Libros Históricos

Reinado de Sedequías

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > Reinado de Sedequías (12:24:18 - 12:24:20)

Sedequías tenía 21 años cuando comenzó a reinar, y reinó 11 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Hamutal hija de Jeremías, de Libna.

El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, conforme a todo lo que había hecho Joacim.

Ciertamente el furor de Jehovah estaba contra Jerusalén y Judá, hasta que los echó de su presencia. Entonces Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia.

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Caída de Jerusalén

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > Caída de Jerusalén (12:25:1 - 12:25:7)

Y aconteció el 10 del mes décimo del noveno año de su reinado que Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén. Luego acamparon contra ella y construyeron muros de asedio contra ella en derredor.

La ciudad estuvo sitiada hasta el año 11 del rey Sedequías.

En el noveno día del mes cuarto prevaleció el hambre en la ciudad, y no había alimentos para el pueblo de la tierra.

Entonces se abrió una brecha en la ciudad, y huyeron de noche el rey y todos los hombres de guerra por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto al jardín del rey, mientras los caldeos estaban junto y alrededor de la ciudad. Se dirigieron hacia el Arabá,

pero el ejército de los caldeos persiguió al rey y lo alcanzó en las llanuras de Jericó; y todo su ejército fue dispersado de su lado.

Entonces prendieron al rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, en Ribla, y éste pronunció sentencia contra aquél.

Degollaron a los hijos de Sedequías en su presencia. Y a Sedequías le sacó los ojos, le aprisionó con cadenas de bronce y lo hizo llevar a Babilonia.

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Cautividad de Judá

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > Cautividad de Judá (12:25:8 - 12:25:21)

El séptimo día del mes quinto del año 19 de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, servidor del rey de Babilonia.

Incendió la casa de Jehovah, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén; incendió todo edificio grande.

Todo el ejército de los caldeos que estaba con el capitán de la guardia demolió los muros alrededor de Jerusalén.

Nabuzaradán, capitán de la guardia, hizo llevar cautivo al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la gente.

Sin embargo, el capitán de la guardia hizo quedar una parte de la gente más pobre de la tierra, como viñadores y labradores.

Los caldeos destrozaron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehovah, así como las bases de las pilas móviles y la fuente de bronce que estaban en la casa de Jehovah; y se llevaron el bronce a Babilonia.

También se llevaron las ollas, las palas, las despabiladeras, los cucharones y todos los utensilios de bronce con que servían.

El capitán de la guardia se llevó también los incensarios y los tazones para la aspersión, tanto los de oro como los de plata.

En cuanto a las dos columnas, la fuente y las bases de las pilas móviles que Salomón había hecho para la casa de Jehovah, no hubo manera de pesar el bronce de todos estos objetos.

La altura de cada columna era de 18 codos. Encima tenían un capitel de bronce de 3 codos de alto y alrededor, sobre el capitel, había una red y granadas, todo de bronce. La segunda columna tenía una labor igual, con la red.

El capitán de la guardia tomó también a Seraías, el sacerdote principal; a Sofonías, el segundo sacerdote; y a tres guardias de la puerta.

Y de la ciudad tomó a un funcionario que estaba encargado de los hombres de guerra; a cinco hombres de los más íntimos del rey que se hallaban en la ciudad y al escriba principal de la milicia, quien reclutaba al pueblo de la tierra, y a sesenta hombres del pueblo de la tierra que se hallaban en la ciudad.

Nabuzaradán, capitán de la guardia, los tomó y los llevó ante el rey de Babilonia, en Ribla.

El rey de Babilonia los hirió y los mató en Ribla, en la tierra de Hamat. Así fue llevado cautivo Judá lejos de su tierra.

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El remanente huye a Egipto

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > El remanente huye a Egipto (12:25:22 - 12:25:26)

Sobre la gente que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dejado en la tierra de Judá, el rey puso a Gedalías hijo de Ajicam, hijo de Safán.

Todos los jefes de los soldados, ellos y sus hombres (Ismael hijo de Netanías, Johanán hijo de Carea, Seraías hijo de Tanjumet, de Netofa, y Jazanías hijo de cierto hombre de Maaca) se enteraron de que el rey de Babilonia había puesto por gobernador a Gedalías. Ellos y sus hombres fueron a él en Mizpa.

Entonces Gedalías les juró a ellos y a sus hombres, diciéndoles: “No tengáis temor a los servidores de los caldeos. Habitad en la tierra y servid al rey de Babilonia, y os irá bien.”

Pero aconteció en el mes séptimo que Ismael hijo de Netanías, hijo de Elisama, de la descendencia real, fue con diez hombres, e hirieron y dieron muerte a Gedalías y a los judíos y caldeos que estaban con él en Mizpa.

Entonces todo el pueblo se levantó, desde el menor hasta el mayor, con los jefes de los soldados, y se fueron a Egipto, porque tenían temor a los caldeos.

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Joaquín es libertado y recibe honores en Babilonia

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Históricos > Segundo Libro de Reyes > Joaquín es libertado y recibe honores en Babilonia (12:25:27 - 12:25:30)

Aconteció el 27 del mes duodécimo del año 37 de la cautividad de Joaquín, rey de Judá, que Evil-merodac, rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, indultó a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel.

Habló con Joaquín amigablemente y puso su sitial más alto que los sitiales de los reyes que estaban con él en Babilonia.

Cambió su ropa de prisión, y Joaquín comía en la presencia del rey siempre, todos los días de su vida.

En cuanto a su ración, le fue dada una ración continua de parte del rey, cada cosa en su día, todos los días de su vida.

¡Dad gracias a Jehovah! ¡Invocad su nombre! Dad a conocer entre los pueblos sus hazañas.

Cantadle, cantadle salmos; hablad de todas sus maravillas.

Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan a Jehovah.

Buscad a Jehovah y su poder; buscad continuamente su rostro.

Acordaos de las maravillas que ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca,

oh vosotros, descendientes de Israel, su siervo; hijos de Jacob, sus escogidos.

El es Jehovah, nuestro Dios; en toda la tierra están sus juicios.

Acordaos para siempre de su pacto—de la palabra que mandó para mil generaciones—,

el cual hizo con Abraham, y de su juramento a Isaac.

El lo confirmó a Jacob por estatuto, como pacto sempiterno a Israel,

diciendo: “A ti daré la tierra de Canaán, como la porción que poseeréis.”

Cuando eran pocos en número, muy pocos y forasteros en ella;

cuando andaban de nación en nación y de un reino a otro pueblo,

no permitió que nadie los oprimiese; más bien, por causa de ellos castigó a reyes.

Dijo: “¡No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas!”

¡Cantad a Jehovah, toda la tierra! Anunciad de día en día su salvación.

Contad entre las naciones su gloria, entre todos los pueblos sus maravillas;

porque grande es Jehovah, y digno de suprema alabanza. El es temible sobre todos los dioses;

porque todos los dioses de los pueblos son ídolos, pero Jehovah hizo los cielos.

Gloria y esplendor hay delante de él; poder y alegría hay en su morada.

Dad a Jehovah, oh familias de pueblos, dad a Jehovah la gloria y el poder.

Dad a Jehovah la gloria debida a su nombre; traed ofrendas y venid ante su presencia; adorad a Jehovah en la hermosura de la santidad;

tiemble ante su presencia toda la tierra. Ciertamente ha afirmado el mundo, y no será movido.

¡Alégrense los cielos, y gócese la tierra! Que digan entre las naciones: “¡Jehovah reina!”

¡Ruja el mar y su plenitud! ¡Regocíjese el campo, y todo lo que hay en él!

Entonces cantarán con júbilo los árboles del bosque delante de Jehovah, porque él viene para juzgar la tierra.

¡Alabad a Jehovah, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia!

Y decid: “¡Sálvanos, oh Dios de nuestra salvación! Reúnenos y líbranos de las naciones, para que confesemos tu santo nombre, para que nos gloriemos en tus alabanzas.”

¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, desde la eternidad hasta la eternidad! Y todo el pueblo dijo: “¡Amén!” Y alabó a Jehovah.

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