Libros Poéticos y Sapienciales

La primera prueba de Job

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > La primera prueba de Job (18:1:2 - 18:1:22)

Le nacieron siete hijos y tres hijas.

Poseía 7.000 ovejas, 3.000 camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 asnos y muchísimos siervos. Y aquel hombre era el más grande de todos los orientales.

Sus hijos iban y celebraban un banquete en la casa de cada uno, en su día, y mandaban a llamar a sus tres hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos.

Y cuando habían transcurrido los días de banquete, sucedía que Job mandaba a llamarlos y los purificaba. Levantándose muy de mañana, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Pues decía Job: “Quizás mis hijos habrán pecado y habrán maldecido a Dios en sus corazones.” De esta manera hacía continuamente.

Aconteció cierto día que vinieron los hijos de Dios para presentarse ante Jehovah, y entre ellos vino también Satanás.

Y Jehovah preguntó a Satanás: —¿De dónde vienes? Satanás respondió a Jehovah diciendo: —De recorrer la tierra y de andar por ella.

Y Jehovah preguntó a Satanás: —¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra: un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?

Y Satanás respondió a Jehovah diciendo: —¿Acaso teme Job a Dios de balde?

¿Acaso no le has protegido a él, a su familia y a todo lo que tiene? El trabajo de sus manos has bendecido, y sus posesiones se han aumentado en la tierra.

Pero extiende, por favor, tu mano y toca todo lo que tiene, ¡y verás si no te maldice en tu misma cara!

Y Jehovah respondió a Satanás: —He aquí, todo lo que él tiene está en tu poder. Solamente no extiendas tu mano contra él. Entonces Satanás salió de la presencia de Jehovah.

Aconteció cierto día, cuando sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa de su hermano, el primogénito,

que un mensajero llegó a Job y le dijo: —Estando los bueyes arando, y las asnas paciendo cerca de ellos,

cayeron de sorpresa los sabeos y se los llevaron. Y a los criados mataron a filo de espada. Sólo yo escapé para darte la noticia.

Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: —¡Fuego de Dios cayó del cielo, y quemó las ovejas y consumió a los criados! Sólo yo escapé para darte la noticia.

Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: —Los caldeos formaron tres escuadrones, arremetieron contra los camellos y se los llevaron. Y mataron a los criados a filo de espada. Sólo yo escapé para darte la noticia.

Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: —Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa de su hermano, el primogénito.

Y he aquí que un fuerte viento vino del otro lado del desierto y golpeó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron. Sólo yo escapé para darte la noticia.

Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rapó la cabeza; se postró a tierra y adoró.

Y dijo: —Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehovah dio, y Jehovah quitó. ¡Sea bendito el nombre de Jehovah!

En todo esto Job no pecó ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

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La segunda prueba de Job

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > La segunda prueba de Job (18:2:1 - 18:2:10)

Aconteció cierto día que vinieron los hijos de Dios para presentarse ante Jehovah, y entre ellos vino también Satanás, para presentarse ante Jehovah.

Jehovah preguntó a Satanás: —¿De dónde vienes? Y Satanás respondió a Jehovah: —De recorrer la tierra y de andar por ella.

Jehovah preguntó a Satanás: —¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra: un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal; y que todavía se aferra a su integridad a pesar de que tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin motivo?

Y Satanás respondió a Jehovah diciendo: —¡Piel por piel! Todo lo que el hombre tiene lo dará por su vida.

Pero extiende, pues, tu mano y toca sus huesos y su carne, y verás si no te maldice en tu misma cara.

Y Jehovah respondió a Satanás: —He aquí, él está en tu poder; pero respeta su vida.

Entonces Satanás salió de la presencia de Jehovah e hirió a Job con unas llagas malignas, desde la planta de sus pies hasta su coronilla.

Tomaba un pedazo de tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de las cenizas.

Entonces su mujer le dijo: —¿Todavía te aferras a tu integridad? ¡Maldice a Dios, y muérete!

Pero él le respondió: —¡Has hablado como hablaría cualquiera de las mujeres insensatas! Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal? En todo esto Job no pecó con sus labios.

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Los tres amigos de Job

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Los tres amigos de Job (18:2:11 - 18:2:13)

Entonces tres amigos de Job—Elifaz el temanita, Bildad el sujita y Zofar el namatita— se enteraron de todo el mal que le había sobrevenido y vinieron, cada uno de su lugar. Convinieron juntos en ir a él para expresarle su condolencia y para consolarle.

Y cuando alzaron los ojos desde lejos y no le pudieron reconocer, alzaron su voz y lloraron. Cada uno rasgó su manto, y esparcieron polvo hacia el cielo, sobre sus cabezas.

Luego se sentaron en tierra con él por siete días y siete noches. Y ninguno de ellos le decía una sola palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

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Job maldice el día en que nació

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Job maldice el día en que nació (18:3:1 - 18:3:26)

Después de esto Job abrió su boca y maldijo su día.

Tomó Job la palabra y dijo:

—Perezca el día en que nací, y la noche en que se dijo: “¡Un varón ha sido concebido!”

Sea aquel día tinieblas. Dios no pregunte por él desde arriba, ni resplandezca la claridad sobre él.

Reclámenlo para sí las tinieblas y la densa oscuridad; repose sobre él una nube, y cáusele terror el oscurecimiento del día.

Apodérese de aquella noche la oscuridad. No sea contada junto con los días del año ni aparezca en el cómputo de los meses.

¡He aquí, sea aquella noche estéril; no penetren en ella los gritos de júbilo!

Maldíganla los que maldicen el día, los que se aprestan a instigar al Leviatán.

Oscurézcanse sus estrellas matutinas. Espere la luz, pero no le llegue, ni vea los destellos de la aurora;

porque no cerró las puertas de la matriz, para esconder de mis ojos el sufrimiento.

¿Por qué no morí en las entrañas, o expiré al salir del vientre?

¿Por qué me recibieron las rodillas? ¿Para qué los pechos que mamé?

Pues ahora yacería y estaría en quietud. Dormiría y tendría reposo

junto con los reyes y los consejeros de la tierra, que reedificaron ruinas para sí;

o con los príncipes que poseían el oro y que llenaban de plata sus casas.

¡Oh! ¿Por qué no fui escondido como un abortivo, como las criaturas que nunca vieron la luz?

Allí los impíos dejan de perturbar; allí descansan los de agotadas fuerzas.

Los prisioneros están juntos en descanso y no escuchan la voz del capataz.

Tanto el pequeño como el grande están allí; y el esclavo, ya libre de su amo.

¿Para qué darle luz al que sufre, y vida a los de alma amargada;

a los que esperan la muerte, y no llega, aunque la busquen más que a tesoros enterrados;

a los que se alegran ante el gozo y se regocijan cuando hallan el sepulcro;

al hombre cuyo camino está escondido, y a quien Dios ha cercado?

Porque antes de mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como el agua.

El miedo que presentía me ha sobrevenido; lo que me daba terror me ha acontecido.

No tengo tranquilidad; no tengo quietud; no tengo sosiego; más bien, me viene la desesperación.

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Elifaz reprende a Job

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Poéticos y Sapienciales > Job > Elifaz reprende a Job (18:4:1 - 18:5:27)

Entonces intervino Elifaz el temanita y dijo:

—Si alguien intentara hablarte, ¿te impacientarías? Pero, ¿quién podrá reprimir las palabras?

He aquí, tú instruías a muchos y afirmabas las manos debilitadas.

Tus palabras levantaban al que tropezaba; y fortalecías las rodillas que se doblaban.

Pero ahora te sucede a ti y te impacientas; ha llegado a ti, y te turbas.

¿Acaso tu confianza no es tu devoción; y la integridad de tus caminos, tu esperanza?

Recuerda, por favor, ¿quién ha perecido por ser inocente? ¿Dónde han sido destruidos los rectos?

Como he visto, los que aran iniquidad y siembran sufrimiento cosechan lo mismo.

Perecen por el aliento de Dios, y por el soplo de su ira son consumidos.

El rugido del león, el gruñido del cachorro, y los dientes de los leoncillos son quebrantados.

El león perece por falta de presa, y los hijos de la leona se dispersan.

Un mensaje me ha sido traído en secreto, y mi oído ha percibido un susurro de ello:

En medio de los inquietantes pensamientos de las visiones nocturnas, cuando el sueño profundo cae sobre los hombres,

me sobrevinieron espanto y estremecimiento que aterraron todos mis huesos.

Entonces un fantasma pasó frente a mí, e hizo que se erizara el vello de mi cuerpo.

Se detuvo, pero yo no reconocí su semblante. Ante mis ojos había una imagen, y oí una voz apacible:

“¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más puro que su Hacedor?

Si Dios no se fía ni de sus siervos y aun en sus ángeles halla errores,

¡cuánto más los que habitan en casas de barro, cuyos fundamentos están en el polvo, serán aplastados más pronto que la polilla!

De la mañana a la tarde son triturados; sin que nadie los considere, se pierden para siempre.

¿Acaso no serán arrancadas las cuerdas de sus tiendas? En ellas mueren, pero sin sabiduría.”

¡Clama, pues! ¿Habrá quien te responda? ¿A cuál de los santos acudirás?

Porque la angustia mata al necio, y el apasionamiento hace morir al simple.

Yo he visto al necio que echaba raíces y al instante maldije su morada.

Sus hijos están lejos de toda salvación; en la puerta de la ciudad serán aplastados, y no habrá quien los libre.

Lo que ellos cosechen lo comerá el hambriento, y aun de las espinas lo tomará. Y los sedientos absorberán sus riquezas.

Ciertamente la aflicción no sale del polvo, ni el sufrimiento brota de la tierra.

Pero el hombre nace para el sufrimiento, así como las chispas vuelan hacia arriba.

Pero yo, en cambio, apelaría a Dios y a la Divinidad confiaría mi causa.

El hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas que no se pueden enumerar.

El da la lluvia sobre la faz de la tierra y envía las aguas sobre la faz de los campos.

El pone en alto a los humillados, y los enlutados logran gran liberación.

El frustra los planes de los astutos, para que sus manos no logren su propósito.

El atrapa a los sabios en sus argucias, y el designio de los sagaces es trastornado.

De día se encuentran con las tinieblas, y a mediodía andan a tientas como de noche.

El libra al desolado de la boca de ellos, y al pobre de la mano del fuerte.

Así habrá esperanza para el necesitado, y la perversidad cerrará su boca.

¡He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios disciplina! No menosprecies la corrección del Todopoderoso.

Porque él hace doler, pero también venda; él golpea, pero sus manos sanan.

En seis tribulaciones te librará; y en siete no te tocará el mal.

En el hambre te redimirá de la muerte; y en la guerra, del poder de la espada.

Serás escondido del azote de la lengua, y no temerás cuando venga la destrucción.

De la destrucción y del hambre te reirás, y no temerás las fieras de la tierra.

Pues aun con las piedras del campo tendrás alianza, y los animales del campo tendrán paz contigo.

Sabrás que tu tienda está en paz; revisarás tu morada, y nada echarás de menos.

Sabrás que tu descendencia es mucha, que tu prole es como la hierba de la tierra.

Irás a la tumba lleno de vigor, cual gavilla de trigo que se recoge a su tiempo.

Esto es lo que hemos investigado, y así es. Escúchalo tú y conócelo para tu bien.

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