Libros Históricos

Reinado de Amón

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > Reinado de Amón (12:21:19 - 12:21:26)

Amón tenía 22 años cuando comenzó a reinar, y reinó 2 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Mesulemet hija de Haruz, de Jotba.

El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, como había hecho su padre Manasés.

Anduvo en todo el camino en el que había andado su padre, rindió culto a los ídolos a los que su padre había rendido culto, y se postró ante ellos.

Abandonó a Jehovah, el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehovah.

Los servidores de Amón conspiraron contra él y mataron al rey en su casa.

Pero el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón. Luego, en su lugar, el pueblo de la tierra proclamó rey a su hijo Josías.

Los demás hechos de Amón, las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

Fue sepultado en su sepulcro, en el jardín de Uza. Y su hijo Josías reinó en su lugar.

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Reinado de Josías

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > Reinado de Josías (12:22:1 - 12:22:2)

Josías tenía 8 años cuando comenzó a reinar, y reinó 31 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Yedida hija de Adaías, de Boscat.

El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, y anduvo en todo el camino de su padre David, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda.

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Hallazgo del libro de la ley

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > Hallazgo del libro de la ley (12:22:3 - 12:23:3)

Sucedió que en el año 18 del rey Josías el rey envió a Safán hijo de Azalías, hijo del escriba Mesulam, a la casa de Jehovah, diciendo:

—Vé al sumo sacerdote Hilquías y dile que vacíe el dinero que ha sido traído a la casa de Jehovah y que los guardias de la puerta han recogido del pueblo.

Que lo entreguen en manos de los que hacen la obra, los que están encargados de la casa de Jehovah, para que lo entreguen a los que hacen la obra en la casa de Jehovah, con el propósito de reparar las grietas de la casa

(es decir, a los carpinteros, a los constructores y a los albañiles), a fin de comprar madera y piedra labrada para reparar la casa.

Pero que no se les pida cuenta del dinero cuyo manejo se les confía, porque ellos proceden con fidelidad.

Entonces el sumo sacerdote Hilquías dijo al escriba Safán: —He hallado el libro de la Ley en la casa de Jehovah. E Hilquías entregó el libro a Safán, y éste lo leyó.

Entonces el escriba Safán fue al rey y le dio informes diciendo: —Tus siervos han vaciado el dinero que se halló en el templo, y lo han entregado en manos de los que hacen la obra, los que están encargados de la casa de Jehovah.

—Asimismo, el escriba Safán declaró al rey diciendo—: El sacerdote Hilquías me ha dado un libro. Y Safán lo leyó en presencia del rey.

Y sucedió que cuando el rey escuchó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras.

Luego el rey mandó al sacerdote Hilquías, a Ajicam hijo de Safán, a Acbor hijo de Micaías, al escriba Safán y a Asaías, el siervo del rey, diciendo:

—Id y consultad a Jehovah por mí, por el pueblo y por todo Judá, respecto a las palabras del libro que ha sido hallado. Porque grande es la ira de Jehovah que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no han obedecido los mandamientos de este libro de hacer conforme a todo lo que ha sido escrito acerca de nosotros.

Entonces el sacerdote Hilquías, Ajicam, Acbor, Safán y Asaías fueron a la profetisa Hulda, esposa de Salum hijo de Ticva, hijo de Jarjas, guarda de las vestiduras, la cual vivía en el Segundo Barrio de Jerusalén; y hablaron con ella.

Y ella les dijo: —Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: “Decid al hombre que os ha enviado a mí,

que así ha dicho Jehovah: He aquí yo traeré el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, es decir, todas las palabras del libro que el rey de Judá ha leído.

Porque me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses, provocándome a ira con todas las obras de sus manos. Por eso se ha encendido mi ira contra este lugar, y no será apagada.”

Así diréis al rey de Judá que os ha enviado para consultar a Jehovah: “Así ha dicho Jehovah Dios de Israel con respecto a las palabras que has escuchado:

Por cuanto tu corazón se ha conmovido y te has humillado delante de Jehovah cuando escuchaste lo que he pronunciado contra este lugar y contra sus habitantes (que vendrían a ser objeto de horror y maldición), y por cuanto rasgaste tus vestiduras y lloraste en mi presencia, yo también te he escuchado, dice Jehovah.

Por tanto, he aquí que yo te reuniré con tus padres, y serás reunido en tu sepulcro en paz. Tus ojos no verán todo el mal que traeré sobre este lugar.” Y ellos dieron la respuesta al rey.

Entonces el rey mandó reunir con él a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén.

Luego el rey subió a la casa de Jehovah, y con él todos los hombres de Judá, todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor. Y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehovah.

El rey se puso de pie junto a la columna e hizo pacto delante de Jehovah, de andar en pos de Jehovah y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos con todo el corazón y con toda el alma, para cumplir las palabras de este pacto escritas en este libro. Entonces todo el pueblo se puso de pie a favor del pacto.

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Reformas de Josías

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > Reformas de Josías (12:23:4 - 12:23:20)

Entonces el rey mandó al sumo sacerdote Hilquías, a los sacerdotes de segundo orden y a los guardias de la puerta, que sacasen del santuario de Jehovah todos los objetos que habían sido hechos para Baal, para Asera y para todo el ejército de los cielos. Los quemó fuera de Jerusalén en los campos del Quedrón, e hizo llevar sus cenizas a Betel.

Quitó a los sacerdotes idólatras que los reyes de Judá habían puesto para que quemasen incienso en los lugares altos de las ciudades de Judá y en los alrededores de Jerusalén; también a los que quemaban incienso a Baal, al sol, a la luna, a los signos del zodíaco y a todo el ejército de los cielos.

También sacó de la casa de Jehovah el árbol ritual de Asera, fuera de Jerusalén, al arroyo de Quedrón; y lo quemó en el arroyo de Quedrón. Lo redujo a polvo y arrojó su polvo sobre el sepulcro de los hijos del pueblo.

Y destruyó las habitaciones de los varones consagrados a la prostitución ritual, las cuales estaban en la casa de Jehovah, donde las mujeres hacían tejidos para Asera.

Hizo venir a todos los sacerdotes de las ciudades de Judá y profanó los lugares altos donde los sacerdotes quemaban incienso, desde Geba hasta Beerseba. Destruyó los altares de las puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la ciudad, los cuales estaban a la izquierda, según uno entra por la puerta de la ciudad.

Sin embargo, los sacerdotes de los lugares altos no subían al altar de Jehovah en Jerusalén; sólo comían panes sin levadura entre sus hermanos.

También profanó el Tófet, que estaba en el valle del hijo de Hinom, para que ninguno pasase por fuego a su hijo o a su hija en honor a Moloc.

Y quitó de la entrada de la casa de Jehovah los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol. Estaban junto a la cámara del funcionario Natán-melec, que estaba en las dependencias. Y quemó en el fuego los carros del sol.

También demolió los altares que los reyes de Judá habían hecho, que estaban en la azotea de la Sala de Acaz, y los altares que Manasés había hecho en los dos atrios de la casa de Jehovah. Los destrozó allí y arrojó su polvo en el arroyo de Quedrón.

Profanó los lugares altos que estaban al este de Jerusalén, al sur del monte de la Destrucción, los cuales había edificado Salomón, rey de Israel, para Astarte, ídolo detestable de los sidonios; para Quemós, ídolo detestable de Moab; y para Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón.

Destrozó las piedras rituales, cortó los árboles rituales de Asera y llenó sus lugares con huesos humanos.

También destruyó el altar que había en Betel y el lugar alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel; destruyó ese altar y el lugar alto. Quemó el lugar alto y lo convirtió en polvo, y quemó el árbol ritual de Asera.

Y al volverse Josías, vio los sepulcros que estaban allí en el monte. Entonces mandó sacar los huesos de los sepulcros y los quemó sobre el altar para profanarlo, conforme a la palabra de Jehovah que había proclamado el hombre de Dios que había anunciado estas cosas.

Después preguntó: —¿Qué es aquel monumento que veo? Y los hombres de la ciudad le respondieron: —Es el sepulcro del hombre de Dios que vino de Judá y anunció estas cosas que tú has hecho contra el altar de Betel.

Entonces dijo: —Dejadlo. Nadie mueva sus restos. Así fueron preservados sus restos junto con los restos del profeta que vino de Samaria.

Josías también quitó todos los santuarios de los lugares altos que estaban en las ciudades de Samaria, que habían hecho los reyes de Israel, provocando a ira a Jehovah. Hizo con ellos conforme a todo lo que había hecho en Betel.

Además, mató sobre los altares a todos los sacerdotes de los lugares altos que estaban allí, y sobre ellos quemó huesos humanos. Después regresó a Jerusalén.

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Josías celebra la pascua

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > Josías celebra la pascua (12:23:21 - 12:23:23)

Entonces el rey mandó a todo el pueblo, diciendo: —Celebrad la Pascua a Jehovah vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en este libro del pacto.

En verdad, no había sido celebrada una Pascua como ésta desde el tiempo de los jueces que gobernaron a Israel, ni en todo el tiempo de los reyes de Israel y de los reyes de Judá.

Esta Pascua a Jehovah fue celebrada en Jerusalén en el año 18 del rey Josías.

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