Evangelios

Judas ofrece entregar a Jesús

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Marcos > Judas ofrece entregar a Jesús (41:14:10 - 41:14:35)

Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo.

Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto y preparado. Preparad allí para nosotros.

El les dijo: —Es uno de los doce, el que moja el pan conmigo en el plato.

De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo en el reino de Dios.

Jesús le dijo: —De cierto te digo que hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, tú me negarás tres veces.

Pasando un poco adelante, se postraba en tierra y oraba que de ser posible, pasase de él aquella hora.

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Dedicatoria a Teófilo

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Lucas > Dedicatoria a Teófilo (42:1:1 - 42:1:4)

Puesto que muchos han intentado poner en orden un relato acerca de las cosas que han sido ciertísimas entre nosotros,

así como nos las transmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra,

me ha parecido bien también a mí, después de haberlo investigado todo con diligencia desde el comienzo, escribírtelas en orden, oh excelentísimo Teófilo,

para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.

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Anuncio del nacimiento de Juan

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Lucas > Anuncio del nacimiento de Juan (42:1:5 - 42:1:25)

En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías. Su esposa era de las hijas de Aarón y se llamaba Elisabet.

Ambos eran justos delante de Dios y vivían irreprensiblemente en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor.

No tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran de edad avanzada.

Aconteció que, cuando Zacarías ejercía el sacerdocio delante de Dios, en el turno de su clase,

conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó por sorteo entrar en el templo del Señor para quemar el incienso.

Toda la multitud del pueblo estaba fuera, orando a la hora del incienso.

Entonces el ángel del Señor se le apareció, puesto de pie a la derecha del altar del incienso.

Zacarías se turbó cuando le vio, y el temor se apoderó de él.

Pero el ángel le dijo: —¡No temas, Zacarías! Porque tu oración ha sido atendida. Tu esposa Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

Tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento,

porque él será grande delante del Señor. Nunca beberá vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre.

Y hará que muchos de los hijos de Israel vuelvan al Señor su Dios.

El mismo irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos y los desobedientes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo apercibido.

Y Zacarías dijo al ángel: —¿Cómo podré estar seguro de esto? Pues yo soy viejo, y mi esposa es de edad avanzada.

Respondió el ángel y le dijo: —Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas.

He aquí, quedarás mudo e incapaz de hablar hasta el día en que se realice esto, por cuanto no has creído a mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo.

El pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él pasara tanto tiempo en el templo.

Cuando salió, no les podía hablar; y se dieron cuenta de que había visto una visión en el templo. El se comunicaba con ellos por señas y quedaba mudo.

Sucedió que, cuando se cumplieron los días de este ministerio, él se fue a su casa.

Y después de aquellos días su mujer Elisabet concibió y se recluyó por cinco meses, diciendo:

—Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó mirarme para quitar mi afrenta entre los hombres.

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Anuncio del nacimiento de Jesús

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Lucas > Anuncio del nacimiento de Jesús (42:1:26 - 42:1:38)

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,

a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María.

Cuando entró a donde ella estaba, dijo: —¡Te saludo, muy favorecida! El Señor está contigo.

Pero ella se turbó por sus palabras y se preguntaba qué clase de salutación sería ésta.

Entonces el ángel le dijo: —¡No temas, María! Porque has hallado gracia ante Dios.

He aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David.

Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin.

Entonces María dijo al ángel: —¿Cómo será esto? Porque yo no conozco varón.

Respondió el ángel y le dijo: —El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual también el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.

He aquí, también tu parienta Elisabet ha concebido un hijo en su vejez. Este es el sexto mes para ella que era llamada estéril.

Porque ninguna cosa será imposible para Dios.

Entonces María dijo: —He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de ella.

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María visita a Elisabet

Biblia cristiana > Nuevo Testamento > Evangelios > San Lucas > María visita a Elisabet (42:1:39 - 42:1:56)

En esos días se levantó María y fue de prisa a una ciudad en la región montañosa de Judá.

Entró en casa de Zacarías y saludó a Elisabet.

Aconteció que, cuando Elisabet oyó la salutación de María, la criatura saltó en su vientre. Y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,

y exclamó a gran voz y dijo: —¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿De dónde se me concede esto, que la madre de mi Señor venga a mí?

Porque he aquí, cuando llegó a mis oídos la voz de tu salutación, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le ha sido dicho de parte del Señor.

Y María dijo: —Engrandece mi alma al Señor;

y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador,

porque ha mirado la bajeza de su sierva. He aquí, pues, desde ahora me tendrán por bienaventurada todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho grandes cosas conmigo. Su nombre es santo,

y su misericordia es de generación en generación, para con los que le temen.

Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.

Quitó a los poderosos de sus tronos y levantó a los humildes.

A los hambrientos sació de bienes y a los ricos los despidió vacíos.

Ayudó a Israel su siervo, para acordarse de la misericordia,

tal como habló a nuestros padres; a Abraham y a su descendencia para siempre.

Y María se quedó con ella como tres meses, y regresó a su casa.

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