derecho de mi siervo o de mi sierva, cuando tuvieron litigio conmigo,

¿qué haré cuando Dios se levante? ¿Qué le responderé cuando me pida cuentas?

El que me hizo a mí en el vientre, ¿no lo hizo también a él? ¿No nos formó uno mismo en la matriz?

Si he estorbado los anhelos de los pobres y he hecho desfallecer los ojos de la viuda,

si he comido mi bocado yo solo y no ha comido de él también el huérfano

(aunque desde mi juventud yo lo crié como un padre y desde mi nacimiento la guié),

si he visto a alguien perecer por falta de vestido o que el necesitado carezca de abrigo,

si no me bendijeron sus lomos ni se abrigó con el vellón de mis ovejas,

si he alzado mi mano contra el huérfano cuando me vi apoyado en el tribunal,

entonces desgájese del hombro mi brazo, y sepárese mi brazo de mi antebrazo.

Porque he temido el castigo de Dios, contra cuya majestad yo no podría actuar.

Si puse al oro como objeto de mi confianza y al oro fino dije: “Tú eres mi seguridad,”

si me he alegrado porque era grande mi riqueza o porque mi mano haya logrado tanto,

si he mirado al sol cuando resplandece y a la luna desplazándose en su esplendor,

si en secreto fue seducido mi corazón y mi boca les envió un beso con la mano,

esto también habría sido un delito digno de castigo; porque habría negado al Dios de lo alto.

Si me he alegrado por el infortunio del que me aborrece, o me regocijé cuando le alcanzó el mal

(yo no he entregado mi boca al pecado pidiendo su vida con imprecación),

si los hombres de mi morada no decían: “¿Quién podrá hallar a alguien que no se haya saciado con su carne?”

(el forastero no pasaba la noche en la calle, pues yo abría mis puertas al caminante),

si cual Adán he encubierto mis transgresiones escondiendo en mi seno mi iniquidad

(pues estaba alarmado de la gran multitud y me atemorizaba el desprecio de las familias, de modo que callé y no salí a mi puerta)

¡Oh, si yo tuviera quién me oyese! He aquí mi firma. ¡Que el Todopoderoso me responda! ¡Que mi adversario escriba un acta contra mí!

Ciertamente yo la llevaría sobre el hombro, y me la ceñiría cual corona.

Yo le rendiría cuentas de todos mis pasos; como un príncipe me acercaría a él.

Si mi tierra clama contra mí y junto con ella lloran sus surcos,

si he comido de su fuerza sin pagarlo o he hecho expirar a sus dueños,

entonces que me broten cardos en lugar de trigo y cizaña en lugar de cebada. Terminaron las palabras de Job.




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Eliú justifica su derecho de contestar a Job

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Eliú justifica su derecho de contestar a Job (18:32:1 - 18:32:22)

Estos tres hombres cesaron de responder a Job, porque él era justo ante sus propios ojos.

Entonces se encendió contra Job la ira de Elihú hijo de Beraquel el buzita, de la familia de Ram. Se encendió su ira contra Job, por cuanto se justificaba más a sí mismo que a Dios.

Igualmente, se encendió su ira contra los tres amigos, porque no hallaban qué responder, aunque habían condenado a Job.

Elihú había esperado para hablar a Job, porque ellos eran mayores que él en edad.

Pero al ver Elihú que no había respuesta en la boca de aquellos tres hombres, se encendió en ira.

Entonces intervino Elihú hijo de Beraquel el buzita y dijo: —Yo soy menor en años, y vosotros sois ancianos; por eso tuve miedo y temí declararos mi opinión.

Pensé que hablarían los días, y los muchos años darían a conocer sabiduría.

No obstante, es el espíritu en el hombre, el soplo del Todopoderoso, que le hace entender.

No son los mayores los sabios, ni los viejos los que disciernen lo justo.

Por eso digo: Escuchadme, yo también expresaré mi parecer.

He aquí, he esperado vuestras palabras; he escuchado vuestras razones, mientras rebuscabais qué decir.

Yo os he prestado atención, pero he aquí que ninguno de vosotros ha logrado reprobar a Job o responder a sus dichos.

No sea que digáis: “Hemos hallado la sabiduría; Dios lo refutará, no el hombre.”

El no dirigió sus palabras a mí, ni yo le responderé con vuestros dichos.

Se desconcertaron; no volvieron a responder; se les fueron los razonamientos.

¿He de esperar porque ellos no hablan, porque pararon y no respondieron más?

Yo también responderé mi parte; yo también expresaré mi parecer.

Porque estoy lleno de palabras, y me impulsa mi espíritu dentro de mí.

He aquí que mi interior es como vino sin respiradero, y como odres nuevos va a reventar.

Hablaré, pues, y hallaré desahogo; abriré mis labios y responderé.

Yo no haré distinción de personas, a ningún hombre adularé.

Porque nunca he sabido adular; mi Hacedor me llevaría en breve.




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Eliú censura a Job

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Eliú censura a Job (18:33:1 - 18:33:33)

No obstante, oh Job, escucha, por favor, mis razones; atiende a todas mis palabras.

He aquí, yo abro mi boca; mi lengua habla en mi paladar.

Mis dichos declaran mi rectitud de corazón; lo que mis labios saben lo dicen con sinceridad.

El Espíritu de Dios me hizo; el aliento del Todopoderoso me da vida.

Si acaso puedes, respóndeme. Alístate y preséntate ante mí.

He aquí que yo estoy, como tú, ante Dios; yo también fui formado de barro.

He aquí, mi terror no te ha de espantar, ni mi mano pesará demasiado sobre ti.

En verdad, tú hablaste a oídos míos; yo oí el sonido de tus palabras:

“Yo soy limpio y sin transgresión; soy inocente, y no hay maldad en mí.

He aquí, Dios halla pretextos contra mí y me considera su enemigo.

Puso mis pies en el cepo y vigila todas mis sendas.”

He aquí yo te respondo que en esto no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre.

¿Por qué contiendes contra él, siendo que él no da cuenta de ninguna de sus palabras?

Porque Dios habla de una manera, y de otra, pero nadie lo nota.

Habla por sueños, en visión nocturna, cuando el sopor cae sobre los hombres, cuando uno se adormece sobre la cama.

Entonces abre el oído de los hombres y sella la instrucción para ellos,

para apartar al hombre de lo que hace, para destruir la arrogancia del varón,

para librar su alma de la fosa y su vida de ser traspasada por la lanza.

El es reprendido con dolor sobre su lecho, y con constante dolor en sus huesos.

Hacen que su vida aborrezca el alimento; y su alma, su comida favorita.

Su carne se consume hasta dejar de ser vista, y aparecen sus huesos que no se veían.

Su alma se acerca a la fosa, y su vida a los que causan la muerte.

Oh, si hubiese a su lado un ángel, un intercesor, uno entre mil, para declarar al hombre lo que le es recto,

y que al ser favorecido por la gracia, dijese: “Líbralo de descender a la fosa, pues le he hallado rescate.”

Entonces su carne volvería a ser más tierna que en su adolescencia, y volvería a los días de su juventud.

Oraría a Dios, y le sería favorable. Vería su rostro con gritos de júbilo, y Dios restituiría al hombre su justicia.

Cantaría entre los hombres diciendo: “Yo había pecado y pervertido lo recto, y no me fue retribuido.

El libró mi alma de pasar a la fosa, y mi vida verá la luz.”

He aquí, Dios hace todas estas cosas con el hombre, dos y tres veces,

para restaurar su alma de la fosa y para iluminarlo con la luz de la vida.

Atiende, oh Job; escúchame. Calla, y yo hablaré.

Si tienes palabras, respóndeme. Habla, porque yo quiero justificarte.

Y si no, escúchame. Calla, y yo te enseñaré sabiduría.




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Eliú justifica a Dios

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Eliú justifica a Dios (18:34:1 - 18:34:26)

Elihú continuó diciendo:

—Oíd, oh sabios, mis palabras; vosotros, los que sabéis, atendedme.

Porque el oído distingue las palabras, y el paladar prueba la comida.

Escojamos lo que es correcto; conozcamos entre nosotros lo bueno.

Pues Job ha dicho: “Yo soy justo, pero Dios me ha quitado mi derecho.

¿He de mentir respecto a mi derecho? Mi herida es incurable a pesar de que no hubo transgresión.”

¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua,

que va en compañía con los que obran iniquidad, y anda con los hombres impíos?

Pues ha dicho: “El hombre no sacará provecho de estar de acuerdo con Dios.”

Por tanto, oídme, hombres entendidos. ¡Lejos esté de Dios la impiedad, y del Todopoderoso la iniquidad!

Porque él retribuye al hombre de acuerdo con sus obras, y hace que cada uno halle lo que corresponde a sus caminos.

Realmente, Dios no hará injusticia; el Todopoderoso no pervertirá el derecho.

¿Quién le ha puesto a cargo de su tierra? ¿Quién le ha encomendado el mundo entero?

Si él se propusiera en su corazón y retirara su espíritu y su aliento,

toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo.

Si has entendido, oye esto; escucha la voz de mis palabras:

¿Acaso gobernará el que aborrece el derecho? ¿Condenarás al Justo y Poderoso?

El es el que dice al rey: “¡Perverso!” o a los nobles: “¡Impíos!”

El no hace distinción de los príncipes, ni favorece al rico ante el pobre, pues todos son obra de sus manos.

En un momento morirán, a medianoche. La gente será sacudida y pasará; los poderosos serán eliminados, y no por mano.

Porque los ojos de Dios están sobre los caminos del hombre; él puede ver todos sus pasos.

No hay tinieblas ni oscuridad para que allí se puedan esconder los que hacen iniquidad.

Pues Dios no impone plazo al hombre para que vaya a juicio ante él.

El quebranta a los fuertes sin consulta, y en lugar de ellos establece a otros.

Por cuanto conoce los hechos de ellos; en una noche los trastorna, y son aplastados.

Por sus maldades los castiga en un lugar donde lo vean.




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Las calamidades de Job

Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Las calamidades de Job (18:1:1 - 18:1:1)

Hubo un hombre en la tierra de Uz, que se llamaba Job. Aquel hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.




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