Nuevo Testamento

Los dos deudores

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Mateo > Los dos deudores (40:18:23 - 40:18:35)

Por esto, el reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos.

Y cuando él comenzó a hacer cuentas, le fue traído uno que le debía diez mil talentos.

Puesto que él no podía pagar, su señor mandó venderlo a él, junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, y que se le pagara.

Entonces el siervo cayó y se postró delante de él diciendo: “Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.”

El señor de aquel siervo, movido a compasión, le soltó y le perdonó la deuda.

Pero al salir, aquel siervo halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios, y asiéndose de él, le ahogaba diciendo: “Paga lo que debes.”

Entonces su consiervo, cayendo, le rogaba diciendo: “¡Ten paciencia conmigo, y yo te pagaré.”

Pero él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que le pagara lo que le debía.

Así que, cuando sus consiervos vieron lo que había sucedido, se entristecieron mucho; y fueron y declararon a su señor todo lo que había sucedido.

Entonces su señor le llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.

¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, así como también yo tuve misericordia de ti?”

Y su señor, enojado, le entregó a los verdugos hasta que le pagara todo lo que le debía.

Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.

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Jesús enseña sobre el divorcio

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Mateo > Jesús enseña sobre el divorcio (40:19:1 - 40:19:12)

Aconteció que, cuando Jesús acabó estas palabras, partió de Galilea y fue a las fronteras de Judea, al otro lado del Jordán.

Grandes multitudes le siguieron, y los sanó allí.

Entonces los fariseos se acercaron a él para probarle, diciendo: —¿Le es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier razón?

El respondió y dijo: —¿No habéis leído que el que los creó en el principio, los hizo varón y mujer?

Y dijo: “Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer; y serán los dos una sola carne.”

Así que ya no son más dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.

Le dijeron: —¿Por qué, pues, mandó Moisés darle carta de divorcio y despedirla?

Les dijo: —Ante vuestra dureza de corazón, Moisés os permitió divorciaros de vuestras mujeres; pero desde el principio no fue así.

Y os digo que cualquiera que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de fornicación, y se casa con otra, comete adulterio.

Le dijeron sus discípulos: —Si así es el caso del hombre con su mujer, no conviene casarse.

Entonces él les dijo: —No todos son capaces de aceptar esta palabra, sino aquellos a quienes les está concedido.

Porque hay eunucos que nacieron así desde el vientre de la madre, hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que puede aceptar esto, que lo acepte.

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Jesús bendice a los niños

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Mateo > Jesús bendice a los niños (40:19:13 - 40:19:15)

Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos y orase. Pero los discípulos los reprendieron.

Entonces Jesús les dijo: —Dejad a los niños y no les impidáis venir a mí, porque de los tales es el reino de los cielos.

Y habiendo puesto las manos sobre ellos, partió de allí.

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El joven rico

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Mateo > El joven rico (40:19:16 - 40:19:30)

He aquí vino uno a él y le dijo: —Maestro, ¿qué cosa buena haré para tener la vida eterna?

El le dijo: —¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Hay uno solo que es bueno. Pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

Le dijo: —¿Cuáles? Jesús respondió: —No cometerás homicidio, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio,

honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El joven le dijo: —Todo esto he guardado. ¿Qué más me falta?

Le dijo Jesús: —Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Y ven; sígueme.

Pero cuando el joven oyó la palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: —De cierto os digo, que difícilmente entrará el rico en el reino de los cielos.

Otra vez os digo que le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.

Cuando los discípulos lo oyeron, se asombraron en gran manera diciendo: —Entonces, ¿quién podrá ser salvo?

Jesús los miró y les dijo: —Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.

Entonces respondió Pedro y le dijo: —He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué hay, pues, para nosotros?

Jesús les dijo: —De cierto os digo que en el tiempo de la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido os sentaréis también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y todo aquel que deja casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o campos por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.

Pero muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros.

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Los obreros de la viña

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Mateo > Los obreros de la viña (40:20:1 - 40:20:16)

Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, dueño de un campo, que salió al amanecer a contratar obreros para su viña.

Habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.

Salió también como a la tercera hora y vio que otros estaban en la plaza desocupados,

y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.” Y ellos fueron.

Salió otra vez como a la sexta hora y a la novena hora, e hizo lo mismo.

También alrededor de la undécima hora salió y halló que otros estaban allí, y les dijo: “¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?”

Le dijeron: “Porque nadie nos ha contratado.” Les dijo: “Id también vosotros a la viña.”

Al llegar la noche, dijo el señor de la viña a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales el jornal. Comienza desde los últimos hasta los primeros.”

Entonces vinieron los que habían ido cerca de la undécima hora y recibieron cada uno un denario.

Y cuando vinieron, los primeros pensaron que recibirían más; pero ellos también recibieron un denario cada uno.

Al recibirlo, murmuraban contra el dueño del campo,

diciendo: “Estos últimos trabajaron una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado el peso y el calor del día.”

Pero él respondió y dijo a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No conviniste conmigo en un denario?

Toma lo que es tuyo y vete. Pero quiero darle a este último como a ti.

¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes envidia porque soy bueno?”

Así, los últimos serán primeros, y los primeros últimos.

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